ANÁLISIS

En 2017, el dé­ficit con China y el dé­ficit total fueron prác­ti­ca­mente lo mismo

España debe compensar el déficit comercial con China

La vi­sita del líder Xi Jinping a España, opor­tu­nidad para ob­tener re­ci­pro­cidad

Pekín
Pekín

Hace apenas unos años las re­la­ciones co­mer­ciales con China eran in­sig­ni­fi­can­tes. En 2017 la RP China se había con­ver­tido en nuestro tercer pro­veedor de mer­can­cías, solo su­pe­rado por Alemania y Francia. Ahora bien, mien­tras los dos prin­ci­pales países eu­ro­peos son al mismo tiempo el se­gundo y tercer cliente de España, la RP China se sitúa muy por de­bajo in­cluso de lo que el ve­cino Marruecos compra en España.

Lo más llamativo del comercio bilateral España-China sigue siendo el enorme desequilibrio entre lo que se vende y se compra al gran país asiático. En 2017, frente a un déficit comercial total de España con el resto del mundo de 18.754 millones de euros, el agujero chino ascendía hasta los 18.820 millones.

Las cifras del comercio exterior del tercer trimestre de 2018 mantienen el desequilibrio: déficit total de 24.187 millones y déficit con China de 15.052. Esta desproporción es consecuencia de que el superávit con la UE compensa el gran déficit con China.

En 2017, el déficit con China y el déficit total eran prácticamente lo mismo. En los nueve primeros meses de 2018 el superávit chino sólo representa el 62% del déficit total de España. Esta corrección relativa no es debida a que nuestras ventas hayan crecido más mientras que sí lo han hecho nuestras compras en China.

Lo que ha ocurrido en 2018 con el déficit total es consecuencia del alza de los precios del petróleo así como del menor superávit en las transacciones comerciales con los estados miembros de la UE y la Eurozona. El déficit con la OPEP ha crecido en más de un 30% a la vez que el superávit con la Eurozona se reducía en un 10%.

En el caso nada improbable de que se mantenga esta tendencia, menos superávit con UE y mayor déficit con la OPEP, el desequilibrio en nuestras transacciones comerciales con China va a resultar todavía más oneroso. Un desequilibrio comercial que en términos relativos pudiera ser comparable al de los EEUU pero con una importantísima diferencia: los intercambios de servicios y en especial de las transacciones financieras.

No es casualidad que Wall Street sea el principal valedor de la RP China frente a la administración americana. El fondo de inversiones Blackstone ha vendido títulos en los últimos cinco años a la RP China por un valor de 32.000 millones de dólares. Su presidente Stephen Schwarzman es uno de los financieros más y mejor escuchados por el presidente Trump.

No hay que olvidar que la RP China es el principal consumidor de deuda pública norteamericana así como el principal refugio de bonos y obligaciones emitidos por las compañías privadas estadounidenses y negociados en Wall Street.

En el gran teatro del mundo de los negocios hay intereses de grandes proporciones que nada tienen que ver con el caso español. En lo que va de año, hasta septiembre, las ventas chinas a España han crecido en euros por encima de la tasa del total importado, en tanto que sus compras a España lo hacían por debajo del avance total de la exportación española.

Y todo ello sin que haya noticias de operaciones financieras o flujos turísticos que compensen ese desajuste en el tráfico de mercancías.

""Qué hacer?

¿Qué puede hacer nuestra diplomacia comercial y financiera?. Poco. El anuncio de un incremento en las ventas de jamón ibérico no deja de ser un caritativo aperitivo que ofrecer a los visitantes chinos.

La desprofesionalización de la administración diplomática y comercial, con esa intensa rotación de funcionarios según sus preferencias políticas y sus simpatías por los partidos políticos, no es el mejor remedio para enfrentarse a unos retos internacionales de la dimensión que marca el déficit comercial entre España y la RP China.

Constructoras y fabricantes españolas han puesto un pie firme en América Latina, a la vez que se abre ante ellas el desarrollo de las infraestructuras en el continente africano. Se ofrece una oportunidad para plantear ante las autoridades chinas más reciprocidad y exigir una amplia colaboración en otros escenarios.

Tecnología y buen hacer en infraestructuras de la parte española y financiación y obra civil por parte de la RP China. En Arabia Saudita el ferrocarril del desierto, sin ninguna colaboración premeditada, ha aunado los esfuerzos de chinos y españoles. ¿Alguna iniciativa para ese proyecto imperial de la Ruta de la Seda?.

En definitiva, bienvenida sea la visita del presidente Xi Jinping a España, pero una óptima ocasión para hacer patente lo desproporcionado de nuestras relaciones comerciales y la urgencia de una reparación. Una ocasión también para replantearse la organización y profesionalización de nuestra diplomacia económica y de la urgente necesidad de una cooperación más eficaz entre la Administración del Estado Español y el mundo de los negocios.

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