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España lo tiene difícil, Rajoy más, Puigdemont peor y hay ‘palpable fatiga’ separatista

‘Los jueces es­pañoles no mues­tran señales de sua­vizar su pos­tura sobre los se­pa­ra­tistas ca­ta­la­nes, aun cuando eso po­dría ayudar a desatascar el blo­queo po­lí­tico’

Carles Puigdelmont
Puigdelmont y Junqueras, otros tiempos.

¿Final de par­tida? ¿Jaque mate? Puede, pero está por ver. ¿O no es esto más bien el co­mienzo de otro año per­dido con en­co­na­miento irre­con­ci­lia­ble? También es po­si­ble. El fallo del Tribunal Supremo que de­niega la puesta en li­bertad de Oriol Junqueras es todo un aviso que no ha pa­sado des­aper­ci­bido en Europa y EEUU: en reali­dad, las 26 pá­ginas son una des­crip­ción per­fecta del golpe de Estado, aunque la ex­pre­sión no fi­gura como tal.

Ese aviso indirecto tiene que ver con el ex president Puigdemont y los otros cuatro ex consellers huidos a Bruselas. La narración es tan meridianamente clara que ya saben lo que les pasará si vuelven. Igual que para los tres que permanecen en prisión. Pero el papelón de Puigdemont es que él prometió regresar a Cataluña si ganaba las elecciones. Y nada de nada.

Se lo recuerdan este fin de semana medios de fuste como Le Monde y The Economist. El diario francés escribe: ‘Había declarado después de las elecciones que estaba listo a asumir el riesgo de volver a Cataluña para liderar a los independentistas’. Y la revista de la City: ‘Puigdemont dijo que volvería a Cataluña si ganaba (aunque eso casi con toda certeza le llevaría a ser detenido).’

En lugar de eso, ahí está, fugado y lanzando tuits estilo Trump pero sin decir qué va a hacer para reclamar lo que dice que es suyo. Mientras se lo piensa, las circunstancias han cambiado: con el pleno del Parlament convocado para el día 17, la ausencia de ocho escaños reventaría la mayoría independentista. La situación es un poco kafkiana, la verdad, y lo hace notar Raphael Minder en el título de su crónica en The New York Times: ‘Separatistas de Cataluña: ¿en el exilio, en la cárcel, en el poder?’.

Para Minder, la tesitura para Puigdemont es de tal calibre tras su victoria en las urnas pero reclamado la Justicia que ‘puede convertirse en un obstáculo para la formación del nuevo Govern’. Añade una frase algo extraña que por un lado puede interpretarse como alabanza de la independencia judicial o lo contrario: ‘Los jueces españoles no muestran señales de suavizar su postura sobre los separatistas catalanes, aun cuando eso podría ayudar a desatascar el bloqueo político’-

Otros medios internacionales destacan que el fallo del TS reconoce el derecho a ser independentista, pero no a violar la ley ni a cometer delitos: ‘El recurrente y los demás partícipes, en ejecución de su plan y acudiendo a vías de hecho, se han alzado contra el Estado español, contra la Constitución, contra el Estatuto de Autonomía de esa Comunidad y contra el resto del ordenamiento jurídico.’

Le Monde es el más directo en este sentido: ‘El tribunal niega que sea un proceso político y señala que el hecho de ser independentista ‘es legítimo, puesto que la Constitución admite la defensa de toda opción política’, pero debe hacerse ‘sin cometer delito’, argumentan los magistrados’.

Para Junqueras las cosas no pintan tampoco nada bien. Si pensaba salir de prisión sin acatar expresamente la legislación vigente y dando señales de seguir en la vía unilateral, estaba muy equivocado. Y su sueño de ser president en ausencia de Puigdemont, algo que de todas formas estaba por ver, parece haberse esfumado en un instante. Aunque no es imposible, según señala Michael Stothard en su crónica en Financial Times.

Es el que más espacio dedica a Junqueras, que ahora tiene ‘más difícil convertirse en el nuevo líder de la región’. El fallo del Supremo complica el futuro de Puigdemont, el de Junqueras y ‘los esfuerzos de los partidos independentistas para formar Gobierno’. Sí, es un galimatías, un embrollo que podría terminar en nuevas elecciones, añade Stothard.

En este punto, el NYT alude al éxito de Ciudadanos: no sólo por ser el primer partido de Cataluña sino por la debilidad del PP, que ha dejado a Rajoy ‘con menos libertad para maniobrar’. El propio ‘Gobierno minoritario de Rajoy depende de su apoyo en Madrid’, escribe Minder. Coincide con The Economist: el triunfo del partido de Arrimadas fue ‘un golpe simbólico’ a la causa independentista, mientras el PP fue ‘aplastado’ el 21-D.

Así, los próximos pasos y este año que comienza ‘no va a ser mucho más fácil’ que el anterior, añade la revista, que tiene unas cuantas frases para pensar, para apretarse los machos y para esperar sensatez. Dice The Economist: 1. “El empresariado catalán está desesperado por que los separatistas renuncien a su vía unilateral a la independencia’; 2. ‘Hay una palpable fatiga en el movimiento independentista’; 3. ‘La probabilidad es que en 2018 el caso catalán experimente una mutación de agudo a crónico’. Es que aunque Rajoy quisiera ceder en algo, que no, Ciudadanos no le dejaría.

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