POLÍTICA EUROPEA

La si­tua­ción se tras­la­dará a la deuda pú­blica, que le cuesta al Estado 33.000 mi­llones al año

El BCE no podrá meter la directa en la venta de deuda sin compradores

La caída en la de­manda de bonos di­fi­culta a la Fed la re­ti­rada de la li­quidez que ha pres­tado

Banco Central Europeo
Banco Central Europeo

La Reserva Federal, el banco cen­tral es­ta­dou­ni­dense, y el Banco Central Europeo (BCE) han unido su des­tino a sangre y bo­nos. La de­ci­sión de inundar de li­quidez a la banca es­ta­dou­ni­dense y eu­ropea me­diante la compra de deuda para sacar a ambas zonas de una si­tua­ción de es­tan­ca­miento eco­nó­mico en­contró su fi­nal. El si­guiente mo­vi­miento es el “anti quan­ti­ta­tive ea­sing”, con­traer la li­quidez en ambos sis­temas me­diante la suelta de lastre de bo­nos.

Pero la Fed puede encontrarse con un problema inesperado: la fuerte caída en la demanda de bonos por parte de los inversores institucionales. Una situación que tendrá que afrontar el BCE a comienzos del año próximo.

Cuando hace un año, la Fed decidió invertir el proceso, bancos de inversión como JP Morgan ya alertaron de que el desprendimiento de bonos podría provocar movimientos en la demanda de títulos del Tesoro Estadounidense. Un año después, la situación se ha confirmado. El tipo de interés de la deuda americana a diez años ha subido casi un punto, hasta el 3,24%. Y lo que es peor, el clima enrarecido que viven los mercados de deuda al otro lado del Atlántico ha provocado un fuerte retroceso en la demanda de bonos por parte de los inversores institucionales, los fondos de inversión, los de pensiones, las compañías de seguros…

El Banco Central Europeo se ha visto obligado a adquirir deuda por importe de 2,4 billones de euros. El mismo dinero con que ha engordado la masa monetaria, el dinero en circulación para darle la vuelta a la situación deprimida de la economía a comienzos de esta década. A partir del próximo año, deberá retirar esta liquidez. El mismo proceso en el que se encuentra sumida la Fed.

Factura para Europa y España

La consecuencia de este proceso va a ser, como es lógico, una subida de los tipos de interés a largo plazo en los mercados de deuda. Y eso va a suceder, con independencia de la evolución de los tipos a corto plazo, los que fija el BCE, el denominado precio oficial del dinero. Los especialistas no creen que la tasa oficial vaya a modificarse hasta el cuarto trimestre del próximo año. Pero los tipos a largo van por otros derroteros, los que les marcan las expectativas y los movimientos en la deuda pública.

Cualquier incidencia relacionada con la venta de bonos va a provocar un alza de los tipos de interés. En un escenario similar a aquél en el que se ha desenvuelto la Reserva Federal, los tipos de interés a diez años deberían subir un punto en un año. La Fed debe soltar un billón de dólares en bonos, el BCE deberá vender tres veces más, porque ha comprado títulos por valor de 2,4 billones. En este caso, en euros. La Fed se ha fijado quitarse de encima bonos por 200.000 millones este año y 600.000 en el próximo ejercicio.

Haga lo que haga el BCE, la sombra de la caída de la demanda en los enrarecidos mercados de deuda desde hace meses pesa como una losa para este proceso de desinversión. Los mercados hipotecarios siguen muy de cerca la evolución de la deuda a largo plazo, porque constituye un activo similar: préstamos a largo plazo se indexan con deuda a largo plazo.

El Estado tampoco puede ser ajeno a lo que está sucediendo en Estados Unidos. Cada año, el Tesoro viene a emitir unos 200.000 millones de euros. Cualquier subida de los tipos de interés de un punto supone un encarecimiento de los costes de financiación de la deuda de unos 2.000 millones de euros. Una factura nada desdeñable que se sumaría a la escandalosa cifra de 33.000 millones de euros de los intereses de la deuda en cada ejercicio.

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