La vic­toria del de­re­chista puede hacer in­cre­mentar la fac­tu­ra­ción de las em­presas

Las compañías españolas buscan mejorar ingresos en Brasil con la agenda de Bolsonaro

Telefónica, Santander, Mapfre o las cons­truc­to­ras, entre las más be­ne­fi­ciadas

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Jair Bolsonaro.

La vic­toria de Jair Bolsonaro en Brasil, can­di­dato con un dis­curso es­co­rado a la de­recha y que ha sido del gusto de los mer­cados por la agenda re­for­mista que plan­tea, ha alen­tado a las em­presas es­pañolas allí pre­sen­tes. Al margen de que otro tipo de po­lí­ticas les pueda per­ju­di­car, los in­ver­sores ven con buenos ojos su triunfo por la in­cer­ti­dumbre de la op­ción des­gas­tada de la iz­quierda. Telefónica, Santander o Mapfre, amen de las prin­ci­pales cons­truc­to­ras, po­seen im­por­tantes in­tere­ses.

Aunque es una figura socialmente divisoria, Jair Bolsonaro ha convencido al mercado de que es la mejor opción económica de Brasil. Al menos eso, en el plano puramente de la economía, teniendo en cuenta que el país carioca lleva atravesando un camino de estancamiento y corrupción en los últimos años. De ahí la polarización extrema de la sociedad como también se ha visto en otros comicios de otras regiones.

También, el resultado se ha canalizado en el fuerte repunte en los activos brasileños. El real brasileño ha recuperado cerca del 15% llegando a los niveles de mediados de septiembre, oponiéndose a una tendencia generalmente lenta en las divisas de los mercados emergentes. El sentimiento de las bolsas muestra cierto optimismo.

La clave de ese sólido desempeño del mercado es la elección del ministro de finanzas de Bolsonaro. Paulo Guedes, un respetado economista formado en Chicago, que tiene la ambición de volver a poner a Brasil en un camino fiscalmente sostenible.

En particular, sus planes de reforma de pensiones van más allá del proyecto de ley que actualmente se encuentra en la cámara baja y, si tiene éxito, cambiaría ciertos puntos para garantizar la sostenibilidad de la deuda a largo plazo de Brasil. O eso se plantea. Además, tiene la intención de privatizar un número sustancial de empresas públicas, lo cual los expertos creen que el mercado lo recibirá con subidas.

Por supuesto, en el pasado, las medidas fuertes han sido difíciles de aprobar en Brasil. El mercado se enfocará intensamente en la capacidad del nuevo gobierno para formar una coalición para poder llevar a cabo estas reformas, a pesar de la fuerte fragmentación del congreso. Como tal, el candidato conservador buscaba aumentar su base de apoyo al invitar a representantes del partido demócrata, en una especie de pragmatismo, al margen de sus incendiarias declaraciones.

Las empresas españolas, con la lupa en mano

Con este contexto, las empresas españolas con intereses en Brasil esperan obtener réditos en el largo plazo, al creer que la implementación de nuevas políticas puede hacer que se incremente su facturación. Es el caso de Telefónica, que opera en el país latinoamericano a través de su marca Vivo y de dónde obtiene en torno a la cuarta parte de los ingresos globales del grupo (cerca del 23%).

De hecho, su apuesta por el país latinoamericano ha sido creciente en los últimos años, con inversiones de entre el 18% y el 20% de sus ventas. Cerca de 2.000 millones de euros desde hace cuatro años. Por eso, un cambio de fiscalidad y una mejora de las perspectivas de la divisa le supondría un espaldarazo durante los próximos meses.

Con todo, otras compañías que también estarán atentos a la deriva política en Brasil es Santander, que por volumen de activos es el tercer mayor banco de la región. Asimismo, del país recibe en torno al 35% de sus ganancias, lo cual le reporta unos 1.324 millones de euros hasta finales de junio. Una mejora del consumo o el sector privado, le podría hacer incrementar aún más esas cifras.

Por su parte, Mapfre, recibe un aporte de Brasil de unos 128 millones de euros, solo superado por la filial española, que generó 525 millones de euros de beneficio. En primas, el mercado brasileño supuso más del 20% de los 21.000 millones totales, lo cual indica la importancia para su balance. Una mejora de la economía brasileña, si se produce, también engrosaría sus números.

Asimismo, tres grandes constructoras como son Acciona, Sacyr y ACS también tienen algunos intereses en el país. Acciona tiene la explotación de la autopista de la Rodovia, entre Minas Gerais y Río de Janeiro, y ejecuta obras de tratamiento de aguas residuales. Sacyr, de la mano de Ferra Guedes, firmó recientemente un contrato para desarrollar una la línea del Metro de Fortaleza. Mientras, ACS, a través de su filial Cobra, centra su actividad en la construcción de redes de transmisión eléctrica. Todas esperan salir ganando.

Por último, Iberdrola es otra de las compañías con una actividad importante en Brasil, donde tiene previsto invertir, mediante Neoenergía, importantes cantidades en los próximos años.

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