El miedo a co­rrec­ciones más pro­fundas lleva a los ges­tores a pro­teger sus car­teras

Los activos refugio se calientan ante los temores de más turbulencias

El oro, las di­visas o la renta fija vuelven a animar a los in­ver­sores

Bolsa de valores
Bolsa de valores

El temor a una caída abrupta en la bolsa es­ta­dou­ni­dense ha vuelto a ge­nerar re­celos en los in­ver­sores sobre la in­ver­sión en la renta va­ria­ble. Por eso, el di­nero está em­pe­zando a fluir hacia ac­tivos que en mu­chas oca­siones se uti­lizan como el es­cudo pro­tector ante las tor­men­tas. El miedo ha vuelto a apa­recer y por eso se es­pera que esta di­ná­mica se man­tenga al menos pró­xi­ma­mente con en­tradas de ca­pi­tales en otros vehículos al­ter­na­ti­vos. Los ex­pertos con­si­deran que esto es el sín­toma de la ines­ta­bi­lidad ge­ne­ra­li­zada.

Si la guerra comercial había dado una tregua a los mercados, parece que ahora las declaraciones de Donald Trump han sido la chispa que hacía falta para que los mercados encendieran las alarmas. El presidente norteamericano sorprendía a propios ajenos al señalar que la Reserva Federal se “había vuelto loca” con la política monetaria más restrictiva, que ejerce presión sobre el endeudamiento de muchas empresas.

Ante tal panorama, muchos inversores tomaron la decisión de alejarse de la renta variable y de todo lo que tuviera que ver con Estados Unidos, en aras de defenderse ante caídas más profundas a futuro.

Sin ir más lejos, la rentabilidad del Treasury a 10 años engordaba más de 30 puntos básicos, un ritmo de crecimiento que se distancia de la media, asentada en los 20 puntos básicos, acercándose a una rentabilidad del 3,25%, lo cual ofrece posibilidades de tomar posiciones para muchos inversores institucionales. De hecho, sólo el 3 y el 4 de octubre, el incremento fue de 14 puntos, que refleja por qué se han producido tantas ventas en los mercados de acciones.

Esto se produce al calor de la toma de consciencia de la subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal en 75 puntos básicos este año, con un aumento de 25 puntos básicos estimada para el mes de diciembre, justo cuando la economía creció a un ritmo del 4,1% en el tercer trimestre del ejercicio, según el GDPNow de la Fed de Atlanta y la tasa de paro toca mínimos no visto desde 1969.

Según Ellen Zentner, economista de Morgan Stanley, las fuertes tendencias salariales hacen pensar que la inflación salarial cruzará el 3% en octubre. Por eso, el dinero se marcha de las bolsas y se centra en otro tipo de activos.

En esta misma línea se circunscribe Paul Donovan, economista jefe de UBS, que emitía una nota a clientes en la que señalaba, aunque matizaba sobre que no estamos ante un momento catastrófico, que la atención de los medios al movimiento de los rendimientos de los bonos “está fuera de toda proporción respecto a las implicaciones económicas y financieras”.

Las divisas como paraguas

Este clima lo que ha generado es movimientos de capitales hacia vehículos que suelen actuar como refugio, a excepción del dólar, por el que los operadores no están apostando en masa por las incertidumbres que subyacen en la bolsa estadounidense.

Así las cosas, el yen se reafirma como divisas en la que proteger las carteras, con avances que alcanzan nuevos máximos mensuales.

Sin embargo, no es la única moneda en la que se han producido entradas por parte de los inversores. Otro activo refugio clásico, el franco suizo, se revaloriza en las últimas jornadas frente al billete verde; mientras que la libra también consigue ampliar su movimiento al alza con apreciación frente al dólar.

El oro podría recalentarse

Asimismo, el que uno de los que se considera el activo refugio por excelencia, el oro, no ha mostrado hasta ahora un gran empuje al alza, aunque el consenso de mercado estima que con el repunte del índice del miedo podría consolidar los niveles en los que se encuentra para buscar los 1.320 dólares la onza de cara el primer trimestre del 2019.

De cara al futuro, el sentimiento será clave para el próximo movimiento del metal dorado. Los crecientes tipos de interés generalmente arrastran a su precio. Aliviar las presiones inflacionarias también puede pesar algo sobre su evolución. El IPC alcanzó el 2,9% en julio de 2018, pero varios factores están actuando en contra de una aceleración de los precios. Por eso, el oro también podría avanzar aún más posiciones.

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