Monitor de Latinoamérica

El nuevo pre­si­dente quiere re­ajustar la fis­ca­lidad y elevar la in­ver­sión ex­tran­jera

Piñera pone el foco en el crecimiento y las infraestructuras

Las com­pañías es­pañolas acuden al com­pro­miso con la eco­nomía de Chile

Sebastian Piñera, presidente de Chile
Sebastian Piñera, presidente de Chile

El giro po­lí­tico a la de­recha re­gis­trado en Chile en di­ciembre con el triunfo de Sebastián Piñera ha ge­ne­rado para las firmas es­pañolas ex­pec­ta­tivas de mayor cre­ci­miento y opor­tu­nidad de ne­gocio en un país en el que siempre se sin­tieron có­mo­das, que eli­gieron de hub de in­ter­na­cio­na­li­za­ción en Latam en los 90 y en el que España es uno de los grandes in­ver­so­res. En los úl­timos años, Chile ha fre­nado su cre­ci­miento, algo que el nuevo pre­si­dente quiere en­mendar apo­yado en una de­ci­dida apuesta por las in­fra­es­truc­tu­ras.

Si bien la orientación a la economía de mercado no estaba en juego en los comicios, el triunfo de Piñera, favorito de inversores y mercados y que repite Presidencia (gobernó en 2010-14), modificará políticas concretas desde el centro-derecha tras el malestar por el bajo crecimiento en el mandato de la socialista Bachelet. Y ante el descontento por unas reformas que sembraron desconfianza, entre ellas una reforma tributaria muy criticada por los empresarios y que penalizó la inversión, y una controvertida reforma laboral.

Si bien la caída de las commodities como el cobre tuvo mucho que ver en el menor avance del PIB (como en el resto del área), las reformas habían añadido incertidumbre. Entre las propuestas de Piñera está duplicar el crecimiento actual y la creación de empleo; elevar la tasa de inversión en 3 puntos y reducir la pobreza en un tercio en cuatro años, además de crear una oficina de inversión y productividad y otra de gestión de planes inversores. “Chile necesita volver a progresar, pero progreso es mucho más que crecimiento: es desarrollo humano integral. El crecimiento es necesario, pero no suficiente”, señala el programa presidencial. No obstante, las previsiones de organismos como Cepal ya otean aceleración de la actividad: del 1,5% en 2017 al 2,8% en 2018.

Además de recobrar altas tasas de crecimiento (el PIB avanzaba a un paso del 5,4% en 2013, Piñera buscará recobrar una inversión exterior que mermó un 40% en la era Bachelet, pese a que el país recibió 108.000 millones en los últimos cinco años, lo que le sitúa entre los veinte principales destinos del mundo y reducir una deuda que se ha acrecentado fuertemente. El centro-derecha regresa, además, con un programa que incluye la revisión del gasto corriente; la reducción de impuestos empresariales; un recorte de la burocracia; una política de superávit fiscal a medio plazo y una modernización del mercado laboral, así como la firma de más pactos de libre cambio. Aunque ha prometido un reajuste del sistema tributario para simplificarlo y una ley para “perfeccionar vacíos” en los cambios laborales de Bachelet, el que haya prometido también no tocar las reformas salvo para mejorarlas, le ata las manos y podría suponer que el gasto siga al alza. Su plan fija 7.000 millones en nuevos ingresos fiscales y reducir en esa cantidad el gasto en programas estatales ineficientes.

En el plan es clave la apuesta por una infraestructura “que es el cimiento de una economía fuerte”, se dice en el programa, en el que se prevé la ejecución de una amplia red de carreteras y autopistas; modernización por re-licitación de 8 rutas; el impulso a la Nueva Ruta 5 para el siglo XXI; la construcción de 14 puentes alternativos en redes viales; la construcción de la Línea 7 de Metro y la posibilidad otro aeropuerto internacional en Concepción o Antofagasta. Los pilares del programa hunden sus raíces en una economía que invierte, innova y es competitiva; un sistema tributario simple, pro crecimiento, inversión y empleo; responsabilidad fiscal y el Programa Chile Invierte 2025. Sin embargo, Piñera, que toma posesión en marzo, no lo tendrá fácil en un Congreso en el que los partidos de su coalición no tienen mayoría y tendrá que pactar.

En el plano inversor, las empresas españolas mantuvieron su confianza en Chile en la etapa Bachelet, pese al menor crecimiento, especialmente en 2017, año en el que Abengoa fue seleccionada por Codelco para el desarrollo del montaje electromecánico de la mina El Teniente, además de adjudicarse la construcción otra línea de transmisión en Antofagasta y las ampliaciones de tres subestaciones de alta tensión en Valparaíso. OHL se adjudicó un contrato en el yacimiento de cobre El Teniente y Sacyr elevó su presencia con un contrato para la red de media y baja tensión en las regiones IV, V, VII, VIII y IX.

Acciona se hizo con el suministro de 506 GWh anuales y Cox Energy, con el suministro de electricidad de 140 gigavatios hora anuales por 20 años, acrecentando la apuesta por las renovables en Chile, donde Abengoa también ejecuta proyectos. Mientras, Alsa anunciaba que competirá por hacerse con la explotación de algún corredor de transporte de Santiago y Mango alcanzó las 54 tiendas. Son ejemplos que se produjeron al mismo tiempo que BBVA avanzó en su operación de salida de Chile, un país por el que empresas como Repsol, FCC, Ferrovial, ACS, Telefónica, Abertis, Santander, Mapfre, Planeta, Grifols, Iberia, Indra, Nutrexpa, Técnicas Reunidas, Telepizza o Viajes El Corte Inglés, entre muchas otras, mantienen su apuesta de futuro.

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