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Choteo: Si Trump gobierna por Twitter, ¿por qué Puigdemont no por Skype?

‘Vaya, vaya. Oriol, muy di­ver­tido. Pero se­guro que no po­déis aguan­tar? No te­nemos ni idea de cómo se re­ci­biría mi vuelta. No te­nemos pla­nes. Podría acabar en una far­sa’.

Puigdemont y Junqueras
Puigdemont y Junqueras

Todavía no hay apuestas in­ter­na­cio­nales para ver quién ga­nará al final la ca­rrera de la in­sen­satez y la cha­la­dura, si Trump o Puigdemont. Pero todo se an­dará, tal como llevan las cosas uno y otro. Ambos hacen mé­ritos a dia­rio, aunque el uno puede acabar con el mundo tal cual es y el otro sólo puede des­truir Cataluña, que ya es bas­tante y casi lo está con­si­guiendo. Mientras, en ambas ori­llas del Atlántico se están to­mando a chanza cada vez más co­rro­siva y sar­cás­tica la in­ves­ti­dura vía Skype.

El último medio internacional en triturar con ironía la grotesca ocurrencia es Financial Times con la transcripción este fin de semana de una conversación entre Puigdemont desde Bruselas y Junqueras desde Estremera. No tiene desperdicio el diálogo para besugos, totalmente inventado pero perfectamente verosímil en su surrealismo esperpéntico. Hasta el título juega con la fonética: ‘La larga Skype a la libertad por Cataluña’, o la larga escapada a la libertad por Cataluña.

Lo más serio del artículo de Henry Mance, corresponsal político de FT, es el subtítulo, que anuncia la socarronería del texto completo: ‘Una débil conexión obstaculiza los intentos del líder separatista de gobernar desde el exilio’. Y es que la llamada de CP (Carles Puigdemont) o OJ (Oriol Junqueras) se interrumpe constantemente, al fallar la conexión a los tres segundos, o a los seis… Y aunque luego consiguen hablar, no logran entenderse…

CP: Bon dia, compañeros de Govern. Estoy tan feliz de liderar nuestra tranquila ruta a la indepen… OJ: President, creemos que deberías dar un paso atrás. CP: ¿Un paso atrás? ¡No! ¡Nunca! OJ: Sólo se te ve la mitad de la nariz CP: ¿Y ahora? OJ: Entera. CP: La habitación de este hotel es demasiado pequeña. Es como si estuviera en prisión. OJ: ¿De verdad? CP: Bueno, no literalmente, Oriol. Pero sí en espíritu. ¡No has estado en Bruselas en enero? Me gustaría que pudieras disfrutar estos emocionantes días de nuestra Cataluña independiente. OJ: Parece que todavía somos parte de España…

Y así continúa la charleta, con más interrupciones por batería baja y porque se mueve la cámara en manos de la CUP (alusión al Parlament). Hasta que el ex president corta por lo sano y tiene la solución definitiva:

CP: La tecnología creará uno o dos desbarajustes, pero si Donald Trump puede gobernar vía Twitter… OJ: No creo que ese debiera ser nuestro modelo. CP: Oriol, te estás viniendo abajo. OJ: Todos, Carles, todos, y tú deberías estar aquí con nosotros. En Cataluña.

Al final votan entre los consellers incluso con la oposición de Puigdemont. El resultado es 9-0 para que el presidente regrese a Cataluña… CP: Vaya, vaya. Oriol, muy divertido. Pero seguro que no podéis aguantar? No tenemos ni idea de cómo se recibiría mi vuelta. No tenemos planes. Podría acabar en una farsa. OJ: Puede, amigo mío, pero ¿quiénes somos nosotros para desafiar la voluntad del pueblo?

Y de pronto se corta la comunicación del todo, y el periodista recomienda que se recargue la cuenta de Skype…

Es la segunda vez que FT utiliza la parodia de una conversación para despellejar el camino ilegal y unilateral emprendido por los separatistas. Hace dos meses, el diálogo fue entre Puigdemont y un ayudante en un restaurante de Bruselas. El autor del texto fue Robert Shrimsley, nada menos que director editorial del diario de la City y que parece que le ha pillado gusto al éxito de caricaturizar a los padres del secesionismo, tanto a los fugados como a los encarcelados.

Entonces, el artículo comparaba con sorna a Puigdemont con Gandhi, De Gaulle y Mandela, y parece que se lo han creído: de hecho ha sido el propio Junqueras quien hace días citó al ex presidente sudafricano como argumento para salir de prisión. Aquel diálogo sobre qué hacer al principio de la huida se mantuvo entre plato y plato, copa y copa. Empezó Puigdemont pidiendo escabeche y terminó así: ‘Pásame la mantequilla’.

Al otro lado del charco, la revista liberal digital Slate no es tan hiriente y cínica, y hasta le concede al ex president una primicia mundial: ‘Nadie ha sacado nunca adelante algo como lo que está intentando Puigdemont, gobernar un lugar sin estar físicamente presente’. Pero le para los pies: de la investidura sólo no se vive, y ‘como es improbable que España retire las acusaciones contra Puigdemont en un futuro cercano, tendrá que gobernar vía Skype y por email indefinidamente’.

Slate cuenta, y ahí está la fina ironía del autor del artículo, Josua Keating, con que el avance de la tecnología permite imaginar situaciones impensables antes. Cita al primer ministro de Noruega que tuvo que quedarse en Nueva York al no poder regresar al país por una gigantesca erupción en Islandia en 2010: dio instrucciones por iPad durante unos días. Añade Keating: ‘Pero gobernar es más que comunicarse o pronunciar discursos’.

La verdadera situación es la siguiente: ‘Cataluña es una región políticamente dividida que afronta su crisis más seria desde hace décadas, una crisis que ya esté uno a favor o en contra de la independencia, él el en gran manera responsable de haberla creado’. Para Slate, está claro que los ciudadanos de Cataluña no se van a apaciguar con un presidente en fuga de la Justicia y que existe en su región sólo en forma de presencia espectral, digital’.

Ahora bien, hay una solución, y es el regalo envenenado de Slate que aplasta definitivamente a Puigdemont: quizás debería invertir ‘en uno de esos robots de telepresencia que usa Edward Snowden para moverse por ahí’.

Snowden, refugiado en Moscú porque le persigue EEUU tras su gigantesca filtración de documentos oficiales secretos de la Seguridad Nacional, suele aparecer de cuando en cuando en foros internacionales. ¿Cómo? En forma de una especie de cortacésped con sus ruedas y todo para moverse por el escenario y que en lugar de manillar en la parte de arriba tiene una tablet en cuya pantalla aparece el antiguo empleado de la CIA. El aparato se llama Snowbot.

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