ANÁLISIS

Bolsonaro busca sacar a Brasil de su 'emergencia nacional'

Reducción de la deuda, in­ver­siones ex­tran­je­ras, Mercosur en un rin­cón... el pro­grama de Paulo Guedes

Billetes y monedas brasileñas
Billetes y monedas brasileñas

El fu­turo go­bierno en Brasil de Jair Bolsonaro se puede en­tender como ‘revolucionario’ en una acep­ción dis­tinta de la que usan las fuerzas po­lí­ticas y so­ciales -a lo largo y ancho del pla­neta- que se le opo­nen, las cuales le ca­li­fican de reac­cio­na­rio, pro­to­fas­cista, etc.

Aunque no se llame a sí mismo como tal, es revolucionario en el sentido de su promesa de transformar radicalmente muchos de los supuestos en que se ha desenvuelto la vida interna e internacional de ese inmenso país en los últimos quinquenios. Para lograrlo cuenta con el respaldo del 54% de los votantes en las presidenciales del 28 de octubre.

El mensaje que Bolsonaro dio en su campaña fue que Brasil se halla en una emergencia nacional, debido al descrédito de las clases políticas y empresariales, y los continuos atentados a la paz y al orden público. Así hacía evidente su filosofía política, su temperamento y sus propósitos. Los factores que han conducido al marasmo brasileño son la corrupción y el crimen.

La primera está tan extendida a nivel federal y estatal, que ha llevado a un ex-presidente popular como Lula da Silva a prisión y a una presidenta, Dilma Roussef, a la destitución, así como a centenares de personajes políticos y empresariales de los estados, o del nivel federal, a la cárcel o a largos procesos judiciales.

El segundo factor, el crimen, queda patentizado por el elevado índice de homicidios o asesinatos en el país: unos cincuenta mil al año.

Con la elección de Paulo Guedes como ministro de Economía, Bolsonaro pretende dar a su país una política económica liberal, abierta a tratados de libre comercio con países y bloques económicos, que acabarán poniendo en crisis el tipo de mercado internacional restringido y proteccionista con que se formó Mercosur.

Y parece mostrarlo el hecho de que Bolsonaro realizará su primera visita como presidente al Santiago de Sebastián Piñera, quien ha mantenido en sus dos mandatos una política económica abierta al mundo, a la que Chile debe su competitividad.

Sin embargo, para Guedes, la liberalización no es necesariamente sinónimo de descentralización. Al contrario: ya anunció que el ministerio de Industria, Comercio Exterior y Servicios, se fundirá en un superministerio en que entrarán Hacienda y Planificación. Esto ha causado desconcierto en la Confederación Nacional de Industria, que teme ver su sector sumergido en una inmensa corporación difícil de gerenciar.

La industria produce el 21% del PIB, proporciona al erario público el 32% de sus ingresos, da empleo a diez millones de personas y representa el 51% de las exportaciones. Estas magnitudes parecerían hablar en favor de Mercosur, dentro del cual Brasil ejerce una hegemonía que se ve ayudada por las erráticas y ultraproteccionistas políticas económicas de los gobiernos peronistas hasta la llegada de Macri a la Casa Rosada, quien aún no ha logrado reducir las tendencias corporativistas de su sociedad.

Guedes tampoco se muestra complaciente con la filosofía mercantilista del empresariado brasileño. Según él, Brasil lleva más de treinta años de desindustrialización, y el ministerio de Hacienda se ha convertido en “una trinchera de la primera guerra mundial”. Y ha dicho expresamente que Mercosur no sería una de sus prioridades.

Guedes se dispone a ejecutar sus planes comerciales e industriales bajo una impronta monetarista. Cree que las reservas del país son excesivas: $380.900 millones, lo mismo que la deuda pública, del 72,2% de un PIB de cerca de dos billones. El nuevo ministro se muestra favorable a vender $100.000 millones de las reservas y rescatar deuda, y llegar a una paridad 5 reales/1$, cuando hoy es 3,6/1$, estimulando así las inversiones y las exportaciones.

La actual falta de capitalización suficiente se hace patente en el alto grado de desempleo del país: 12.492.000, un 11,9% de la población en edad laboral.

Es posible que en la mentalidad de inspiración castrense por la que se caracteriza Bolsonaro entre la idea de que un cierto nivel de cultura militar, con sus ideas inherentes de disciplina y planificación, le vendría bien al gobierno del país y de la economía. Por eso, se propone entregar algún o algunos ministerios a altos mandos, y en todo caso colocará otros de menor rango en puestos claves de la administración.

Pero hay una cuestión previa en la que Bolsonaro no parece haber hecho toda la reflexión necesaria. Aunque ha insistido en perseguir la corrupción, se ha limitado a proponer diez medidas judiciales que ya fueron tumbadas por el congreso nacional, y que básicamente se limitaban al aumento de las penas.

No ha presentado un plan sistemático de justicia contra corrupción, como sería la creación de cuerpos especializados en la investigación criminal, a lo largo y ancho del inmenso país, una institución capaz de formular causas con todas las garantías procesales, romper los círculos privados de poder económico, y evitar que cada causa se convierta en un laberinto donde la Justicia se pierda.

Pero eso cuesta dinero, y el dinero lo tiene el congreso. Además, ese cuerpo necesitaría independencia, lo que quizás no cuadre con las tendencias autoritarias que se atribuyen a Bolsonaro.

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