No de­ta­llan el be­ne­ficio tri­mes­tral a la es­pera de más ajustes en el valor de los ac­tivos

DIA no lo ve claro y ya define 2019 como 'un año de transición'

El grupo se re­plantea el cre­ci­miento y la es­tra­tegia co­mer­cial para re­ducir deuda

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DIA se había com­pro­me­tido a pre­sentar los re­sul­tados del tercer tri­mestre el 30 de oc­tubre y ha man­te­nido su pa­labra sólo a me­dias. Ha en­viado las cuentas a la CNMV y se las ha pre­sen­tado a los ana­lis­tas, pero sin in­formar sobre el be­ne­ficio fi­nal, ya que úni­ca­mente de­talla las par­tidas de in­gresos y gastos hasta el be­ne­ficio bruto de ex­plo­ta­ción (Ebitda). Tras re­visar el valor de los ac­tivos y ocultar el re­sul­tado tri­mes­tral, el grupo ha su­frido un nuevo ba­ta­cazo en Bolsa (-13,64% este mar­tes), a la es­pera de un 2019 que los nuevos di­rec­tivos ya ca­li­fican de “año de transición”.

Presentar unas cuentas incompletas no es muy normal entre las empresas que cotizan en el Ibex 35. Pero parece que DIA ha dejado de comportarse con normalidad desde el final del verano. La irrupción en su accionariado del magnate ruso Mikhail Fridman, que controla el 29% del capital, ha dado un giro de 180 grados en la estrategia que venía manteniendo la cadena de distribución, hasta el punto de que el nuevo plan de negocio que sigue examinando el consejo de administración supondrá un cambio radical en las políticas comercial y de crecimiento.

De momento, y aunque en la presentación a los analistas hay algunos detalles interesantes sobre el nuevo plan, el mercado quiere conocer las cifras concretas de una cuenta de resultados en revisión.

Para empezar, una de las cosas que el grupo sí ha incluido en su presentación a los analistas es el desglose de por qué dijo el pasado 15 de octubre que el Ebitda del 2018 completo se quedará entre los 350 y los 400 millones de euros, muy por debajo de los 494 millones de 2017.

Las razones son las siguientes: en el escenario más pesimista, el beneficio bruto de explotación caerá 55 millones en España, otros 15 en Portugal, y 75 en Latinoamérica (Brasil y Argentina), de los que 25 millones corresponden a una menor rentabilidad del negocio y los 50 restantes tienen que ver con el tipo de cambio de las monedas locales con respecto al euro.

En el escenario más optimista, la caída de España será de 45 millones, la de Portugal se quedaría en 5, mientras que el negocio americano sería 15 millones menos rentable y perdería otros 30 millones por diferencias de cambio.

Esto, según los datos contenidos en la propia presentación, supone que la rentabilidad de DIA, medida como el cociente entre Ebitda y Ventas, se situaría en el 5% raspado, e incluso algo por debajo si se da el escenario más pesimista, lo cual supondrá también un recorte importante del beneficio final del grupo (ver Capitalmadrid del pasado 23 de octubre).

Y a esto hay que sumarle un segundo efecto perjudicial en ciernes, puesto que, como ha anunciado a la CNMV, dentro del nuevo plan estratégico, la compañía “se dispone a anticipar, con anterioridad al cierre del ejercicio 2018, la realización de un test de deterioro sobre sus activos para evaluar si pudiera existir la necesidad de provisionar parte de los mismos”. O lo que es lo mismo, que si se descubre que algunos activos valen menos de lo que tienen apuntado en el balance, habrá una reducción adicional del beneficio.

Venta de Clarel

A finales de 2012, DIA pagó 70,5 millones de euros en metálico por la filial de la multinacional alemana Schlecker en España y Portugal, que había suspendido pagos a principios de ese año. La cadena de distribución sumaba así, de un plumazo, 1.130 tiendas de droguería y perfumería, a las que bautizó con el nombre de Clarel, con el objetivo confesado entonces de diversificar el negocio. Pues bien, los nuevos directivos del grupo, dirigidos ahora por Fridman, han dejado de considerar estratégica esta unidad de negocio y pasa a ser un activo en venta que cuenta con 1.251 tiendas, muchas de ellas remodeladas.

Esta nueva estrategia, que también ha sido presentada a los analistas, tiene que ver, según fuentes del mercado consultadas por Capitalmadrid, con la necesidad de reducir la deuda. Los 1.422 millones que debía DIA a 30 de septiembre suponen ya la nada despreciable cifra de entre 3,55 y 4,06 veces su Ebitda ajustado previsto de entre 350 y 400 millones de euros.

Pero aún falta por aplicar a esa cifra el efecto de la norma contable IAS 29, “Información financiera en economías hiperinflacionarias”, sobre su negocio en Argentina. En los primeros nueve meses de 2018 esto ha supuesto ya una disminución contable de ventas de 237 millones y una minoración de otros 27 millones en el Ebitda que aún no están descontados de las nuevas cifras previstas.

Esto quiere decir que, si no se produce una reducción drástica de deuda en el último trimestre del año, 2018 podría terminar con una proporción de más de 3,5 veces el Ebitda, que es el límite puesto por los bancos en los créditos sindicados de 525 millones de euros que tiene vivos DIA en estos momentos.

Si eso ocurriera, las entidades financieras podrían incluso llegar a ejecutar los créditos. Y, ¿cómo evitar que la proporción pactada con la banca no se dispare? Una, la más improbable, es que el Ebitda crezca más que la deuda. La otra, es reducir la cantidad que DIA debe a los bancos y a los bonistas. Y para ello es necesario lograr recursos, que también pueden llegar por dos vías: ampliar capital y reducir deuda con recursos propios, o bien vender activos y dedicar el excedente de caja al mismo fin.

Año de transición

Junto a la puesta en venta de Clarel, la estrategia de DIA pasa por declarar “año de transición” a 2019. Los nuevos directivos quieren remodelar el negocio durante el próximo ejercicio y consolidar después el grupo entre 2020 y 2023. Todo ello pasará por cerrar las tiendas no rentables, potenciar la marca blanca, invertir en lograr productos con menor precio y sólo crecer en las dos ramas del negocio que les van bien: Dia&Go y La plaza. De hecho, son las únicas que han crecido en ventas todos y cada uno de los meses de 2018, con especial mención a Dia&Go que lo ha hecho a doble dígito.

Con cifras acumuladas, las ventas brutas con espacio comercial comparable en Iberia (España y Portugal) entre 2017 y 2018 han crecido un 7,9% en La Plaza y un 21,7% en Dia&Go. El formato Dia Maxi sólo ha logrado crecer un 0,4% y los supermercados Dia Market han visto caer sus ventas un 1,8% entre enero y septiembre. Al final, las ventas brutas han caído en España un 2,4% y un 3,3% en Portugal. Y con una mirada un poco más centrada en España, resulta que las ventas de productos de continuidad han caído un 6,9% mientras que las de frescos y perecederos han crecido un 3,5% en el período. Parece que algo pasa en los supermercados de DIA que hay que cambiar. Antonio Coto, el nuevo consejero delegado puesto por Fridman, decía tras presentar las cifras a septiembre que “es hora de mirar hacia adelante y de impulsar un DIA en el que toda la cadena de valor se debe poner al servicio del cliente, escuchando sus preferencias y sus gustos para que encuentren en nuestras tiendas productos de calidad al mejor precio y una atención esmerada. La compañía pondrá el énfasis en una gestión eficiente del flujo de caja y en una reducción de los niveles de inversión en el corto plazo. Seremos mucho más disciplinados en cada euro que invertimos, igual que en el seguimiento y control de los retornos”.

Pues dicho y hecho. El nuevo plan estratégico prevé que en 2019 la inversión caiga hasta los 200 millones de euros en el conjunto del año, cifra que contrasta con la de 2018, año en el que ya en los primeros nueve meses el grupo ha invertido 269 millones. Este frenazo en la inversión vendrá acompañado por un crecimiento en Latinoamérica que sólo se producirá cuando pueda ser autofinanciado (nada de endeudarse para crecer) y una estrategia comercial en Portugal que llevará al grupo a copiar en el país vecino el modelo español.

Y es que los nuevos directivos creen que el grupo no ha sabido vender bien a los clientes su verdadero potencial de precios y calidad comparables a la de sus competidores (otra vez el efecto Mercadona). Para solucionarlo quieren darse un año de transición y comenzar a competir de verdad en 2020, con un nuevo modelo consolidado. Mientras tanto, los accionistas y los mercados esperan cifras concretas sobre cómo están las finanzas de DIA.

La Bolsa no entiende de plazos muertos y el desplome ha sido brutal. La sesión del 30 de octubre, tras presentar las cuentas incompletas, cerró a menos de 70 céntimos, con una caída acumulada en 2018 del 81% y una capitalización bursátil que no llegaba siquiera a los 430 millones de euros, cosa que podría condenar al grupo a abandonar pronto el Ibex 35.

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