ANÁLISIS

España evitará sanciones de naturaleza militar contra Arabia Saudí

Las po­ten­cias oc­ci­den­tales aca­barán por re­sig­narse a se­guir coope­rando con Riad

Arabia Saudí
Arabia Saudí

España cum­plirá el con­trato de venta de ma­te­rial mi­litar a Arabia Saudí. Dos países eu­ro­peos, Francia y Alemania, han pro­me­tido sus­pender la en­trega del ar­ma­mento ya con­tra­tado por Arabia Saudí, si se con­fir­mase la apa­rente res­pon­sa­bi­lidad del Reino saudí en el ase­si­nato del pe­rio­dista y opo­si­tor, Jamal Kashoggi.

Los gobiernos de París, Berlín, Londres y también el de Washington, están cruzando los dedos para que el príncipe heredero, Mohamed Ben Salman, dé una explicación convincente sobre la no culpabilidad de la casa real en el crimen, y así quedar excusados de cumplir las advertencias proferidas por París y Berlín, y hasta por Trump.

La canciller anunció que Alemania suspendía la exportación de armamento hasta que no se aclarasen las responsabilidades del crimen. El miércoles un portavoz del gobierno Macron declaró que Francia impondría sanciones a Arabia Saudí si se probaba que Riad estaba detrás del asesinato.

La contención mostrada por otras capitales obedece al cálculo de costos que cualquier sanción tendría sobre las relaciones con Riad, a las que todos atribuyen una importancia estratégica. El 30% de sus importaciones de mercancías proceden de los países mencionados. En materia de armamentos, Estados Unidos se lleva la palma con el 62%, Reino Unido el 22%, Francia el 2,5%, España en torno al 2% y Alemania algo menos.

Estados Unidos, Reino Unido y España tienen un interés esencial, de tipo industrial-militar, en mantener las relaciones con Riad a toda costa; pero también Francia y Alemania deben tener en cuenta el conjunto de relaciones económicas, financieras, de seguridad y diplomáticas con ese reino, por lo que nadie puede estar seguro de la reacción del gobierno de Riad ante las sanciones anunciadas por Berlín y París, en momentos en que a su frente está un príncipe que sigue siendo una incógnita, porque sus promesas de modernización del reino son todavía eso, promesas.

Aunque en el caso español la polémica y la principal consideración giren en torno a la fabricación y entrega de cinco corbetas por un costo de $1.800 millones, con seis mil empleos, no debe olvidarse el largo historial de buenas relaciones entre los dos reinos y el éxito de vender, construir y gerenciar el primer tren de alta velocidad del reino, y el enorme potencial inversor de los saudíes.

No debe olvidarse tampoco el papel que prestan los servicios de inteligencia saudíes a los occidentales en materia de lucha contra el yihadismo. Otra consideración puesta de relieve con mucha menos frecuencia es la valoración del papel que Arabia Saudí juega en su espacio geopolítico, con sus luces y sus sombras, y que Donald Trump quiso enfatizar cuando hizo su primera visita como presidente a Riad. Digno de mención es el esfuerzo de Arabia Saudí por frenar a Irán, en su intento de extender su hegemonía sobre todo ese espacio, incluida su proyección sobre el Mediterráneo a través de Siria y Líbano, lo que llevó a Riad a apoyar a las fuerzas rebeldes contra el presidente Assad.

Ese objetivo, bloquear la expansión de Irán, ha sido causa, sin embargo, del gran tropiezo militar y diplomático de Riad en el conflicto del Yemen, donde los saudíes, queriendo alejar a los iraníes del estrecho de Bab el Mandeb, ha llevado a cabo una campaña feroz de bombardeo contra su población, que ha encontrado el rechazo de la opinión mundial y que ha puesto en evidencia las debilidades del sistema militar saudí.

De todos modos, nadie en Occidente está en condiciones de frenar o impedir la intervención saudí en una zona del mundo que les atañe de manera vital. En la que, por cierto, los saudíes pueden apuntarse éxitos diplomáticos, como haber ayudado a romper el bloqueo territorial de Etiopía, un país de cien millones de habitantes sin salida al mar, mediante su mediación para el acuerdo entre Eritrea y Etiopía, que da a este país un puerto estable en aguas eritreas, y en relación con ello la mediación entre Eritrea y Djibouti para abrir su frontera común, lo que dará una salida suplementaria a Etiopía.

Es tanto lo que está en juego en esa parte del mundo, que las potencias occidentales no tendrán más remedio, tarde o temprano, que hacerse a la idea, en el caso de que las sospechas se confirmen sobre el príncipe Salman, de que más pronto o más tarde no les quedará más remedio que convivir con la perfidia de uno de sus aliados principales. Como, por cierto, siempre ha ocurrido a lo largo de la historia .

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