La ma­yoría de casas de aná­lisis ya apuestan por man­tener el valor en car­tera

Indra dificulta su recuperación bursátil con el exceso de sus optimistas previsiones

La com­pañía se marca un am­bi­cioso plan es­tra­té­gico con se­rias di­fi­cul­tades para cum­plirse

Fernando Abril-Martorell, presidente de Indra
Fernando Abril-Martorell, presidente de Indra

Indra, la prin­cipal con­sul­tora tec­no­ló­gica es­pañola, sor­prendió po­si­ti­va­mente des­pués de pre­sentar sus úl­timas cuentas tri­mes­tra­les, pero el plan es­tra­té­gico que se ha mar­cado hasta 2020 es un arma de doble filo. Los nú­meros pu­bli­cados hasta la fecha y las es­ti­ma­ciones del con­senso de mer­cado están lejos de las pre­ten­siones de la em­presa, que lleva un año aciago en los mer­ca­dos. De he­cho, se en­cuentra en vías de irse hacia mí­nimos de los úl­timos dos ejer­ci­cios.

Cuando el techo se sitúa en cotas altas la caída suele ser más profundas. Se ha visto a lo largo de la historia y ha sucedido durante muchos ejercicios con Inditex, que finalmente se desinfló en el parqué madrileño, merced de unos múltiplos que no justificaba el grupo por fundamentales. Es un círculo vicioso que nunca se termina de cerrar, sino que aparecen nuevos contendientes en escena.

Ahora parece tocarle la china a Indra, cuyo plan estratégico en el largo plazo es de difícil cumplimiento. Todo ello, pese a que sus números hasta la fecha han estado por encima de lo esperado, con un avance de los ingresos de más del 4% frente al pasado año y una capacidad de adaptarse a la incertidumbre bastante grande. Sin embargo, no todo son balances que crecen, sino que cuando las esperanzas están demasiado infladas pueden pasar factura.

Las nuevas líneas maestras que ha trazado el equipo directivo de Indra evidencian una gran ambición por seguir creciendo, pero son demasiado elevadas. Así se ha canalizado en los mercados con un baño de realidad por parte de los inversores. De hecho, en lo que va de ejercicio el valor se deja más de un 25% y se encuentra cada vez más a tiro de los mínimos de los últimos cinco años.

La principal razón es que Indra está basando su estrategia en la apuesta por adquisición de pequeñas firmas que se desconoce el impacto definitivo en su balance con las sinergias creadas. Además, gran parte de sus ingresos dependen de las inversiones realizadas por el estado y, con una legislatura que no se sabe la duración que va a tener, se desconoce cuántos contratos puedan salir adelante.

La compañía está apostando mucho por la innovación tecnológica, pero eso no justifica la monetización que se ha marcado la directiva de cara a los dos próximos años. De hecho, el consenso de mercado es más prudente y ve demasiado euforia en esos números que ellos sitúan como un 5% por debajo.

Dificultad para sus acciones

Por ese motivo, fuentes del mercado consultadas consideran que con unos márgenes que están yendo a la baja en los últimos periodos “es difícil pensar que se va a revertir esa tendencia y que por tanto, con una expectativas tan altas, lo normal sería que las cuentas terminen defraudando”. Eso al final, añaden, debería canalizarse en los mercados, por lo que las acciones de Indra sufrirían más de lo visto hasta ahora.

Un analista técnico sostiene a este medio que el valor está ahora mismo en una clara tendencia bajista, como bien muestra su retorno negativo hasta ahora, y que la zona clara de soporte se encuentra en los mínimos que marcó a mediados del 2016. De ir a buscar esa zona y quebrarla, la situación técnica sería “muy fea” para los títulos, tal y como describe. Una fuerte excusa para esa consecución delimita, sería una presentación de resultados por debajo de lo esperado.

De hecho, las estimaciones del consenso de mercado son neutrales hasta ver cómo se van desarrollando los acontecimientos. El potencial de Indra en los mercados viendo su base fundamental, pese a las caídas ya acumuladas, sería bastante escaso.

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