ANÁLISIS

El contencioso entre EEUU y China sacude la balanza comercial española

El dé­ficit con China re­pre­senta el 63% del to­tal, equi­va­lente a la suma de los su­pe­rávit con Francia, Reino Unido y Portugal

Estados Unidos y China
Estados Unidos y China

Cuales sean las con­se­cuen­cias reales para España del con­ten­cioso co­mer­cial entre EEUU y China es to­davía una in­cóg­nita, pero a es­cala mun­dial y, en con­se­cuen­cia, in­di­rec­ta­mente no cabe duda de que cual­quier aten­tado a la glo­ba­li­za­ción tendrá re­per­cu­sión en los in­ter­cam­bios in­ter­na­cio­nales de España.

China es el tercer proveedor de España. Sus ventas en los ocho primeros meses de 2018 ascendieron a 17.325 millones de euros en tanto que las exportaciones españolas a China solo sumaron 4.153.millones. Un déficit con China de 13.172 millones, el 63% del total, equivalente a la suma de los superávit de España con Francia, el Reino Unido y Portugal.

Los intercambios comerciales de España con la UE y la Eurozona se saldan con superávits mientras se mantiene un equilibrio continuado en los intercambios con los EEUU.

No ocurre lo mismo con China. ¿Es acaso China una economía de mercado o un artificio mercantilista eficacísimo para ayudar a sus exportadores y controlar las mercancías que vienen del resto del Mundo?

Martin Wolf comenta que: “posiblemente el acontecimiento más importante de 2018 haya sido el mensaje del vicepresidente norteamericano Mike Pence, el 4 de Octubre, sobre las relaciones entre EEUU y China”. No estamos ante una nueva guerra fría, que no fue tan fría, y que acabó con la desaparición de URSS, sino ante un reto preferentemente económico de larga duración capaz de torpedear la prosperidad que goza una importante parte de planeta.

El gobierno japonés se ha apresurado a restaurar las relaciones bilaterales con China visto el vendaval que se prepara en los EEUU. El primer ministro Shinzo Abe ha finalizado un viaje oficial a China después de que los dos países interrumpieran sus relaciones a causa de la compra japonesa de varias islas en el mar de China.

Nuevas relaciones: un convenio de crédito mutuo (swap) por 30 mil millones de dólares y la petición del primer ministro chino, Li Kegiang ,de robustecer las relaciones bilaterales y colaborar juntos en favor de la normalización del comercio internacional, junto al compromiso de que “ China no depreciaría su moneda para favorecer sus exportaciones.”

La manipulación del tipo de cambio chino con fines competitivos es una de las acusaciones reiteradas del presidente Trump. Ahora bien, en los últimos seis meses el renminbi solo se ha depreciado en un 10% respecto al dólar, lo que quizá explica que la acusación del presidente Trump no haya sido respaldada por su secretario del tesoro Steven Mnunchin , quien se ha limitado a advertir a Pequín de no adoptar devaluaciones competitivas. Los analistas desechan la posibilidad de esa depreciación.

China pretende hacer del renminbi una moneda internacional. La devaluación de 2015 generó una intensa salida de capitales chinos que solo se cauterizó mediante una drástica política de intervención en los cambios. China, además, pretende atraer capitales y tecnología extranjera para lo que está concediendo facilidades a las empresas que quieran instalarse en su territorio. Así mismo, el gobierno chino es consciente de que una variación significativa de su tipo de cambio desencadenaría una brusca subida de los aranceles norteamericanos.

China y Japón y el resto de países asiáticos del lejano oriente es muy posible que sigan una política de esperar y ver hasta conocer las consecuencias de la aguerrida proclama del presidente Trump: “America First”.

¿Hasta dónde llegará esta retórica? Los asiáticos se preparan y buscaran una mayor coordinación en tanto que la UE, acosada por nacionalistas de toda índole, no tiene otra alternativa que estrechar la cooperación entre sus Estados miembros y defender con determinación una posición común.

En este contencioso planetario no estaría de más que el estado español revise sus relaciones económicas con China que no son precisamente las más halagüeñas. El polo Cobo Calleja, modesto pero señero baluarte de la industrialización madrileña, es ahora un bazar chino.

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