Nadal ha avi­sado que no se re­ba­jará la fis­ca­lidad del ac­tual parque nu­clear

Las tres subastas de renovables cerraron la central de Garoña

El Gobierno ha au­to­ri­zado cons­truir 8.737 MW de energía verde frente a los 466 MW de la cen­tral bur­ga­lesa

garoña
La central de Garoña es historia.

El de­bate del cierre de Garoña ha sido flor de un día y todas las fuerzas po­lí­ticas y so­ciales han pa­sado pá­gina a gran ve­lo­ci­dad. La cen­tral más lon­geva del parque nu­clear es­pañol y más pe­queña de las ocho -tan solo 466 me­ga­va­tios de po­tencia ins­ta­lada- ha sido ce­rrada por dos mo­tivos bá­si­cos. Primero, porque no cau­saba grandes pro­blemas su clau­sura en el mix ener­gé­tico. Y se­gundo, porque el nuevo desa­rrollo de las re­no­va­bles per­mite pres­cindir de esta ins­ta­la­ción.

Diferente situación habría sido si el nuevo programa energético que Bruselas exige para cumplir con los compromisos de CO2 no estuviera basado esencialmente en el desarrollo de las energías verdes. Por otro lado, Alemania y Francia, tienen aprobados planes para, el primero, cerrar todos sus reactores en marcha y, el segundo, para precintar en ocho años hasta 17 centrales de las 58 instalaciones que posee. En Francia, la energía nuclear representa el 75% de la generación eléctrica y, con este recorte, se reducirá al 50%.

El ex presidente François Hollande aprobó en 2016 una ley en la que se aprobaba un recorte drástico del parque nuclear y esa decisión ha sido ratificada por su sucesor Emmanuel Macron. Y Alemania ha pasado de ampliar el periodo de vida útil de su parque a cerrar todas las instalaciones.

En el caso de España, el cierre de Garoña no quiere decir que sea el principio del fin de la era nuclear, pero sí que supone un giro en la futura planificación energética que el Gobierno de Mariano Rajoy quiere aplicar, basado principalmente en las energías renovables.

8.737 MW nuevos de renovables

La reciente subasta que acaba de adjudicar el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital supondrá aumentar considerablemente el parque verde, si se construye toda la potencia aprobada- se autorizaron 5.037 megavatios de energías renovables -3.909 MW fotovoltaicos y 1.128 MW eólicos-. A ello hay que sumar también los 3.000 MW autorizados de la segunda subasta y los 700 MW de la primera. En total, se han aprobado unos 8.737 MW nuevos de energías renovables, una potencia que supera incluso en casi 1.000 megavatios los 7.864,7 MW instalados en energía nuclear, incluida la propia Garoña.

Por tanto, el cierre de la central burgalesa no crea un problema en la actual estructura energética pero, en cambio, el presidente Mariano Rajoy, se quita el marrón de encima que tenía por la presión de los partidos políticos, básicamente de Ciudadanos, PNV y PSOE, y de la eléctrica Iberdrola -propietaria al 50% de la instalación junto con Endesa-.

Esta decisión afecta a Garoña pero no presupone un precedente para posibles nuevos cierres, ya que lo que se pretende es ampliar el periodo de vida útil de las siete centrales que están operativas más allá de los 40 años. Además, las centrales que restan tienen una potencia instalada muy superior, pues todas superan los 1.000 megavatios, frente a los 466 MW de Garoña.

Garoña no es equiparable al resto

Y es que, no es lo mismo cerrar un reactor que lleva ya 46 años de vida y en el que había que realizar unas fuertes inversiones -se estimaba que se tenían que invertir unos 200 millones de euros-, que dar carpetazo al resto, mucho más moderno en cuanto a tecnología y en cuanto a potencia instalada. El ministro de Energía, Álvaro Nadal, ha advertido que el cierre del parque nuclear supondría encarecer las tarifas eléctricas domésticas del orden de un 25%.

Las otras dos centrales que se han cerrado han sido José Cabrera-Zorita -clausurada en marzo de 2006-, la primera del parque nuclear español que se había construido en 1969 y Vandellós I. La retirada de la licencia de Vandellós I se debió a un incendio que se produjo en octubre de 1989 en la sala de turbinas, calificado entonces de nivel 3, y considerado como el accidente más grave producido en la historia nuclear española. Su cierre definitivo se produjo en 1990.

Nadal: “Se mantendrá la fiscalidad de las nucleares”

Nadal ya ha anticipado también que no habrá una bajada en la fiscalidad que exigen las eléctricas propietarias del parque nuclear -Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa y EDP- para poder ampliar su vida hasta los 60 años. “El Gobierno no va a permitir que eso ocurra. Los impuestos están muy bien calculados y no van a subir ni a bajar”, ha señalado.

En el caso de la central de Garoña, suponía actualmente una piedra en el zapato del Gobierno de Rajoy por lo que el Ejecutivo ha optado por la vía más fácil y sin ningún coste político. Rajoy y Nadal se han quitado un problema de encima y han claudicado ante las presiones Ciudadanos, PNV y PSOE.

La tercera subasta de las renovables y la celeridad con la que se ha producido -en mayo se subastaron 3.000 megavatios y dos meses después se han adjudicado otros 5.037 MW- llevaba toda su intención por parte del Ejecutivo. No solo se buscaba calmar las aguas políticas del pacto para aprobar los Presupuestos de 2017 y 2018, sino contentar también al sector fotovoltaico que se había sentido marginado respecto a la tecnología eólica.

Por tanto, sobre el cierre de Garoña ha pesado mucho la presión política, pero la nueva apuesta de Bruselas por las renovables de cumplir con los objetivos de CO2 y la necesidad del Gobierno de llegar a 2020 con el complimiento de que un 20% de la energía que se genera y consume sea de origen verde han llevado también a ello. “Garoña es una excepción en la planificación. En los años que lleva parada, se ha constatado que no ha supuesto ninguna repercusión en el sistema”, ha subrayado el propio Ministerio de Energía.

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