El desa­rrollo de las re­giones trans­fron­te­rizas es­tará al centro de la cumbre ibé­rica

Sánchez busca en António Costa la receta de su éxito y de la recuperación económica lusa

La can­di­da­tura his­pa­no-­lu­so-­ma­rroquí al Mundial de fútbol 2030 será abor­dada

Antonio Costa
Antonio Costa

Lo ha­bi­tual en las cum­bres ibé­ricas anuales -inauguradas en 1983 por Felipe González y Mario Soares, que han dado así la señal de par­tida para una nueva fase his­tó­rica de las re­la­ciones entre dos países ve­cinos y que por sen­ti­mientos na­cio­na­listas lle­vaban si­glos dán­dose la es­pal­da-, es que todo sean son­risas y buenas pa­la­bras, pero con pocos re­sul­tados con­cre­tos. No es lo que se es­pera hoy en Valladolid, donde se reúnen Pedro Sánchez y su ho­mó­logo luso António Costa, ya que el pre­si­dente es­pañol acude con ganas de aprender del éxito del por­tu­gués y "copiarle" la re­ceta del éxito eco­nó­mico luso.

Para Pedro Sánchez, el interés principal de la cumbre consiste en arrancar a su homólogo portugués el secreto de su “popularidad”, impensable cuando llegó al poder, tras las elecciones de octubre 2015, donde el PS apenas obtuvo el 32,3% de votos frente al 36,8% del PSD, pero que gracias a la firma de un pacto “sui generis” con la izquierda radical (PCE, BE) pudo formar un gobierno socialista minoritario y, después, gobernar con soltura y eficacia.

Es lo que en Lisboa se conoce como la “jerigonza” lusa, que al contrario de lo que esperaba la derecha y pronosticaban los analistas, lleva tres años gobernando sin apenas sobresaltos y con un nivel de popularidad insólito en Europa. ¿El secreto? Manejar bien las finanzas públicas, puestas en manos de un “mago”, Mario Centeno, que cambió drásticamente la anterior política de austeridad, sin aumentar la carga fiscal, acabando con parte de los recortes sociales previos y dinamizando la economía y las finanzas públicas.

Lo cierto es que en estos tres años de “jeringona” socialista, con aumentos de salarios y de pensiones, mejoras sociales y hasta bajadas de impuestos, los indicadores económicos y sociales pasaron del rojo vivo al casi azul celestial. La economía crece a un ritmo del 2,2%; el PIB vuelve al nivel récord alcanzado antes de la crisis; el déficit presupuestario bajó al 0,6%; y con solo un 6,7% de paro, el país se encuentra en una situación técnica de pleno empleo.

Diferencias notables y temas pendientes

Mientras Pedro Sánchez ya no sabe qué hacer para mantenerse en el poder, con o sin elecciones anticipadas, su homólogo portugués António Costa respira un clima de felicidad, tanto por los resultados del “milagro” económico de Mario Centeno, como por su alto nivel de popularidad. Hasta el punto, por ejemplo, que a un año de las próximas legislativas, y sin renunciar a la “jerigonza”, el PS lleva en los sondeos 15 puntos de ventaja sobre el PSD.

En todo o caso, para no huir de lo habitual, de lo que más se hablará en Valladolid será una vez más el desarrollo de las regiones transfronterizas. Por alguna razón, pese a todo lo ya firmado y anunciado en las últimas cumbres, el panorama general sigue igual. Antonio Costa habla de “anomalía” económica y social: en España, las regiones que hacen frontera con Francia son las más desarrolladlas, mientras que entre Portugal y España pasa lo contrario.

Lo que Sánchez y Costa harán este miércoles será el seguimiento de las medidas aprobadas en la cumbre de 2017 en Vila Real, pero que se inscribirán ahora más claramente en al ámbito del cuadro comunitario de desarrollo de las regiones transfronterizas. Lo que esta también en juego, es una “reprogramación” del plan “Portugal 2020”, con un volumen adicional de 366 millones de euros de ayudas comunitarias, y unos 466 millones de nuevas inversiones.

AVE Madrid-Lisboa

Uno de los proyectos bilaterales más importantes es la construcción de una nueva conexión ferroviaria entre Évora y Mérida, con doble ancho de vía (ibérico y europea), reservado al transporte de mercancías, que es lo que llevan reclamando a gritos los puertos marítimos lusos de Sines y Setúbal. La inversión prevista del lado portugués es de 400 millones de euros, y otros 600 millones destinados al tramo Sines-Badajoz, previsto para finales del 2021.

Pero todo lo del AVE Lisboa-Madrid es para olvidar. Tras la crisis, la caída de José Sócrates, el rescate de 78.000 millones de euros, y con el nuevo gobierno social-demócrata de Passos Coelho amordazado por la “troika” FMI/BCE/UE, hubo que dar marcha atrás. Los tramos de vía adjudicados quedaron abandonados y en 2012 todo el proyecto quedó aplazado por un plazo de 30 a 50 años, siendo considerado ahora por Antonio Costa como una “cuestión tabú”.

Mundial de 2030

Aunque no figure en la agenda oficial, de lo que se hablará también en Valladolid será de la idea lanzada por Pedro Sánchez durante la entrevista con Mohamed VI, a favor de una candidatura conjunta de España, Marruecos y Portugal de cara a la organización del Mundial de fútbol de 2030. La primera reacción de António Costa fue de espanto, porque no tenía ni idea del tema, pero antes de la cumbre admitió que la iniciativa española no carece de interés.

España y Portugal ya intentaron organizar conjuntamente el Mundial de Fútbol de 2016, que al final recayó en Rusia. La misma suerte tuvo Marruecos, cuya candidatura al Mundial de 2026 fue desechada en provecho de USA/Canadá/México. Para el de 2030, el mejor candidato sería el trio formado por Uruguay, Argentina y Paraguay, tratándose además de conmemorar el 1º centenario del primer Mundial, el de 1930, que fue organizado por Paraguay.

La energía

Por lo demás, la cumbre tiene garantizado un buen ambiente. Hasta el punto que desde Madrid solo llegan ahora buenos vientos, empezando por la decisión ya tomada de cerrar la central nuclear de Almaraz, que siempre fue vista por los portugueses como una amenaza, por los riesgos de contaminación del río Tajo, y más aun por los incidentes de fugas radioactivas que tenían alarmada a la población portuguesa de la zona fronteriza.

El mayor peso de España, que fue visto también tradicionalmente como una amenaza, ya no lo es tanto. Hasta el punto que ya nadie se rasga las vestiduras por ver casi la mitad de la banca privada nacional se encuentra en manos españolas: Santander, CaixaBank, Bankinter. O por comprobar que España gana terreno en los intercambios comerciales, a la vez como primer cliente y primer proveedor, y siempre con saldos comerciales muy favorables.

Lo que se lleva más ahora es mirar lo positivo: la opinión pública es consciente, por ejemplo, que al contrario de la gran y pequeña banca nacional, pública y privada, no serán seguramente el Santander, CaixaBank ni Bankinter los que pondrán el sector en peligro, que sigue pendiente de ayudas públicas. Y que en lugar de producirse la tan denunciada “invasión española” lo que más se subraya es que son ya casi 7.000 las empresas lusas que exportan a España.

Pero lo que no tiene remedio es la añoranza lusa por la población fronteriza española de Olivenza, que sigue bien viva, o por lo menos alimentada por la prensa con ocasión de las cumbres ibéricas, donde siegue siendo un tema tabú. Es solo de cara a la opinión pública, aunque el discurso oficial sigue considerando Olivenza, con sus 12.000 habitantes, como territorio portugués, pero que pese al Congreso de Viena (1817) se mantiene desde 1801 bajo una sólida soberanía española.

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