GEOPOLÍTICA

A una amenaza global, respuesta global

El se­cre­tario ge­neral de la Alianza Atlántica, alar­mado por causa de Rusia y Corea del Norte

Jens Stoltenberg
Jens Stoltenberg

El se­cre­tario ge­neral de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, hizo un lla­ma­miento, en una en­tre­vista con la BBC del pa­sado do­mingo, a que la OTAN se una a “una res­puesta glo­bal” a “la ame­naza glo­bal” lan­zada por Corea del Norte con su ex­pe­ri­men­ta­ción de lo que, con toda se­gu­ri­dad, fue una bomba ter­mo­nu­clear que hizo es­ta­llar el pa­sado 3 de sep­tiem­bre, in­cre­men­tando su po­ten­cial de ame­naza contra Estados Unidos y sus aliados (particularmente Japón y Corea del Sur). Esa ex­plo­sión sigue al lan­za­miento, el pa­sado día 3, de un misil in­ter­con­ti­nental capaz de al­canzar el te­rri­torio de los Estados Unidos.

El comandante de las fuerzas estratégicas de Corea del Norte declaró a principios de mes que estaba aguardando órdenes “para completar los preparativos de envolver en fuego a la isla de Guam”, territorio de los Estados Unidos. Pyongyan, por boca de su embajador en la ONU, ha anunciado que su gobierno tiene preparados más ‘paquetes de regalos’ para la superpotencia norteamericana.

Stoltenberg había denunciado dos días antes “una Rusia más imperiosa”, en referencia a las gigantescas maniobras militares (de una serie anual denominada ‘Zapad’, Occidente en ruso) que comenzarán el próximo jueves en territorio de Belorrusia, con la participación, según estiman los miembros de la OTAN vecinos de Rusia, de cien mil efectivos, mientras que Moscú sostiene que sólo participarán menos de 13.000. Reconocer un número superior obligaría a Rusia a admitir observadores internacionales, incluso con derecho de sobrevuelo, en cumplimiento de acuerdos bajo la esfera de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa.

Aunque Rusia no tiene un interés particular en que Corea del Norte desarrolle una fuerza de disuasión nuclear, le viene admirablemente bien que Pyongyang la desarrolle, pues refuerza su diplomacia ante Occidente, el cual deposita alguna esperanza de que Moscú puede refrenar la belicosidad del régimen norcoreano.

En días previos al pasado sábado se especulaba en Occidente que ese día, 9 de septiembre, aniversario de la República Socialista de Corea del Norte, Kim-Jon Un, el líder norcoreano, ordenaría celebrarlo con el lanzamiento de otro misil u otro experimento nuclear. No hubo novedad. El líder de Corea del Sur, Moon Jae In, y el de Japón, Shinzo Abe, se habían entrevistado con Putin, entre los días 6 y 7 se septiembre, en Vladivostok, con motivo del Foro Económico Oriental. Moon pidió al presidente ruso que ayudase a ‘domar’ Corea del Norte.

Putin, sin embargo, parece tomarse todo este asunto con escepticismo. No ha dado muestras de alarma por los avances nucleares de Corea del Norte, y cree que las sanciones que Washington ha pedido contra Pyonyang no van a servir de mucho, y en su lugar recomendó ‘diplomacia’.

Aconsejando calma, Putin se apunta un tanto sobre la excitación que mostró el presidente Donald Trump cuando supo del avance nuclear norcoreano, prometiendo arrojar “fuego y furia”, y avisando que sus armas ya estaban “cargadas y amartilladas” contra Pyonyang, causando gran alarma a su aliada Corea del Sur, que sufriría más que cualquier otra potencia las represalias norcoreanas contra cualquier ataque. Esas represalias afectarían también a los millares de soldados norteamericanos desplegados en Corea del Sur.

¿En quién se puede apoyar la diplomacia norteamericana para que le ayude a refrenar la agresividad norcoreana? Rusia sólo está interesada en cobrar a Occidente un alto precio para avenirse a ejercer influencia sobre Pyongyang. Influencia, no presión.

Sabe que Corea del Norte es capaz de sacrificar algunos millones de sus ciudadanos para lograr su objetivo de dotarse de un arma nuclear de valor estratégico, tal como se permitió hacer en los pasados años ‘noventa’. Por otro lado, el uso del comercio como arma de presión promete pocos rendimientos, como limitados son también los intercambios entre los dos países.

Estados Unidos ha pedido que China sancione a Corea del Norte con la suspensión de sus exportaciones de combustibles líquidos. Esta presión es difícil de instrumentar por dos razones: primero, lo que Pekín pediría a cambio sería la retirada del sistema norteamericanos de misiles antimisiles instalados en Corea del Sur, porque perjudican al propio sistema disuasorio de China basado en misiles intercontinentales; pero esto es algo que perjudicaría las relaciones de Washington con Seúl y Tokio. Y segundo: porque la única presión económica con efecto inmediato sobre Corea del Norte, el embargo de las exportaciones chinas de combustibles líquidos, dejaría de ser efectiva en muy pocos años, a medida que Pyonyang desarrolle la fabricación de combustible líquido a partir de sus grandes reservas de antracita, consideradas las mayores del mundo.

Corea del Norte exportó a China, en 2015, 25 millones tn. de antracita, y la merma resultante de las sanciones impuestas en 2016 por resolución de la ONU producen en Corea del Norte un ahorro de ese mineral suficiente para fabrica con él los hidrocarburos que necesita; solo tiene que licuar 7 millones de tn. de antracita para conseguirlo. Cuestión de poco tiempo.

Volviendo a Stoltenberg: el mundo se ha vuelto tan peligroso, que la diplomacia internacional parece haberse perdido en una cadena circular de amenazas y vías sin salida.

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