La re­mu­ne­ra­ción de los asa­la­riados su­pone el 47% del PIB, dos puntos menos que en 2007

La brecha entre los salarios y las rentas empresariales se agranda

La gran des­truc­ción de em­pleo apa­rece como uno de los prin­ci­pales mo­tivos

Protestas por bajos salarios
Protestas por bajos salarios

España crece a un ritmo anual por en­cima del 3%, ya por tres años con­se­cu­ti­vos. Sin em­bargo, los úl­timos datos apuntan a que la re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mica no ha lle­gado a todas las ca­pas, puesto que el nivel sa­la­rial y el poder ad­qui­si­tivo pierden peso en el PIB en favor de las rentas em­pre­sa­ria­les. Una brecha que lejos de di­si­parse sigue au­men­tando con el paso del tiempo y que no hay pre­vi­sión de que cambie en el medio plazo.

Las desigualdades siguen siendo la tarea pendiente por parte de los países de la Unión Europea, pero más aún si las miradas se centran en el territorio español. La crisis en nuestro país fue muy aguda y dañó a una población extremadamente apalancada, ahogada por créditos hipotecarios y otros préstamos, y penalizada por el hundimiento de la actividad del sector inmobiliario, cuya insostenibilidad se trasladó en el impago de esas deudas y en la posterior ejecución de desahucios absolutamente desoladores.

Después del sangrado constante de la crisis financiera llegó la recuperación en términos generales. Dos años superando la cota del 3% y si nada cambia 2017 se podría crecer sobre el 3,2%, tal y como confirman las casas de análisis y como también señaló el gobierno recientemente. La actividad se encuentra en uno de los momentos más álgidos, aunque lo cierto es que hay datos que a las clases medias siguen preocupando.

Entre otras cosas, porque parece que la mejora de la economía no se está traduciendo en unos sueldos más elevados. Y es que la remuneración del asalariado medio sigue siendo a día de hoy un 6,6% con respecto a la registrada hace ocho años. Para ser más exactos, durante el segundo trimestre de este año se situó en los 8.143 euros, en comparación con los 8.726 euros del tercer trimestre del 2008, según datos de contabilidad nacional. Por tanto, todavía por debajo de lo que debiera ser en condiciones normales.

Lo que sí hay que considerar es que la evolución positiva de los salarios se mantuvo hasta bien entrado el 2009. Ahí se inició el descenso tan abrupto que perduró hasta el último periodo del 2012. Justo cuando comenzó a florecer un ligero aumento que se ha prolongado hasta el día de hoy. Pero no lo suficiente viendo la comparativa entre expansión económica del país y el ritmo de subida de los salarios.

Las empresas abren la distancia

Este aumento de la falta de correlación entre recuperación y avance salarial por debajo de lo esperado se aviva aún más si tenemos en cuenta cómo los rendimientos de las empresas han aumentado su peso dentro del PIB español. Y es que los dos puntos que se han esfumado en cuanto a las retribuciones de los españoles han aterrizado en las rentas empresariales. Estas, han pasado de acumular el 41% del Producto Interior Bruto, hasta el 43%.

La desigualdad avanza con paso firme y constante en un momento en el que el nivel de desempleo sigue descendiendo, por debajo ya del 18%, pero que no se traduce en un aumento de los salarios consistente acorde con la escalada de los beneficios empresariales o del precio de la compra-venta y alquileres de vivienda. Se están quedando bastante rezagados e incluso los organismos europeos lo señalan dentro de sus intervenciones.

Pese a que la inflación no está apuntando a niveles altos, el enquistamiento de los salarios en detrimento de las empresas puede llegar a preocupar. La amplia mayoría de las compañías cotizadas dentro del índice de referencia del mercado español, el Ibex 35, cerraron el año con ingresos, beneficios, generación de caja y ebitda por encima de lo esperado. Números que no se han trasladado de una manera más equitativa a las rentas medias y bajas.

Por otro lado, el peso de los impuestos netos sobre el PIB se ha mantenido estable en este tiempo, ubicándose en el 10%. De esta manera, la falta de equilibrio sólo la encontramos en esos dos puntos: rentas empresariales y salarios de los españoles.

En los últimos diez años, la participación de las rentas laborales en la economía española consigue su máximo esplendor en el último trimestre del 2009. Momento en el que llegó hasta el 51% del PIB. Después, inició un descenso hasta el mínimo de 2012, en el 46%.

Entre los motivos de esta brecha se podría encontrar la reducción el fuerte proceso de destrucción de empleo que azotó a la economía de España en los años de recesión, en los que se despidieron a más de tres millones de personas. De ahí falta por generar otros 1,5 millones de puestos de trabajo para llegar a niveles de pre-crisis. Pero si no llega la subida de las retribuciones, se mantendrá la misma espiral.

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