Monitor del Seguro

Balance de ‘El año de las rentas vi­ta­li­cias’ de Unespa

El número de asegurados desciende pese al empeño del sector

La lle­gada de la pri­mera hi­po­teca in­versa al mer­cado po­dría animar el ne­gocio

Pilar González de Frutos, Unespa.
Pilar González de Frutos, Unespa.

Acaba 2018, el año que el se­guro ha de­di­cado a fo­mentar las rentas vi­ta­li­cias como el mejor pro­ducto de ahorro fi­na­lista. Es, a juicio de las ase­gu­ra­do­ras, el ins­tru­mento ideal porque ofrece la pres­ta­ción más pa­re­cida a la pen­sión pú­bli­ca.­Toca hacer ba­lance, lo cual no es fá­cil. Hasta fi­nales de enero pró­ximo o prin­ci­pios de fe­brero no se co­no­cerán los datos del ramo de Vida, pero las ci­fras que se ofrecen tam­poco per­miten co­nocer exac­ta­mente el di­nero aho­rrado en estos ins­tru­men­tos.

Las rentas son un producto en el que se invierte un capital y el asegurado cobra una renta periódica, generalmente mensual. Pero ese pago puede ser temporal, se cobra durante unos años; o vitalicia, se cobra hasta el fallecimiento. Es esta última modalidad la que prefiere el sector asegurador como complemento a la jubilación.

Sin embargo, las cifras ofrecidas por Unespa no distinguen entre una modalidad y otra, y todo se engloba bajo el epígrafe ‘rentas vitalicias y temporales’. En cualquier caso, cogiendo la parte por el todo podemos hacernos una idea de cómo han evolucionado. Las rentas vitalicias y temporales son los seguros de Vida que más ahorro sistemático canalizan, con 88.172 millones de euros a septiembre. Ningún otro producto del ramo logra ni acercarse a ese volumen de provisiones técnicas. El segundo más nutrido serían los capitales diferidos, con 49.652 millones.

Si nos fijamos en el crecimiento, ha sido del 1,72% en los nueve primeros meses del ejercicio. No parece demasiado. El año pasado por estas fechas el avance era del 3,43%. Además, hay otro dato revelador: el número de asegurados ha descendido un 1,77% (similar porcentaje al del año anterior) hasta los 2.237.833. Por lo tanto, no parece que el resultado de la campaña de fomento de las rentas vitalicias haya sido demasiado espectacular.

Es de suponer que el sector no cejará en 2019 en su empeño de vender estas rentas. Y quizá tengan un apoyo inesperado para esta misión: la hipoteca inversa. A simple vista parece que no tiene relación, pero sí la hay. Estos productos habían prácticamente desaparecido del mercado español, pero acaban de volver de la mano de Óptima Mayores.

¿Qué ha pasado? Se dejaron de hacer hipotecas inversas básicamente porque ni bancos ni aseguradas quería venderlas. El problema de estos instrumentos eran precisamente las rentas vitalicias que se obligaban a contratar. La hipoteca inversa es un producto para mayores de 65 años que cuenta con determinadas ventajas fiscales y que consiste en la concesión de un préstamo con la garantía de la vivienda. En las hipotecas inversas tradicionales se obligaba normalmente al cliente a contratar una renta vitalicia, pero no una renta vitalicia cualquiera, sino una diferida, que se empezaba a cobrar cuando el cliente superaba la esperanza de vida y cuya prima suele ser muy elevada. Pero ¿y qué pasa si el asegurado fallece al poco tiempo de contratar la hipoteca inversa? Aquí surgen los problemas, las demandas, la mala prensa y la mala reputación de este producto.

Ahora Óptima Mayores vende una hipoteca inversa sin obligación de contratar una renta vitalicia. Pero cuidado. No obliga, pero si aconseja su compra. Ángel Cominges, consejero delegado de esta consultora actuarial y asesoría especializada en la conversión del patrimonio inmobiliario de jubilados y mayores de 65 años en rendimientos en forma de capital, explica que aconsejan a los clientes comprar una renta vitalicia con el dinero que consiguen con la hipoteca inversa, que de media es el 30% de la tasación del inmueble. Pero no cualquier renta vitalicia, sino una inmediata, que es la que se empieza a cobrar nada más contratar el producto, frente a la diferida, que es la que se empieza a cobrar al cabo de un tiempo, y la que ha generado los problemas anteriormente comentados. Cominges considera que esta renta vitalicia aporta seguridad.

Y aquí está el negocio para el sector asegurador, que si bien nunca ha sido muy proclive a participar en operaciones de hipoteca inversa, quizá ahora se muestre menos reacio. El consejero delegado de Óptima Mayores está convencido de que el producto va a funcionar: “La utilidad es grande y la necesidad alta”. Y ha anunciado que está manteniendo reuniones con el sector asegurador para explicar el producto. “Muchas de estas operaciones se van a convertir en seguros de rentas, un producto que defendemos”. De momento, con lo que sí ya cuentan es con el banco que va a realizar la hipoteca inversa, un portugués, BNI Europa, ya que ningún español ha mostrado su interés por entrar en este mercado.

A la espera de conocer los datos de contratación el próximo año, aquí va el punto de partida: en España se han hecho 31 operaciones de este tipo, el 0,0003% del mercado potencial. ¿Y cuál es ese mercado potencial? Los 7,67 millones mayores de 65 años que son propietarios de vivienda. Bueno, en realidad no todos ellos. A este nuevo, y por ahora único producto de hipoteca inversa que hay en el mercado, solo pueden acceder los que tengan una vivienda valorada a partir de 150.000 euros y que vivan en ciudades con más de 45.000 habitantes. Son condiciones del banco.

También es verdad que con una vivienda de 150.000 euros, el préstamo a conseguir sobre él sería de unos 45.000 euros. Y según el estudio ‘Soluciones para la jubilación: naturaleza, ventajas, defensa y fomento de las rentas vitalicias en España’, realizado por AFI para Unespa, una estimación actuarial del ahorro previsional necesario para que un jubilado de 67 años pueda compensar la merma en su pensión pública arroja un montante de unos 63.400 euros con los que se adquiriría una renta vitalicia mensual de unos 380 euros.

Es decir, se necesitan bastante más de 45.000 euros para lograr a través de este producto un complemento decente a la pensión de jubilación.

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