Monitor del Seguro

Los dos grandes com­po­nentes del se­guro, Vida y Autos, mo­deran su cre­ci­miento

Retroceso o estabilización, esa es la cuestión

2018 será un ejer­cicio de ‘más de lo mismo’ en el sector ase­gu­rador

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Se venía venir en ve­rano, y al final se ha con­fir­mado. El sector ase­gu­rador acabó 2017 con un des­censo de los in­gresos por la venta de pó­li­zas. En to­tal, la fac­tu­ra­ción sumó 63.392 mi­llo­nes, un 0,7% menos que un año an­tes. De ese im­porte, 33.992 mi­llones co­rres­pon­dieron a No Vida y 29.401 mi­llones a Vida. En el primer caso el in­cre­mento fue del 3,94%, mien­tras que en el se­gundo se pro­dujo un des­censo del 5,57%. Es de­cir, el se­guro de Vida ha flo­jeado y el avance de No Vida no ha po­dido com­pen­sarlo.

Pero el sector no se muestra por ello decepcionado. Ni mucho menos. La secretaria general de Unespa, Mirenchu del Valle, en la reciente jornada ‘Perspectivas del Seguro y la Economía para 2018’, organizada por ICEA (Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras y Fondos de Pensiones), recordaba que el ejercicio 2016 fue histórico: “Todos éramos conscientes de que era imposible mantener las elevadas tasas de crecimiento que produjo, y es por ello que estas cifras saben a mucho. Lejos de trazar el perfil de un sector estancado o que pierde terreno, lo que marca es el perfil de un sector que ha sido capaz de mantener los grandes avances de meses anteriores, y eso tiene un gran valor. Estas cifras son, por lo tanto, testigo de la consolidación de procesos de creciente importancia social y económica del seguro”.

Ni siquiera la evolución del seguro de Vida, uno de los dos grandes componentes de la actividad del seguro (junto al de Autos), es un elemento desalentador. Entre otras cosas porque al sector no le gusta medir este negocio en primas (no al menos cuando caen), sino en ahorro gestionado, y este sigue aumentando; lo hace a un ritmo del 3,2% hasta los 183.519 millones de euros. Aunque también es cierto que el avance ha sido mucho más moderado que un año antes, en concreto prácticamente la mitad (5,98% en 2016). ¿Y qué nos espera en 2018? Pues pocos cambios respecto a los resultados del ejercicio precedente, ya que tampoco se esperan novedades en la evolución de los tipos de interés, que se mantendrán en mínimos, lo que afecta especialmente a esta clase de productos, sobre todo en su componente de Ahorro.

En este contexto de bajos tipos de interés se espera, además, que continúen proliferando productos como los unit linked, que transfieren el riesgo de la inversión de la aseguradora al asegurado. Pero también será 2018 el año de las rentas vitalicias. Unespa ha anunciado que en este ejercicio el sector va a hacer un esfuerzo por explicar y difundir estos instrumentos de ahorro complementario a la pensión pública de cara a la jubilación. Con todo ello se esperan este año crecimientos moderados del negocio. Según Andrés Romero, director general de Santalucía, Vida Riesgo podría incrementarse un 5%, mientras que el ahorro en Vida y Pensiones podría crecer en torno al 4%.

Las políticas monetarias condicionan la cartera de productos, y también las cuentas del sector. De momento el seguro español mantiene la rentabilidad (con datos a septiembre de 2017), pero cada vez es más difícil: “Es evidente que el entorno financiero no es el mejor de los posibles y que el gran reto del seguro de Vida es cómo conseguir ser atractivo e ilusionar al mercado cuando desde el flanco financiero del negocio son tan pocas las buenas noticias que llegan”, explican desde Unespa, asociación que advierte de que pese a los buenos resultados cosechados por la industria en los test de estrés, no hay que bajar la guardia ni establecerse en el falso optimismo.

El negocio de Vida, además, continuará presionado por la existencia de otro tipo de riesgos, como el aumento de la longevidad, que, según se explica en el informe ‘Panorama Económico y Sectorial 2018’ del Servicio de Estudios de Mapfre, seguirá transformando la dimensión del riesgo de suscripción de las aseguradoras debido fundamentalmente a la creciente incertidumbre sobre las posibilidades del aumento de la longevidad en el medio y largo plazo. Este impacto es positivo en el caso de los seguros de Vida Riesgo, y negativo en los ligados a las rentas vitalicias tradicionales.

Respecto a los seguros generales, también se ha constatado una desaceleración. Crecen a un ritmo del 3,94% frente al 4,49% de 12 meses antes. En este grupo de productos encontramos al segundo gran componente de la actividad aseguradora junto al negocio de Vida, el seguro de Autos, que justamente es el que más ha ralentizado el crecimiento, con un avance en el año del 3,37% (5,11% en 2016). Estos seguros son los que tienen más peso de entre los ramos de No Vida, con 10.922 millones en primas. Unespa también interpreta estos datos de forma positiva. Considera que la moderación en el crecimiento “parece sugerir una estabilización del sector después de unos años de rentabilidad comprometida”.

De hecho, con datos a cierre del tercer trimestre de 2017, se ha producido un rebote de la rentabilidad del seguro de Autos obligatorio, rentabilidad que llegó a desaparecer en 2015. Desde la Asociación Profesional del Seguro consideran que la amenaza de que el ramo vuelva a estar en ese escenario de rentabilidad comprometida “está cuanto menos cauterizada, gracias entre otras cosas al apoyo que aporta el otro componente del seguro, que sabe combinar un nivel de servicio de muy alta calidad con una rentabilidad estable”.

En cualquier caso, se espera que el ritmo de crecimiento del sector se siga ralentizando en 2018. Según David Capdevila, consejero delegado de Plus Ultra, el avance en Autos será de en torno al 2,5%. Se espera, además, una mayor competencia y como consecuencia una reducción de la prima media y un incremento de la rotación de la pólizas.

Este negocio se enfrenta, además, a otro tipo de riesgos e incertidumbres que marcarán su devenir este año y los siguientes. Entre ellos, está por ver el efecto sobre la siniestralidad y las primas de la proliferación del uso de sistemas avanzados de asistencia al conductor; el mayor empleo de sistemas de conducción autónoma, o casi autónoma; y la demanda de los seguros basados en uso (UBI). Según el Servicio de Estudios de Mapfre, “esta tendencia evolutiva afectará al perfil de riesgo de suscripción en el seguro de Automóviles, y colocará en una nueva dimensión a los riesgos tecnológicos que enfrentarán las entidades aseguradoras especializadas en este ramo de aseguramiento”.

Del análisis de lo que ha ocurrido en 2017 en los dos principales elementos del negocio asegurador se deduce que el sector, aunque menos, sigue creciendo, y que retos a los que enfrentarse este año no le va a faltar, siendo especialmente delicada la situación del seguro de Vida en un entorno de tipos de interés bajos.

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