Durante sus dos dé­cadas como pre­si­dente ha con­tado con tres con­se­jeros de­le­gados

BBVA entona un agridulce 'gorigori' por un FG que deja más enemigos que amigos

Junto a su apuesta di­gital deja como he­rencia una errá­tica ex­pan­sión in­ter­na­cional

Carlos Torres
Carlos Torres. pte. in pectore de BBVA.

Francisco González (Chantada, Lugo, 1944), más co­no­cido como FG en el sector y como Paco por sus co­la­bo­ra­do­res, vive sus úl­timas horas en la pre­si­dencia del BBVA antes de dejar a su su­ce­sor, Carlos Torres Vila, un banco que en muy poco se pa­rece al que él asumió en so­li­tario en el año 2000. Bajo su man­dato ha pres­cin­dido de dos con­se­jeros de­le­ga­dos, José Ignacio Goirigolzarri y Ángel Cano, así como de una can­tera de altos di­rec­tivos pres­ti­gio­sos. Peleado hasta con su som­bra, se marcha del banco con más ene­mis­tades que ami­gos.

Cuenta atrás en la sede del BBVA para el último consejo de administración del año y el último bajo la presidencia de Francisco González (FG), después de que anunciara su retirada antes de lo previsto el pasado mes de septiembre y se confirmara a su tercer consejero delegado, Carlos Torres Vila, como sucesor de una herencia envenenada.

Antes de cumplir los 74 años de edad en octubre, y con la posibilidad de haber estado unos meses más al frente del grupo que ha presidido durante casi dos décadas, González pone punto y final a tantos años al frente del que en su momento era el primer banco español y ahora superado por sus más directos competidores.

Ya en el mes de febrero, durante la presentación de los resultados anuales, FG confirmaba su determinación de dejar la presidencia al llegar a los 75 años de edad, el límite fijado en la última remodelación de los estatutos del BBVA, aunque con el potencial agrado de que fuese nombrado presidente de honor.

Desde luego, esos honores no se los reconocerían buena parte de la plantilla actual, menos la que ha tenido que dejar el banco durante su mandato. Tampoco apoyarían ese reconocimiento miles de clientes y, mucho menos, los distintos directivos, consejeros y accionistas que han sufrido sus decisiones presidenciales.

FG llegaba en 1996 a la presidencia de Argentaria, el antiguo banco público, por la designación política del Gobierno de José María Aznar. La fusión del Santander de Emilio Botín con el BCH precipitó que el BBV uniera fuerzas con la integración de Argentaria. Pero Emilio Ybarra, presidente del banco de origen vasco, no imaginaba que el pez pequeño iba a comerse al más grande.

Casi en paralelo a la guerra interna en el BSCH con el triunfo de "los rojos" del Santander, el de Chantada ya maquinaba quedarse con la presidencia única del BBVA y para ello utilizó las polémicas cuentas en el paraíso de Jersey para acabar con cualquier atisbo de las tradicionales familias de Neguri.

La purga fue desde el consejo de administración hasta la alta dirección del banco en el año 2000, cuando asumió la presidencia única. La pérdida de capital humano fue innumerable, hasta acabar con el relevo de José Ignacio Goirigolzarri, ahora en la presidencia de Bankia, como consejero delegado por Ángel Cano. Incluso, prescindió de algunos directivos procedentes de su agencia de valores (denominada FG Valores y vendida bajo la sospecha de un enorme pelotazo financiero), como es el caso del actual consejero delegado de Bankia, José Sevilla.

Bandazos planetarios

Si por aquel entonces, Santander y BBVA eran dos grupos equiparables, con ventajas para uno u otro según lo que se midiera, Francisco González deja en herencia a Torres Vila un conglomerado financiero-digital a mucha distancia del primer grupo bancario del país que preside Ana Botín.

Por ejemplo, la diferencia por capitalización bursátil (con un valor del BBVA casi a la mitad que el Santander) se ha acentuado en los últimos años por una errática expansión internacional del grupo presidido por FG. Tras asumir a regañadientes la compra del mexicano Bancomer (que supone casi la mitad del beneficio del BBVA trimestre tras trimestre), González como Marco Polo puso rumbo a China y fracasó con la compleja alianza acordada con Citic.

Lejos de arrugarse, siguió con el punto de mira en países algo exóticos pero extremadamente complejos. La apuesta por Turquía y su participación mayoritaria en Garanti queda como una herencia muy pesada para el nuevo presidente del BBVA que, además, contará como consejero delegado con el turco Onur Genç a partir de enero.

Eso sí, Torres Vila, el heredero, estará más que satisfecho de llevar a cabo la revolución digital que tanto ha pregonado el hasta ahora presidente del BBVA. Esa transformación tecnológica se ha asumido por el conjunto del sector financiero, nacional e internacional, sin tantas alharacas ni disertaciones tan encendidas.

Pero FG también encara su retirada con un buen número de enemigos en otros sectores distintos al bancario. Si llegó a la presidencia de Argentaria por decisión política, ya tuvo que enfrentarse al asalto de Sacyr a su presidencia bajo el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Así lo reconoció en público en febrero.

Por su fuera poco, tampoco le quedan muchos amigos entre los miembros de los últimos Gobiernos del PP. Sobre todo, Luis de Guindos, ahora en la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE). Aunque integró Catalunya Banc y Unnim en el momento duro de la crisis, FG se negó a participar tanto en la salida Bolsa de Bankia o en la creación de la Sareb, el conocido como banco malo.

Eso sí, Francisco González ya se jactaba el pasado mes de febrero, durante la presentación de los resultados anuales, de no haberse doblegado a las presiones políticas de un signo o de otro. En cambio, algunos ven en su marcha precipitada una inclinación de la cerviz para que no prolongara su presidencia septuagenaria.

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