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El Brexit blandiblú, los kurdos catalanes y cable de Microsoft, Facebook y Telefónica

Marea era ne­ce­sario para di­ver­si­ficar la trans­mi­sión de datos en el Atlántico Medio, es­pe­cial­mente por si hay hu­ra­canes en otras ru­tas’

Google, Facebook y Apple
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Ni Brexit blando ni Brexit duro. Lo que ofreció este fin de se­mana en Florencia la pri­mera mi­nistra bri­tá­nica Theresa May es un Brexit blan­di­blú. O mejor blan­di­blub, en la grafía y fo­né­tica ori­ginal es­pañola con toque in­glés del ju­guete nor­te­ame­ri­cano Slime de Mattel, que hace años arrasó y que ha vuelto a en­can­dilar a los me­no­res.

El esperado discurso de May no defraudó las expectativas y fue más cercano y conciliador con Bruselas de lo que muchos pudieran haber imaginado.

Ya sea por táctica para apuntalar su liderazgo en un Gobierno tan dividido por el Brexit que ha hecho mella en su autoridad. Ya sea por necesidad ante un atasco que alarga todo y perjudica también a todos. O ya sea por convencimiento, según algunas versiones que siempre han creído que May iba a dar largas para que el Brexit se diluyera. El caso es que la hoja de ruta que dibujó en Florencia ha sido recibida en la UE con más calidez de lo que se presumía. Una línea de acción con ‘espíritu constructivo’, según Michel Barnier, el negociador jefe de la UE para el Brexit.

Todas las primeras planas de la prensa británica, por supuesto, y muchas en Europa destripan el discurso y sus implicaciones. Para empezar, Londres acepta la versión más suave del Brexit: una transición ‘de alrededor de dos años’, que también podrían ser más. Es decir, que llegaría eventualmente a los tres o cuatro que viene pidiendo el ministro de Economía Philip Hammond, respaldado y empujado por los empresarios que temen un aterrizaje brusco.

De esta forma, Reino Unido se iría de la UE en marzo de 2019, como está previsto, pero de facto seguiría dentro como poco hasta 2021 ‘en todo menos en el nombre’, como destaca Financial Times este sábado.

En segundo lugar, la factura. May tuvo buen cuidado de no ofender, y no habló de cifras en ningún momento. Mencionar los 20.000 millones de euros como pago a la UE por irse habría sonado a soborno, a compra de libertad. Y habría dejado a los europeos como peseteros. El Brexit no es como pagar la factura del restaurante y ya está. Es lo que Bruselas viene diciendo una y otra vez, que se trata de ver y analizar los compromisos adquiridos.

Por lo bajini, funcionarios británicos repitieron en Florencia la cifra de 20.000 millones, pero The Times titula a toda primera plana con más del doble: ‘May acepta una factura de 40.000 millones de libras por el Brexit’. Es otra filtración de otros funcionarios.

Una cifra que también se queda corta de las estimaciones de los eurócratas al otro lado del Canal de La Mancha, que después de estudiar todos los capítulos y todos los apartados calcularon que el coste de la salida le saldría al Reino Uno por entre 60.000 y 100.000 millones de euros. En cualquier caso, el discurso de Florencia puede haber abierto de nuevo la puerta a unas negociaciones serias, sin las presiones y las urgencias de unos y otros.

Urgencias como las que en otro asunto de actualidad están precipitando los acontecimientos. En Cataluña, por ejemplo. O en el Kurdistán iraquí, también por ejemplo. Los kurdos han convocado para este próximo lunes un referéndum de autodeterminación. Una aspiración largamente ansiada. Pero hasta en medios tan receptivos como The Guardian se considera que en las actuales circunstancias de inestabilidad de la región el referéndum presenta ‘riesgos reales’, como señala en un editorial.

Otro editorial en The Wall Street Journal sobre el referéndum kurdo va a doler en Barcelona. Es un medio teóricamente más receptivo a Cataluña como región más rica y avanzada de España, en contraste con las penalidades iraquíes. Pero rechaza el referéndum kurdo en unos términos escalofriantes. Escalofriantes para Puigdemont y los secesionistas catalanes.

Al editorial de The Wall Street Journal en su edición de este fin de semana le basta el titular y un primer párrafo para desbaratar la locura separatista catalana. Es una pirueta en la que mezcla los dos referéndums, el kurdo del lunes y el de Puigdemont el 1-O. El título es el siguiente: ‘El sesgo catalán de los kurdos’.

Y el primer párrafo, con un imponente zasca al Govern, reza así: ‘¿Quieren los kurdos de Irak un estado independiente, autosuficiente y reconocido internacionalmente, o un agravio para quejarse permanentemente, los catalanes en España?’.

La demolición en el WSJ del delirio separatista de Puigdemont y los suyos es así de rápida. Pero mucho más rápido es el servicio de telecomunicaciones presentado este viernes en Williamsburg, Virginia. En un acto ceremonioso sin pretensiones presidido este viernes por el gobernador Terry McAuliffe y por los senadores Mark Warner y Tim Kaine, se ha anunciado oficialmente que el supercable submarino Marea ha llegado a la otra orilla.

‘Os digo que esto es el futuro’, dijo McAuliffe en lo que los norteamericanos llamarían un ‘understatement’. La prensa norteamericana, empezando por la omnipresente agencia Associated Press, cuenta la hazaña de Marea, o ‘tide in Spanish’, en la traducción que AP y otros medios hacen para que todos sepan que el supercable es el más rápizo y más avanzado del mundo. Y que va desde Bilbao (realmente es Sopelana, pero para EEUU redondean con el nombre más conocido) hasta Virginia Beach.

Son 6.600 kilómetros, 4.000 millas, a una media de 5.000 metros bajo la superficie del mar. Entrará a prestar servicio ya mismo, en 2018, y entonces se multiplicará la capacidad de comunicaciones entre Europa y América, y de allí a África, Oriente Medio y resto del mundo se multiplicará. Marea permite una transferencia de datos de 160 terabytes por segundo. Para hacerse una idea: 16 millones de veces más rápido que la conexión domética de internet. O para hacerse otra idea: capaz de enviar simultáneamente 71 millones de videos de alta definición.

Marea es un proyecto conjunto de Microsoft, Facebook y Telefónica a través de Telxius, su filial de infraestructuras de telecomunicaciones. Como dijo en el acto Brad Smith, presidente de Microsoft, ‘es parte de las infraestructuras del siglo XXI’. Por su parte, Erin Egan, vicepresidente de información de Facebook para EEUU, recordó que sin lugar a dudas, Marea batirá todos los récords trasatlánticos de capacidad y velocidad.

Y Rafael Arranz, director de Operaciones de Telxius, subrayó que Marea se ha tendido en una ruta submarina más al sur que la tradicional. Como escribe oportunamente Tara Bozick en el Daily Press de Newport News, ‘Arranz dijo que Marea era necesario para diversificar la transmisión de datos en una ruta del Atlántico Medio, especialmente por si hay huracanes en otras rutas’.

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