ANÁLISIS

Tiritas para cerrar una brecha

En Barcelona la Unión por el Mediterráneo, y en Europa la fiebre mi­gra­toria

Inmigracion-
Inmigracion-

La Unión por el Mediterráneo (UpM) es uno de esos or­ga­nismos con los que la Unión Europea in­tenta man­tener el perfil propio de un gran agente del sis­tema in­ter­na­cio­nal. A prin­ci­pios de se­mana ce­lebró su ter­cera con­fe­ren­cia, en su sede ad­mi­nis­tra­tiva, si­tuada en el pa­lacio de Pedralbes, de Barcelona.

Los españoles han sabido de ese encuentro porque a él, y por primera vez, no fue invitado el presidente de la Generalidad catalana. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, se encargó de hacer saber que no le había invitado para que no hablase mal de España.

Poco ha trascendido en los medios sobre lo que allí se dijo, aunque no porque fuera secreto. Presidieron las sesiones la representante de Asuntos Internacionales de la Unión, Federica Mogherini, y el ministro de Exteriores de Jordania, Ayman Safadi. El comunicado final asegura que en sus diez años, la UpM ha celebrado 25 encuentros ministeriales, 12 plataformas de proyectos y 300 foros de diálogo, con participación de 25.000 interesados y expertos. Asegura que se han puesto en marcha 54 proyectos de cooperación por €5.600 millones, cifra que repite la citada para la anterior conferencia.

Lo que sí tuvo más difusión fue la bienvenida que el ministro Borrell dio al encuentro: con un artículo de prensa. Parecía saludar la apertura de una conferencia sobre África, más que sobre el Mediterráneo. Y más precisamente sobre migraciones africanas a Europa. Si esas migraciones están planteando a las naciones europeas los desafíos que conocemos, imagínense los que se avecina si se cumple el vaticinio citado por Borrell (tomado de la ONU), de que la población africana, que hoy es de 1.200 millones, será de 2.500 millones en 2050; y equivaldrá al 50% de la población mundial en 2100. La población actual de Europa, puntualizó Borrell, es hoy de 450 millones. Y aunque no lo dijo, ya es sabido que demográficamente Europa no crece. ¿Ocasión, pues, para “le grand remplacement’ que dicen los franceses de derechas, y que tanta desazón provoca en las opiniones públicas de otros países europeos?

En fin, algo en concreto se está haciendo en el área mediterránea. Según Borrell, se han creado 13 programas de empleo, y el más ‘emblemático’ de los que citó es la central desalinizadora de Gaza. Se recordará que la esposa de Josep Borrell, Cristina Narbona, fue durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, la ‘ministra madre’ de un plan de desaladoras por toda la costa española que dieron un resultado poco afortunado, aparte de supuestas y sustanciosas comisiones a determinados individuos y empresas bien situados. Borrell también augura un gran futuro a la generación de energías renovables en el norte de África, futuro que las Españas del sur y de la meseta vieron pasar de largo en los últimos años. Aunque, ahora sí, con Pedro Sánchez se va a materializar.

Hay otras formas con que el futuro entra en Europa a través del Mediterráneo. La más dinámica actualmente es la de los migrantes de toda condición y origen, un fenómeno que se traslada con velocidad de patera motorizada. Si hasta el pasado año el origen era Libia, hoy es el Magreb; y si antes era Italia la puerta de entrada, hoy lo son los puertos de Andalucía y Murcia, y hasta de las Baleares. Por ejemplo, los 2.163 migrantes recogidos por Salvamento Marítimo entre sábado y lunes últimos.

Por la cantidad de problemas que suscita la llegada masiva de inmigrantes a Europa, se podría decir que el tema de la conferencia de Barcelona tiene una relevancia marginal. Hay que examinar, pues, el debate de la Europa no mediterránea sobre esta cuestión.

Tema central en las elecciones generales de Suecia, en septiembre último, fue el de la inmigración, lo que hizo que el partido socialdemócrata, muy generoso en esa materia, obtuviera el peor resultado desde 1908. El ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, ha llegado a decir que “la emigración es la madre de todos los problemas políticos” de la Alemania de hoy. La debilidad de Angela Merkel no le permite replicar a Seehofer en debida forma.

Polonia acaba de hacer manifiesta su radical oposición a las políticas de apertura a la inmigración, en cuanto se basan sobre principios universalistas. El ministro del Interior, Joachim Brudzinski, anunció que iba a recomendar al primer ministro Mateusz Morawiecki retirarse del Pacto Global por la Migración de la ONU, que se pondrá a la firma el próximo diciembre en Marruecos porque, según cree, “estimulará las migraciones ilegales”. Por no hablar de lo que pasa en Austria, en Hungría, etc.

En Barcelona se quiso dar la impresión de que la Unión Europea se mueve. Pero lo que se mueve es una muchedumbre humana en marcha hacia sus riberas meridionales.

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