Monitor del Seguro

Este grupo de edad está cada vez más en el foco del sector ase­gu­rador

Los de ‘más de 65’ se apoderan del futuro

El riesgo de lon­ge­vidad afecta a la ges­tión fi­nan­ciera y pa­tri­mo­nial de las com­pañías

jubilacion
Jubilarse o morir.

En España hay ya casi nueve mi­llones de per­sonas ma­yores de 65 años, según los úl­timos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). En 1981 eran cerca de 4 mi­llo­nes. Representan prác­ti­ca­mente el 20% de la po­bla­ción to­tal, y según al­gunos es­tu­dios se es­pera que en 2050 al­cance el 36%, el por­cen­taje más ele­vado de los países de la OCDE tras Japón y Corea. ¿Una ben­di­ción o un pe­li­gro?

La esperanza de vida en 2017 era de 83,1 años; una década atrás era de 81. Y a los 65 años esa esperanza de vida es de 21,2 años frente a los 19,8 de hace 10 años.

Vivimos más tiempo, lo que es una buena noticia, y como consecuencia la sociedad es más vieja, lo que supone un reto muy importante para la sostenibilidad a largo plazo de ámbitos del sistema de bienestar, como el de las pensiones. Este debate está actualmente en plena efervescencia, y el sector asegurador está especialmente interesado en animarlo con el objetivo de lograr que desde las administraciones se promueva el ahorro finalista con vistas a complementar la pensión pública con una generada en el ámbito privado a partir de la inversión en productos como planes de pensiones u otros seguros de Vida Ahorro.

Ese mismo esquema de complementariedad la industria lo defiende en el caso de la asistencia sanitaria. Al igual que ocurre con las pensiones, se esperan mayores necesidades de gasto en salud debido al elevado porcentaje de personas de mayor edad: “Al objeto de cubrir la creciente distancia que se abre entre la prestación de servicios sanitarios públicos y los recursos disponibles, las fórmulas de colaboración público-privado están ganando mucha visibilidad en Europa.

El sector público transfiere de esta forma riesgos al sector privado y ambos colaboran en la fijación de precios y tarifas”, según explican expertos del sector en las conclusiones del estudio ‘Sector asegurador: impacto de las tendencias macroeconómicas y demográficas’ de la Fundación de Estudios Financieros (FEF).

Esta necesidad cada vez mayor de complementar y de mayor colaboración entre el ámbito público y el privado es uno de los efectos del envejecimiento de la población que implica al sector asegurador. Pero su impacto en la industria va mucho más allá. El sector se enfrenta a un riesgo de longevidad en el sentido actuarial, “a una divergencia creciente entre las expectativas de vida y lo que realmente se vive”, según explicaba recientemente el director general de Seguros y Fondos de Pensiones, Sergio Álvarez, quien advertía que se trata de un tema muy importante que afecta a la gestión financiera y patrimonial de las compañías. No obstante, también es cierto que gestionar ese riesgo es el oficio de las aseguradoras, y lo llevan haciendo, y bien, desde hace mucho tiempo.

Además de la complicación de gestionar el riesgo de longevidad (más aún en un entorno de bajos tipos de interés), hay otras implicaciones para el negocio de las compañías, y no solo en el ramo de Vida. La industria, por ejemplo, vigila de cerca su posible efecto en seguros tan populares como el de Autos. La presidenta de Unespa, Pilar González de Frutos, asegura que han hecho aproximaciones para calcular este impacto, y según estas previsiones “quedan pocos años para que este colectivo de conductores se convierta en la principal fuente agregada de accidentes”.

El incremento del peso del grupo de las personas de más de 65 años también afecta especialmente al seguro de Salud, que desde hace unos años es el tercer ramo más importante por volumen de primas, solo superado por Vida y Autos. El efecto más visible en el negocio de esta evolución de la sociedad es el incremento de los gastos, ya que el envejecimiento de la población suele conllevar un incremento de los costes sanitarios de las aseguradoras.

Estas tendencias demográficas han afectado al propio lenguaje del seguro. Mercedes Ayuso, una de las directoras del estudio anteriormente citado de FEF, comenta que en el sector era muy típico a la hora de definir los grupos de riesgo hablar del intervalo de ’65 y más’. Pero ahora ya no es así, “empezamos a tener mucha información sobre este grupo, que ahora se denomina tercera y cuarta edad”.

Todo ello da una idea de la creciente importancia que para las aseguradoras tienen las personas mayores. Muchas iniciativas de diferente índole dan muestra de ello, como la puesta en marcha del ciclo de encuentros 'Ageingnomics: Oportunidades en la economía del envejecimiento,' impulsado por Mapfre y Deusto Business School. El presidente de Mapfre, Antonio Huertas, inauguró el primer encuentro dedicado al desafío de incorporar a los mayores a las nuevas formas de movilidad: "Tenemos que poder ofrecerles recursos, productos financieros, ocio, salud... Todo forma parte de ese ecosistema de mejora de nivel de vida de los ciudadanos”, afirmaba.

Con el telón de fondo de la celebración del Día del Mayor, el pasado 1 de octubre, se acaba de celebrar el segundo encuentro de este ciclo, centrado en esta ocasión en la evolución del mercado laboral. Iñigo Sagardoy de Simón, presidente de Sagardoy Abogados, comentaba que adaptarse al envejecimiento de la población supone un reto para las empresas: en ellas confluyen generaciones muy distintas, lo que requiere una adaptación de forma flexible.

A propósito del Día del Mayor el sector llevó a cabo otras actividades. Entre ellas, Agrupació organizó una conferencia sobre alimentación saludable en este colectivo, o Metlife divulgó consejos para que los hijos ayuden a los padres a planificar sus decisiones financieras. Otro tipo de iniciativa es la llevada a cabo por Liberty junto al Race, que desde 2013 realizan acciones enfocadas a este grupo de edad, como la puesta en marcha de cursos de conducción. Además, no dejan de publicarse estudios. Uno de los últimos presentados ha sido ‘Gestión eficiente del ahorro tras la jubilación’, de Fundación Edad&Vida y VidaCaixa, en el que, entre otras cosas, se recomienda la colaboración público-privada en el diseño de productos que garanticen pensiones suficientes y sostenibles en el tiempo.

Los mayores de 65 años son ya, y lo serán aún más en un futuro próximo, público objetivo de las aseguradoras, igual que lo son otros grupos de edad, como los millennials. Las necesidades de aseguramiento de uno y otro son muy distintas. La industria ya trabaja en responder a las demandas de los mayores. Opciones ya tienen, y otras muchas están sobre la mesa. Por ejemplo, en el ámbito del ahorro, Analistas Financieros Internacionales (AFI) recomienda que se diseñen rentas vitalicias que incluyan servicios asistenciales, residenciales y sanitarios. Probablemente en el medio plazo, o incluso en el corto, veamos muchas más iniciativas y lanzamientos de la industria para consumo de los de ‘más de 65’.

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