Monitor del Seguro

El sector ase­gu­rador nunca ha te­nido in­terés en vender estos pro­ductos

La hipoteca triunfa, pero a la ‘inversa’ muy poco

Prefiere las rentas vi­ta­li­cias por con­llevar menor riesgo de ‘misseling’

Pilar González de Frutos
Pilar González de Frutos

Los es­pañoles sí aho­rran. Pero no lo hacen en pro­ductos fi­nan­cie­ros. El 46% de la ri­queza de las fa­mi­lias está in­ver­tida en la vi­vienda prin­ci­pal, y otro 25,2% en pro­pie­dades in­mo­bi­lia­rias. Estos datos con­trastan con lo de­di­cado, por ejem­plo, a planes de pen­siones y se­gu­ros, apenas un 3%. Lo decía la pre­si­denta de Unespa, Pilar González de Frutos: “Los es­pañoles aho­rran, y aho­rran mu­cho. Lo que pasa es que, en la ru­leta del aho­rro, se lo han ju­gado todo a un nú­mero, que es el la­dri­llo. Más de un 80% de todo lo que posee el es­pañol medio son bienes in­mo­bi­lia­rios”.

Esta concentración del ahorro en bienes inmuebles es uno de los principales motivos que explican la baja demanda que existe en España respecto a otros países de nuestro entorno de los productos de ahorro y previsión social que ofrecen las aseguradoras. Y ya que esto es así, ¿por qué no aprovecharlo? ¿por qué no fomentar la movilización de esos activos a favor del ahorro?

Eso es lo que se ha pretendido con la regulación en 2015 de la transformación del patrimonio en rentas vitalicias, regulación que ha venido acompañada de beneficios fiscales (límite máximo de reinversión hasta 240.000 euros) a los que se puede acoger la ganancia obtenida no solo por la venta de patrimonio inmobiliario, sino también mobiliario. Según los últimos datos, a cierre del pasado septiembre 23.845 personas mayores de 65 años habían transformado el dinero logrado con la venta de algún elemento patrimonial (por ejemplo, una segunda vivienda, fondos de inversión, acciones, etc.) en una fuente garantizada de ingresos de por vida, un 70,5% más que el año anterior. Estas rentas vitalicias acumulan un volumen de ahorro bajo gestión de 2.127 millones, lo que supone un incremento interanual del 64,5%.

Parece que este tipo de operaciones se abre camino sin problemas. Pero mucho antes de ver la luz esta regulación, en concreto en diciembre de 2007, nació un producto que ya entonces permitía a los hipotecados mayores de 60 años convertir los inmuebles de su propiedad en una renta. Ese producto es la hipoteca inversa; pero jamás ha triunfado (de hecho no hay ni datos de su evolución). Y no lo ha hecho pese a que también gozan de beneficios fiscales para favorecer su desarrollo, como la exención del Impuesto sobre Transmisiones y Actos Jurídicos Documentados (hoy tan de moda) o la reducción de los honorarios notariales y registrales. Según algunos cálculos, el 83% de las personas mayores desconocen o conocen incorrectamente este producto.

También es cierto que el sector ha hecho poco por darlos a conocer porque en ningún momento han tenido interés en venderlos. Estas hipotecas inversas las pueden conceder tanto los bancos como las aseguradoras, pero a día de hoy, 11 años después, no hay constancia de ninguna operación de hipoteca inversa realizada por una entidad aseguradora. ¿Por qué? Expertos del sector apuntan varios motivos en un documento elaborado por la Fundación de Estudios Financieros (FEF) a propósito del impacto de las tendencias macroeconómicas y demográficas en el sector asegurador, y uno de esos motivos está relacionado con “las posibles reclamaciones y riesgos que dañan la imagen y la reputación de las entidades, así como los balances”.

La prudencia está justificada, como demuestra lo que ha ocurrido después a raíz del estallido de los muchos escándalos derivados de la imposición de los bancos a sus clientes de cláusulas abusivas en las hipotecas. Comenzaron las denuncias por las cláusulas suelo, y a ellas les siguieron muchas otras, como las de vencimiento anticipado, intereses moratorios, gastos de formalización de hipotecas, las hipotecas multidivisa referenciadas a moneda extranjera, y el ‘acoso y derribo’ también llegó a las hipotecas inversas.

Un ejemplo. Un juzgado de Madrid declaró nulo un producto de este tipo contratado en 2013 por un hombre de 85 años al que se le había diagnosticado unos meses antes un cáncer de pulmón. La hipoteca le cubría una renta hasta 2021 de 4.647 euros al mes, y sobre ella se impuso la contratación de un seguro de rentas diferidas para que pasados esos ocho años el titular siguiera cobrando una renta mensual de por vida. El coste de ese seguro, que no fue pequeño, se pagó por anticipado al contratar la hipoteca inversa. ¿Qué paso? Nueve meses después de contratar el producto el hombre falleció. La entidad demandada, que recurrió la sentencia, fue condenada a abonar al heredero 664.526 euros más intereses y costas.

Por casos como este el sector asegurador no se anima a comercializar la hipoteca inversa y considera que las nuevas rentas vitalicias constituidas a partir de la venta de patrimonio es una opción mucho mejor. Creen que los riesgos de ‘misseling’, es decir, de que se ejerzan prácticas de comercialización abusivas, son “sensiblemente menores”.

Pero hay más motivos que explican esta preferencia. Uno de ellos es que se evita incurrir en riesgos que las aseguradoras no gestionan habitualmente, como es el de la concesión de préstamos a particulares con la garantía de un inmueble. Además, las rentas vitalicias permiten a las aseguradoras gestionar este negocio a largo plazo sin estar sometidas a excesivas volatilidades en el balance mediante la utilización de técnicas de gestión activo-pasivo, como el ajuste por casamiento (matching adjustment) en Solvencia II.

Y por último, y ya pensando en el asegurado. Desde el sector se considera que la transformación del patrimonio en rentas vitalicias es mejor instrumento para la licuación del patrimonio que la hipoteca inversa porque “la prestación se cobra en forma de renta vitalicia hasta el fallecimiento del asegurado, a diferencia de la hipoteca inversa donde si el contratante vive más allá de su esperanza de vida puede encontrarse con que ya no recibe ninguna cuantía en el momento que más lo necesita”.

Misterio resuelto. Todos estos motivos explican que las aseguradoras no hayan querido comercializar la hipoteca inversa y sí las rentas vitalicias y, por tanto, explican el fracaso de las primeras y el éxito de las segundas.

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