Paddy Cosgrave des­cartó las can­di­da­turas de Madrid, Valencia y Bilbao

Lisboa disputará a Barcelona el Mobile World Congress

El éxito de la cumbre tec­no­ló­gica mun­dial Web Summit re­vo­lu­ciona la ca­pital lusa

Mobile World Congress
Mobile World Congress

Fundada por el ir­landes Paddy Cosgrave, la Web Summit de Lisboa, inau­gu­rada este lunes con 70.000 par­ti­ci­pantes (frente a los 200 que tuvo la 1ª edi­cion rea­li­zada en 2009 en Dublín), es desde el 2016 la gran apuesta de la ca­pital lusa para con­ver­tirse en una re­fe­rencia mun­dial para la in­cu­ba­ción de "start-ups" tec­no­ló­gi­cas. Su éxito total ha sido pre­sen­tado en la ca­pital lusa como mo­delo para dispu­tar, con toda se­rie­dad, el Mobile World Congress a Barcelona, una ame­naza para la re­le­vancia ac­tual ca­ta­lana.

Y aunque carezca todavía del perfil tecnológico y igualmente de las infraestructuras de alto nivel que tienen capitales europeas como Londres, Paris, Berlín y Milán, cuyas candidaturas fueran desechadas por Cosgrave – lo mismo pasó a Madrid, Bilbao y Valencia - Lisboa tiene ya garantizado realizar el evento diez años más, o sea hasta el 2028.

Lisboa tuvo que seducir al fundador irlandés del evento, pero al margen del “buen rollo” y del encanto “sui generis” que ofrece la capital portuguesa, su éxito se ha sellado gracias al apoyo total de las instancias oficiales, desde la presidencia de la República, el gobierno y la alcaldía de la ciudad. Y contando con organismos públicos como Turismo de Portugal, Turismo de Lisboa y Aicep (agencia oficial para la inversión y el comercio externo), que directamente se hecho cargo del coste de la organización de la conferencia tecnológica anual.

Para seguir organizando la Web Summit hasta el 2028, Lisboa tuvo que comprometerse en duplicar la capacidad actual de las infraestructuras de la Feria Internacional de Lisboa (FIL), que solo dispone , de momento, de unos 45.000 m2, y además adjudicar 111 millones de euros – o sea, prácticamente diez veces la media anual de 1,3 millón de euros que se venía pagando a Paddy Cosgrave desde el 2016, para que nadie contemple seriamente la posibilidad de que el evento llegue también a multiplicar por diez su audiencia mundial.

Poco o nada se dijo sobre cuál será el destino final de los 111 millones, que hasta podrían quedar en los bolsillos del fundador de la Web Summit. Además, antes de desechar las otras ofertas que venía estudiando (una decena al total, incluyendo las tres españolas), lo que hizo Paddy Cosgrave fue atar las manos de las autoridades lusas, imponiéndoles una cláusula de rescisión de 340 millones por cada año de incumplimiento del contrato.

Según la versión oficial, la Web Summit reúne no obstante todas las garantías para seguir siendo, no solo el mayor evento mundial del sector, con una participación cada vez mas multitudinaria (70.000 participantes anunciados, frente a los 50.000 registrados en la última edición) y sobretodo muy “influyente” (unas 2.000 personalidades mundiales, dirigentes de multinacionales, inversores, “startups”…), sino que tendrá también gran impacto económico.

Efecto colateral

En la hostelería, por ejemplo, todo son sonrisas: la tasa de ocupación roza el 100%, mientras que sin la Web Summit, por estas fechas el sector estaría funcionando a medio gas. Lo mismo pasa en la restauración, los transportes, etc. Así, aunque lo más importante del evento, de cara al futuro, consiste en hacer de Lisboa una “capital tecnológica de referencia mundial” (los participantes vienen de 170 países), está también la repercusión económica: unos 500 millones de euro/año inyectados en la economía y 30 millones de ingresos fiscales.

Competencia a Barcelona

Lo cierto es que el hecho de tener la organización de la Web Summit garantizada para la próxima década, hace creer a las autoridades lusas que una Lisboa convertida en capital mundial de la tecnología estaría en una situación ideal para dar otro salto del mismo tipo, y de mayor calado: el hacerse igualmente con la organización de la Mobile World Congress (MWC), que Barcelona solo tiene garantizada actualmente por 5 años más, hasta el 2023.

Oficialmente nadie acepta hablar del tema, y mucho menos aun admitir que ya se está negociando la cuestión, pero medios de referencia como el “Expresso” dan por sentado que después de la Web Summit, Lisboa quiere organizar igualmente el mayor evento mundial de las comunicaciones móviles. Sin citar fuentes, la revista lusa avanzaba hace dos semanas que representantes del gobierno de Antonio Costa y de la Alcaldía de Lisboa ya están hablando con John Hoffman, que dirige la organización mundial del sector GSMA, y al frente del MWC.

La tesis que se baraja en Lisboa, es que la organización mundial de la industria móvil y de las operadoras del sector, estudia todos los escenarios posibles ante una eventual escalada del independentismo catalán. Eso es también lo que estaría impulsando las autoridades lusas a posicionarse a favor de la organización del MWC a partir de 2023. Para entonces, Lisboa prevé tener afianzado so perfil de capital de las “startups” tecnológicas, con las nuevas y amplias infraestructuras, de hasta 100.000 m2 - la misma área que ocupa el MWC en Barcelona.

Mientras tanto, prácticamente toda la actualidad portuguesa está enfocada en la Web Summit - cuatro días de intervenciones estrellares (las máximas autoridades lusas, el secretario geral de la ONU Antonio Guterres, el inventor de Internet Tim Berners-Lee, el fundador de Blogger y Twitter Evan Williams, la Comisaria Europea de la Competencia Nargrethe Vestager, el máximo responsable de la estrategia de Samsung Young Sonh, etc. ), y anuncios como la creación de un nuevo “visa oro”… para traer y facilitar la instalación en Portugal de expertos tecnológicos.

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