El grupo sólo aclara una parte pe­queña de las in­cer­ti­dum­bres y se vuelve a des­peñar en Bolsa

La estrategia del ruso Fridman en DIA imita a la del mexicano Carlos Slim en FCC

Los nuevos ges­tores se en­frentan a ven­ci­mientos de más de 500 mi­llones de deuda con el mer­cado en contra

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Justo una se­mana des­pués de pre­sentar un “profit war­ning” (revisión a la baja de pre­vi­sio­nes) en la CNMV, los nuevos di­rec­tivos de DIA, co­man­dados por el mag­nate ruso Mikhail Fridman, han en­viado otro do­cu­mento en el que acla­ran, sólo par­cial­mente, al­gunos de los as­pectos ne­ga­tivos del grupo de dis­tri­bu­ción. Lo más lla­ma­tivo del hecho re­le­vante es lo que no dice o, más bien, lo que oculta.

La falta de más información ha vuelto a empujar hacia el precipicio a una cotización que en sólo seis sesiones ha perdido bastante más de la mitad de su valor, ha propiciado que continúe la huida de inversores y deja las puertas abiertas a soluciones aún peores para los pequeños accionistas, como la que vivieron los de FCC.

En su primera acepción, el diccionario de la Real Academia Española define huir como “alejarse deprisa, por miedo o por otro motivo, de personas, animales o cosas, para evitar un daño, disgusto o molestia”. Eso es lo que han debido de hacer un número importante de accionistas de DIA a juzgar por las caídas experimentadas por su cotización en Bolsa, así como por los volúmenes de acciones que han cambiado de manos entre el 15 y el 22 de octubre últimos. Ambas cosas han batido sus propios récords históricos con cifras de auténtico susto.

En las seis sesiones comprendidas entre el 15 de octubre, fecha del profit warning, y el lunes 22, la cotización de DIA ha caído un 65,3%, medido sobre el cierre del viernes 12. Este desplome ha supuesto algo más que echar leña al fuego sobre una acción que llevaba ya meses comportándose como un auténtico chicharro, con una elevada volatilidad, y con tendencia clara a la baja.

El resultado es que, sumando esta caída semanal a la acumulada desde enero, las acciones del grupo de distribución han perdido un 84,4% en lo que va de 2018 (con cifras al cierre del viernes 22 de octubre).

Y, ¡qué decir del volumen de negociación! En esta semana fatídica, DIA ha visto como se movían en Bolsa 234,6 millones de acciones, que equivalen, nada más y nada menos, que al 37,7% de su capital. El efecto huida al que fuentes del mercado consultadas por Capitalmadrid atribuyen este aumento de la negociación, ha supuesto que en estas seis sesiones se haya multiplicado por 9 veces el volumen medio de acciones que han cambiado de mano, en media, en el resto de 2018, cuando se movía, también en media, un 4,6% del capital en cada bloque de seis sesiones consecutivas.

El hecho cierto es que cuando se produjo la escisión de Carrefour, en el verano de 2011, DIA salió a Bolsa con un precio de 3,5 euros. Enseguida acarició los 4 euros y en julio de 2017 llegó a los 6 euros cuando el magnate ruso Mikhail Fridman, a través de su vehículo de inversión Letterone Investment, anunciaba su entrada en el grupo de distribución mediante la compra del 10% del capital, que a precios de mercado valía en aquel momento algo más de 300 millones de euros.

Y el futuro depende en gran medida de las cifras que presente el 30 de octubre y del plan estratégico que estaba previsto hacer público este mes, pero que todo hace indicar que tiene flecos por cerrar una vez que la propia DIA ha puesto en su página web que será presentado “este otoño”.

Márgenes Esto es, precisamente, lo que prácticamente todos los analistas piden a DIA con una unanimidad pocas veces vista en la Bolsa. Todos quieren saber cuáles son los planes concretos del grupo para detener la caída de su rentabilidad y hacer frente a los dos problemas más acuciantes que tiene ahora mismo: el denominado “efecto Mercadona” que baja los precios de la distribución y estrecha sus márgenes, así como el deterioro de sus cuentas en los países emergentes, y con especial incidencia en Argentina, debido a la hiperinflación del país andino y a la depreciación de su moneda.

Ambas cosas (la caída de ventas y márgenes en España, junto a los problemas en Brasil y Argentina), son las causas que llevaron a la nueva cúpula directiva de DIA a reescribir las previsiones de beneficio operativo bruto (Ebitda) para el conjunto de 2018, que ahora pasa a ser de entre 350 y 400 millones de euros, con una caída de entre el 38% y el 25%, dependiendo de si al final se coloca más cerca del punto bajo o el alto de la horquilla.

Esta caída reducirá, muy probablemente, la rentabilidad sobre ventas por debajo del 5%, cuando en los últimos años siempre había sobrepasado con claridad el 6%. Si atendemos a la parte del Ebitda que tradicionalmente ha llegado al beneficio final, en el primer semestre de 2017 DIA logró un beneficio ajustado (eliminando las partidas no recurrentes) de 106,9 millones de euros, equivalentes al 38,3% de su Ebitda. En los seis primeros meses de 2018 la cifra se quedó en 66,1 millones, que son el 29,3% del Ebitda. Para el segundo semestre de este año, tras el profit warning, que cita, además, el efecto de las nuevas normas de contabilización de las cuentas de Argentina debido a su hiperinflación, nada parece indicar que la senda vaya a mejorar en el corto plazo.

Daño patrimonial y dividendo La compañía ha anunciado también ayer, día 22, una revisión de los estados financieros que tendrán impacto incluso en las cuentas de 2017, con un efecto patrimonial negativo de 56 millones de euros después de impuestos. Este recorte a los recursos propios, del que 20 millones provienen de un menor beneficio y el resto es un reajuste a la baja de las reservas) abre la puerta a soluciones aún peores para los pequeños accionistas, porque una de ellas podría ser una ampliación de capital con prima a la que muchos no podrían o no querrían ir, ya que para mantener sus acciones actuales sin dilución tendrían que efectuar un desembolso adicional de dinero. La otra que barajan los analistas es una OPA de Mikhail Fridman, pero casi nadie la sitúa antes de al menos tres meses, cuando su lanzamiento sea mucho más barato para el magnate ruso.

Este caso es muy parecido al que tuvo el magnate mexicano Carlos Slim en el grupo constructor FCC, donde amplió considerablemente su participación acudiendo a una ampliación de capital a la que no acudieron muchos otros accionistas. Si esto ocurriera así, a los minoritarios se les volverían a juntar dos males: la caída de la cotización y la dilución de la ampliación.

Y aún hay algo más. En julio de 2017, concretamente el día 22 de ese mes, vence una emisión de bonos con un nominal emitido de 305,7 millones de euros. A eso hay que sumarle otros 179,5 millones de préstamos bancarios normales e hipotecas que vencen también entre junio de 2018 y junio de 2019. La deuda financiera ordinaria puede pasar por algún problema si el grupo pierde generación de caja, pero los bonos deben ser amortizados o refinanciados y ese sí que es un problema gordo, con el mercado en contra, que puede acabar en la necesidad de ampliar capital.

En esta tesitura, el consejo de administración “ha resuelto dejar en suspenso la política de reparto de dividendo para el próximo ejercicio 2019”. Según señala la propia compañía en su web corporativa, “desde la escisión del grupo Carrefour y posterior cotización en el mercado secundario de valores de España en Julio de 2011, DIA tiene establecida la política de distribuir a sus accionistas entre el 40% y el 50% de sus beneficios netos ajustados en concepto de dividendos”.

Y lo ha cumplido. Comenzó repartiendo 0,11 euros por acción en 2012 y en este 2018 entregó en julio a los accionistas 0,18 euros por título. Esto ha hecho que el payout (parte del beneficio que se destina a dividendo) haya pasado del 47,8% al 50,7% en estos años. El desembolso ha alcanzado en este 2018 los 110,3 millones de euros, reduciendo ya la cifra de 130,7 millones repartidos en 2017, año en el que repartió 0,21 euros por acción.

La caída del Ebitda prevista para 2018 reducirá, además de la cifra final de beneficio, la disponibilidad real de caja para repartir dividendo. “Dejar en suspenso”, que es la expresión utilizada por el comunicado de DIA a la CNMV, no significa estrictamente que el dividendo haya sido suprimido, pero todo parece indicar que así será, al menos en 2019, hasta ver cómo se reajustan las cuentas y se reconduce el negocio.

Todo muy parecido a lo de Carlos Slim en FCC. Ahora, para saber qué pasará sólo queda esperar más datos y, sobre todo, muchas más explicaciones sobre el futuro del grupo, aunque si sigue cayendo en picado, los acontecimientos pueden precipitarse.

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