Sebastián Albella cumple dos años al frente de la ins­ti­tu­ción con más luces que som­bras

La CNMV tiene retos pendientes tanto del lado de los inversores como de los supervisados

Deberá afrontar la de­bi­lidad cre­ciente de las em­presas de ser­vi­cios de in­ver­sión

Sebastián Abellá, CNMV.
Sebastián Albella, pte. CNMV.

La de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) es una silla muy ca­liente, capaz de de­vorar en tiempo ré­cord a pre­si­dentes como Pilar Valiente o de sacar por la puerta falsa a más de uno. El ac­tual man­da­ta­rio, Sebastián Albella, acaba de cum­plir dos años en el cargo. Un pe­ríodo en el que han caído en sus manos pa­tatas tan ca­lientes como la crisis de Banco Popular o la san­ción al mi­nistro Josep Borrell. Pero el saldo de estos 24 meses tiene más luces que som­bras.

Trabajador incansable y dueño de unas profundas convicciones sobre el funcionamiento de los mercados financieros, que conocía al dedillo como artífice desde la barrera jurídica de muchas de las mayores operaciones ejecutadas en España en los últimos años, Albella ha dado ejemplo de coherencia. Y también de valor para enfrentarse a los poderes públicos, como demostró durante el desarrollo de la OPA de Abertis.

La CNMV, tantas veces acusada (y en muchas ocasiones con razón) de politización, se mantuvo muy firme frente a las presiones de los dos ministerios que instaban al organismo a la anulación o la revocación del acuerdo por el que Albella dio vía libre en 2017 a la OPA de la italiana Atlantia sobre Abertis. La operación siguió su curso y reforzó la imagen de independencia del presidente, que nadie se atreve a cuestionar y que ha sido su seña de identidad desde el primer momento.

Desde el punto de vista normativo, el trabajo ha sido ingente, ya que España ha debido adaptar una enorme cantidad de normativa europea. Una avalancha de disposiciones que en la práctica no ha hecho sino ampliar los poderes de la CNMV, que desde este punto de vista enfrenta varios retos. El primero será dar forma a su ofensiva para poner coto a la inseguridad que entre los pequeños inversores genera la venta de algunos productos de alto riesgo.

Se trata de los depósitos estructurados, los fondos cotizados o ETF, las opciones binarias o los contratos por diferencias sobre los que Albella ha puesto el foco. Podría restringir o incluso en algunos casos prohibir algunos de estos productos. Una estrategia que encaja en la obsesión de la CNMV por la transparencia en un mercado cada vez más complejo que atrae a un nuevo perfil, el de los ahorradores, que buscan en los mercados las rentabilidades que ya no encuentran en los productos tradicionales, como los depósitos o lo fondos de inversión de bajo riesgo.

Pero Albella también está obligado a mirar hacia dentro. La trasposición de la directiva Midif 2 ha colocado en una situación preocupante a las entidades supervisadas por la CNMV, las sociedades y agencias de valores, que están teniendo que adaptar sus esquemas con un coste económico elevado. Más de un tercio de las empresas de servicios de inversión estaban en pérdidas al cierre del primer semestre del año, hasta 34 firmas, muy por encima de las 20 en números rojos cuando acabó 2017.

La CNMV ya ha instado a sus supervisados a acometer cambios en sus modelos de negocio, pero hay un gran nubarrón en el horizonte, que no es otro que la Tasa Tobin que el Gobierno quiere sacar adelante para recaudar el 0,2% del importe de cada operación bursátil que se realice sobre empresas de más de 1.000 millones de euros de valor en Bolsa. Hay quien advierte que el impacto en términos de comisiones (ya de por sí en el chasis) puede acelerar un proceso de fusiones entre ‘brokers’.

La CNMV deberá estar muy vigilante al movimiento mientras atiende al resto de frentes abiertos. Por delante tiene, entre otras muchas cosas en un entorno regulatorio muy cambiante, el reto de la reforma de las comisiones de retribución y nombramientos de las empresas cotizadas.

Mientras, Albella trabaja a destajo, como demuestra que durante su mandato ya ha generado tres circulares y una guía técnica. Y ha tenido tiempo para dejarse ver por muchos foros, con una actividad pública muy superior a la de sus predecesores en el cargo. Albella, que ha reconocido sin ambages el fracaso de su ofensiva para atraer a Madrid a los exiliados del ‘Brexit’ (en absoluto achacable sólo a él en un ambiente político muy incierto) se ha ganado el respeto del mercado.

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