ANÁLISIS

Petróleo y carbón desbordan a los 'chalecos amarillos'

La OPEP desafía la po­lí­tica de Trump para man­tener la ren­ta­bi­lidad de Wall Street

Petroleo
Petroleo

La in­ten­ción de la OPEP de au­mentar los pre­cios de pe­tró­leo, a través de una re­duc­ción or­de­nada de la pro­duc­ción, es un reto a los ob­je­tivos del pre­si­dente Trump para que se man­tenga el valor de las ac­ciones y los tí­tulos de renta fi­ja...

Peligro de inflación y por tanto de que la Reserva Federal siga adelgazando su balance al ritmo de 50.000 millones de dólares cada mes. En el horizonte elecciones presidenciales con la incertidumbre de que la economía estadounidense mantenga o no su nivel de actividad en 2019.

En el día a día, el anuncio de General Motors de cerrar 7 plantas y despedir a un 15% de su plantilla americana ha provocado una airada reacción vía twitter del presidente: recordatorio de la ayuda recibida por el fabricante de coches hace 10 años con la amenaza de recortar “All GM subsidies”.

Las cotizaciones de las acciones bajaron al conocerse las amenazas del presidente para una vez explicados los motivos de General Motors recuperar los niveles, lo que vendría a demostrar que los efectos de los tweets de Trump sobre Wall Street son insignificantes. El mercado mira con más atención el futuro de una compañía que apuesta por un ajuste y el desarrollo de vehículos más ecológicos.

En la polémica ecológica han entrado incluso los bancos centrales. En 2015 el gobernador del Banco de Inglaterra, el canadiense Mark Carney, llamó la atención sobre esa “incógnita que aparece en el horizonte”, el cambio climático, con el argumento de que puede convertirse en un peligro real para la estabilidad financiera si llegamos demasiado tarde.

¿Cuál es la garantía de las edificaciones costeras de Inglaterra o Holanda ante una subida del nivel de las aguas?.

Los chalecos amarillos franceses y la conferencia de Katowice, Polonia, sobre el cambio climático y sobre el futuro del carbón, no dejan de estar relacionados. Los chalecos amarillos exigen una bajada de impuestos para los carburantes, un fardo muy pesado para quienes precisan desplazarse en zonas rurales y que carecen del transporte público de las ciudades más ricas y mejor conectadas.

Una exigencia lacerante en las zonas rurales mientras que en Polonia las exigencias tienen un matiz internacional. Los países pobres utilizan más carbón por unidad de valor añadido creado. Polonia es un paradigma: baja renta por habitante respecto a la media europea y una alta dependencia en su minería del carbón.

Curiosamente mientras los trabajadores desconfían de la transición energética las principales compañías inversoras a nivel mundial como BlackRock, Vanguard y AXA han aumentado su participación en las empresas de carbón térmico entre 2016 y 2018 y eso a pesar de que “in good conscience” no se pueda justificar como ha denunciado un profesor norteamericano.

Chalecos amarillos y el partido polaco de la Ley y la Justicia espoleando a sus mineros son, por otro lado, una reacción contra el orden liberal, la globalización y el medio ambiente. Un conflicto bien orquestado en el nuevo teatro europeo presidido por el populismo. Martin Sandbu en el Financial Times se remite a las propuestas del científico James Hansen sobre el cambio climático: “costes y dividendos” repartidos.

Las cargas impuestas a los combustibles fósiles redistribuidas en forma de dividendos a todos aquellos estratos de población que soporten un mayor sacrificio por el coste del cambio climático.

En los acuerdos de París de 2015 se reconoció al principio de que los países ricos se comprometían a ayudar a los más pobres. El compromiso está todavía por resolverse. Toca ahora compensar de un modo claro e inteligente a todos esos ciudadanos franceses y de cualquier otra latitud que soporten un mayor coste que los dividendos que reciban.

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