ANÁLISIS

Brasil: un candidato de derechas toma ventaja en la carrera presidencial

Jair Bolsonaro abriría la eco­nomía pero re­ten­dría las em­presas na­cio­nales

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Jair Bolsonaro.

La me­jora de las ex­pec­ta­tivas de Jair Bolsonaro, can­di­dato pre­si­den­cial de de­re­chas, puesta de ma­ni­fiesto a prin­ci­pios de se­mana, ha coin­ci­dido con una re­cu­pe­ra­ción sus­tan­cial de la co­ti­za­ción del real, del 2,5%. La hi­po­té­tica re­la­ción entre ambos datos queda aún, na­tu­ral­mente, por pro­bar.

Brasil celebrará elecciones presidenciales el próximo día 7, y su resultado determinará la continuidad o no de la problemática bajo la que tuvo que actuar el presidente saliente Michel Temer, obligado a hacer frente a un periodo de inestabilidad, causada por una oleada de casos de corrupción y desconfianza que afectaba prácticamente a toda la clase política brasileña, y de la que él mismo logró salir indemne, embarcándose luego en un programa de desestatalización de la economía.

Entre 2015 y 2016, año en que Temer sucedió a la defenestrada Dilma Rousseff, del partido de los Trabajadores, se produjo un descenso del producto interior bruto del 8%, cuyo resultado es el actual índice de paro, de más del 12% de la población laboral (13 millones). Sólo en 2016, la crisis forzó el cierre de 78.000 empresas.

Tres días antes de escribir esta crónica, las expectativas presidenciales del candidato Bolsonaro, antiguo capitán del ejército y diputado federal durante nueve años, habían subido sorpresivamente frente a las del candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad. Bolsonaro se presenta por un pequeño partido, el Social Liberal, mientras que Haddad va apoyado por el gran partido histórico, el de los ”Trabalhadores”, cuyo carismático líder, Luis Inazio ‘Lula’ da Silva, purga en la cárcel una sentencia por corrupción.

Si hasta el domingo las encuestas pronosticaban a Bolsonaro el 28% los votos, el lunes pasado la del instituto Ibope le daba el 31% y Datafolha el 32%, mientras que su principal competidor, Haddad, veía sus expectativas congeladas en una estimación anterior, del 21%. Curiosamente, las encuestas atribuyen la razón de la subida de Bolsonaro a que ha crecido el apoyo que le dan los sectores que ganan el salario mínimo. El líder derechista cuenta, sin embargo, con el rechazo de la militancia feminista, sector que ha crecido, como rasgo permanente del Brasil más actual. Un índice del rechazo a Bolsonaro entre cierto medios es que hace pocas semanas fue objeto de un ataque a cuchillo.

Si Haddad o Bolsonaro no obtienen una mayoría absoluta, será forzoso acudir a la segunda vuelta entre los dos candidatos vencedores en la primera.

Bolsonaro es descrito por sus adversarios como un radical autoritario, nostálgico de la dictadura militar que entre 1964 y 1985 gobernó Brasil, un periodo visto por las capas favorecidas de la población como de brillante desarrollo económico e industrial, durante el cual el país alcanzó algunos de los rasgos de un país moderno, al menos en términos de extensión de las infraestructuras, la energía y cierto número de industrias de punta, como la aeronáutica y la petrolífera, además de la automovilística. Por otra parte, aquella dictadura empleó unos métodos represivos mucho menos sanguinarios que los de los generales argentinos, o los uruguayos, durante periodos en parte contemporáneos.

El candidato de derechas se declara abierto a los acuerdos comerciales internacionales pero dentro del marco de Mercosur, aunque su programa de liberalización económica no llega a la privatización de Petrobras y otras empresas nacionalizadas.

Pero Bolsonaro no tendría fácil gobernar. Aún en el caso de que Haddad no logre vencerle en la carrera presidencial, el candidato laborista tendrá en su mano el instrumento de los 63 diputados de la cámara, donde el partido de Bolsonaro sólo cuenta con nueve.

De todos modos, la contienda entre Bolsonaro y Haddad puede verse condicionada por los resultados de otros candidatos, tanto de centro izquierda como de centro derecha. Uno de estos últimos, el izquierdista Ciro Gómez, pretende deshacer las concesiones de explotación petrolífera aprobadas por Temer.

El nuevo presidente deberá tomar medidas defensivas frente las asechanzas comerciales del presidente Trump, quien al dar cuenta a la prensa de su reciente acuerdo comercial con México y Canadá, atacó las tácticas comerciales de Brasil y de la India. Los brasileños, dijo, “nos cargan (tarifas) todo lo que quieren. Son las más duras del mundo”.

No tardó el ministro brasileño de Comercio exterior en replicarle: en los últimos diez años, dijo, los Estados Unidos han registrado un excedente comercial con Brasil, de $90.000 millones, y otro de servicios y bienes, de $250.000 millones.

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