OPINIÓN

La RAE se abre a la gestión empresarial

La bolsa ha de­mos­trado estos días cómo es ne­ce­sario que hasta las ins­ti­tu­ciones más an­ti­guas deben po­nerse al día no sólo en cuanto a me­dios tec­no­ló­gicos mo­der­nos, sino tam­bién en lo que se re­fiere a co­no­ci­mientos eco­nó­micos y fi­nan­cie­ros.

La sentencia del Tribunal Supremo sobre quién tiene que pagar los impuestos de las hipotecas ha puesto de relieve que los magistrados son doctos en leyes, pero no en los efectos y las consecuencias financieras que sus textos pueden originar en el mundo económico. La bolsa reaccionó, como el mercado ultrasensible que es, con una bajada histórica de las cotizaciones a la sentencia que revertía el pago del impuesto a los bancos y no a los clientes.

Por el contrario, la Real Academia Española de la Lengua, institución tricentenaria, está a punto de reaccionar ante la necesidad de ponerse al día en asuntos financieros.

Su director, Darío Villanueva, ha anunciado que no se presentará a la reelección para dar paso a otro miembro académico que emprenda la tarea de no depender exclusivamente de la pequeña subvención del Estado y de un número exiguo de patrocinadores, y procurar ingresos -actualmente tiene un presupuesto de siete millones de euros y un déficit de dos en el último balance- que permitan a tan venerable, y necesaria, institución hacer frente a los gastos de manera independiente y aún de aumentarlos para ampliar sus cometidos.

Un apartado muy relevante es la apertura a países no hispanohablantes -como China- en los que el conocimiento del español se ha expandido de manera espectacular.

Difícil cometido porque la tarea de zambullirse en el mundo económico no está en los conocimientos y la sensibilidad, al menos en la inmensa mayoría, de los 38 hombres y las ocho mujeres que se sientan en los sillones correspondientes.

Se da por supuesto que ha de ser un miembro de la academia el que se dedique a tan delicado asunto, muy alejado de limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua española, objetivo inicial plasmado en el lema de la casa desde hace 305 años.

La venta al público de los distintos diccionarios que la Academia edita ha experimentado una bajada colosal, debido a que los usuarios acuden ahora a internet de manera gratuita para resolver sus dudas. La propia institución ha puesto el diccionario en su red y cuenta con un excelente equipo de profesionales -85 en total- que contestan las dudas que cualquiera pueda tener en relación al idioma.

Precisamente han sido internet y las redes sociales las que más han desfigurado el idioma en los últimos años. La rapidez en los mensajes ha producido una jerga que simplifica el léxico y la exactitud en la comunicación que otorga la gramática.

Hasta ahora, a los servicios lingüísticos que dispensa la Academia acude gente con un nivel educativo alto. Pero sería interesante que esta institución dispusiera de los medios económicos necesarios para que, con su propia iniciativa, estuviera en condiciones de llegar a todas las capas sociales.

Para esto se requieren muchos más recursos de los que ahora dispone. Ojalá que el camino emprendido por Darío Villanueva culmine con éxito y contribuya a limpiar el idioma, tan contaminado por los barbarismos de la tecnología y el mal uso de las palabras y la gramática que tan mal se aprende en buena parte de las escuelas y colegios.

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