ANÁLISIS

Xi Jinping engloba su visita a Madrid en el gran conflicto comercial con Trump

China trata de evitar la guerra de ta­rifas con que EEUU la ame­naza

Estados Unidos y China
Estados Unidos y China

La vi­sita del pre­si­dente de China, Xi Jinping, a Madrid hay que verla como parte de una mi­sión di­plo­má­tica que atem­pere las peores con­se­cuen­cias de la ‘guerra’ co­mer­cial que la República Popular man­tiene con los Estados Unidos y otras po­ten­cias oc­ci­den­ta­les, en mo­mentos en que la Casa Blanca pre­para una ba­tería de me­didas res­tric­tivas contra el co­mercio ex­te­rior de aquel país.

Estas medidas fueron anunciadas por el presidente Trump el pasado día 22, e incluyen un aumento del 25% en derechos aduaneros para un conjunto de 1.300 productos de sectores estratégicos, como tecnologías de la información, industrias del ferrocarril y navegación, medicina avanzada, vehículos, etc. Los Estados Unidos mantienen un déficit comercial con China, de $396.000 millones.

También está la cuestión de qué aspectos de la seguridad nacional de varios países occidentales se hallan comprometidos vía el intercambio comercial de productos de alta tecnología con China. Un programa chino de 2015, titulado ‘Made in China 2025’, identificaba las tecnologías que el gobierno consideraba esenciales para su economía y la seguridad del régimen. En relación con ese designio se han producido numerosos casos de espionaje industrial chino, tanto en los Estados Unidos como en Europa, que van desde la producción de motores de avión hasta la venta de microchips manipulados por los chinos, según denuncias de Washington.

La siguiente escaramuza de esta guerra ocurrirá el próximo 1 de diciembre cuando Xi y el presidente Trump se encuentren en Buenos Aires. Trump ya ha dispuesto numerosos aumentos de aranceles contra China, pero aún quedan $267.000 millones que, sujetos a tarifas ventajosas, pueden verse gravados más pesadamente si la guerra comercial se acelera. Trump ya ha anunciado que tiene en el punto de mira productos chinos por un valor de $60.000 millones. Con todo, hay que ver esta cifra en contraste con el monto global de la economía exportadora china que alcanza los $ dos billones.

Trump también ha anunciado que denunciará a China ante la Organización Internacional del Comercio. Pekín ha prometido responder con tarifas más elevadas para un total de $130.000 millones de productos ‘made in USA’. Otro motivo de queja de los Estados Unidos es el apoyo que, con créditos baratos, la industria china recibe de la banca oficial, dispuesta a servir los intereses estratégicos de un gobierno resuelto a conquistar posiciones dominantes en sectores claves de la producción y el comercio internacional.

China, en última instancia, se encuentra con que dos de sus imperativos estratégicos (mantener una alta tasa de exportaciones y modernizar su maquinaria productiva) están entrando en conflicto. Cebar las exportaciones y engrosar la balanza comercial lleva a concentrar el trabajo y la inversión en productos comunes, que cualquier otra economía acabará por producir, mientras que necesita un acceso, lo más fluido y legal posible, a las tecnologías extranjeras más avanzadas, de las que su espionaje industrial no es capaz de apropiarse.

China se halla bajo sospecha por la frecuencia de los casos de espionaje industrial de que se le acusa. La oficina neozelandesa de Seguridad de las Comunicaciones ha prohibido a la principal compañía de telecomunicaciones del país, Spark, usar productos suministrados por la china Huawei en su red 5G, informó el pasado miércoles The Straits Times. Esta medida sigue a otras tomadas contra Huawei por Australia y los Estados Unidos. Alemania está estudiando seguir el ejemplo

El departamento de Justicia de los Estados Unidos ha revelado que un agente de la seguridad nacional china realizó intentos de reclutar espías en centros tecnológicos del país. A otros diez agentes chinos, el departamento de justicia de los Estados Unidos les abrió proceso por “hackear” la informática de compañías aerospaciales.

La visita de Xi a Madrid debe verse también como un episodio de la guerra comercial. La liberalización para la importación de productos agrícolas y agropecuarios españoles (jamón, uvas, etc.) no tiene gran significado económico, pero indica que China se dispone a liberalizar en alguna medida su mercado agrícola. Esta es una reclamación constante de los agricultores norteamericanos, cuya satisfacción ayudaría a calmar la impaciencia de Trump.

El viaje de Xi a Argentina, para la reunión del G-20, tiene también otro significado: el deseo de ampliar sus mercados e influencia en Latinoamérica. Especial atención merece el esfuerzo por entenderse con los dirigentes de Brasil, el mayor mercado de ese continente. El partido comunista de la República Popular acaba de extender una invitación oficial para que una delegación del partido Social Liberal, el del recién electo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, visite China.

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