Es un amante de las fi­lo­so­fías orien­tales desde hace dé­ca­das, tras su paso por Berkeley

Rodrigo Rato busca refugio en el Tai Chi entre los muros de la cárcel de Soto del Real

A fi­nales de mes se en­frenta al juicio por la sa­lida a bolsa de Bankia y otros casos

Carcel de Soto en la Sierra de Madrid
Carcel de Soto en la Sierra de Madrid

El ex­pre­si­dente de Bankia y de mu­chos otros car­gos, Rodrigo Rato, to­davía no ha cum­plido ni un mes de su in­greso en la pri­sión de Soto del Real por la con­dena de cuatro años y medio por el uso de las tar­jetas black. Conocido afi­cio­nado a las fi­lo­so­fías orien­tales y a la prác­tica del yoga, el otrora casi todo po­de­roso tam­bién busca ac­ti­vi­dades para con­trolar la mente y ejer­citar el cuerpo. El Tai Chi es una prác­tica re­co­men­dable y a la misma se de­dica ante el pa­no­rama ju­di­cial que se le ave­cina.

Rodrigo Rato no estaba llamado a ser un recluso problemático en el centro penitenciario de Soto del Real, al Sur de la Sierra de Guadarrama en Madrid. Pero en tan sólo unas semanas desde su ingreso en prisión por la condena firme en el caso de las tarjetas black, que se producía el pasado 25 de octubre, se muestra de lo más integrado en las distintas actividades a las que pueden dedicarse los reclusos.

Desde que cursó sus estudios en la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos), Rato se mostró entusiasta por las filosofías orientales y se le conocía su práctica del yoga de la mano del maestro y pionero en España de esta disciplina, el famoso Ramiro Calle.

Si el yoga, que no está reconocida como arte marcial, se basa sobre todo en sostener el peso del cuerpo en los brazos, el Tai Chi es un arte marcial que deposita dicho peso en las piernas. Es decir, con los pies bien asentados en la tierra. Curiosamente, Rodrigo Rato también ha optado por esta práctica en los cursos que se ofrecen en la cárcel de Soto del Real a los reclusos.

Como cualquiera de los otros presos en dicho centro penitenciario, Rato acude a las clases con una camiseta de lo más sencilla y con una cordialidad extrema muy lejos de la imagen de todo poderoso que podía tener en los distintos altos cargos que ha desempeñado durante las últimas décadas: desde la vicepresidencia del Gobierno y artífice del milagro de la economía española, hasta su efímero paso por el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la presidencia de Caja Madrid antes de constituir el conglomerado llamado Bankia.

Horizonte complejo

Precisamente, Rato tiene que afrontar en la última semana de noviembre varias citas judiciales. Una de ellas es por la controvertida salida a Bolsa de Bankia, de la que tendrá que responder ante la sede de la Audiencia Nacional que tiene en San Fernando de Henares (Madrid).

Justo cuando concluyan las sesiones previstas por ese caso, Rodrigo Rato también tendrá que declarar ante el Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid por un presunto delito fiscal en 2014 y 2015.

Ante este panorama judicial, es muy lógico que el expresidente de Bankia busque las actividades que le comporten el mayor equilibrio físico y mental, sobre todo tras enfrentarse a la dura experiencia de verse privado de libertad con su ingreso en la prisión de Soto del Real.

Después de todo el poder acumulado en sus manos durante años, tal vez sea lo más lógico que Rodrigo Rato opte ahora por acariciar la crin del caballo o cepillar la rodilla antes de que la garza despliegue sus alas, todos ellos movimientos del Tai Chi que ahora practica desde Soto del Real.

Artículos relacionados