DESDE EL PARQUET

Bayer, período de incertidumbre

La in­dus­tria far­ma­céu­tico se pre­sen­taba a prin­ci­pios del ejer­cicio como una de las grandes re­fe­ren­cias sec­to­riales con mayor po­ten­cial. Con el paso del tiempo, sin em­bargo, ha ido per­diendo fue­lle.

Las dificultades de Trump para acabar con el sistema de salud implantado por Obama y las presiones para obligar al sector a bajar los precios de los medicamentos son algunos de los factores que han frenado su proyección alcista.

Este último punto es el que quizá genera mayor preocupación. Recientes informes especializados apuntan a un recorte de las previsiones de ventas globales en los próximos cinco años.

Los cálculos hablan de un descenso en cerca de 400.000 millones de dólares para ese período debido al control público y la presión social para incentivar los genéricos. Una situación que está llevando a una situación límite a algunas compañías y está pasando factura a su cotización en Bolsa, alentando la constante rumorología en torno a posibles fusiones.

La única salida, señalan los expertos, es una fuerte apuesta por el I+D que sirva para continuar sacando fármacos de última generación y más eficientes a pesar del alto coste que eso supone. Este año será crítico en cuanto a la caducidad de patentes. Una de las más sonadas será la pérdida de derechos del gigante Pfizer sobre sildnafilo, más conocido como Viagra.

Entre las cotizadas españolas, en estos días ha destacado el anuncio de Bayer a la CNMV respecto a la aprobación de la UE para uno de sus productos destinado al tratamiento sistémico de segunda línea de cáncer de hígado, uno de los cánceres más letales. El grupo refuerza así su gama de productos en busca de impulsar sus cuentas.

El Ebitda a cierre del primer semestre creció apenas un 1,1% hasta alcanzar los 2.963 millones de euros, aunque ligeramente por encima de las expectativas del consenso del mercado. También cabe destacar los esfuerzos por rebajar su apalancamiento. La deuda financiera se ha reducido ya hasta los 9.400 millones en su objetivo de reducirla este año hasta poco más de 8.000 millones.

Con todo, la presión alcista experimentada por el euro ha terminado por debilitar el balance de la compañía en el segundo trimestre, obligando al gigante farmacéutico a reajustar de nuevo a la baja las previsiones para final de año después de haberlas mejorado en el primer trimestre. El gigante farmacéutico europeo espera cerrar el ejercicio con una facturación superior a los 49.000 millones de euros.

En este contexto, las acciones del grupo, como las de casi todo el sector, están de capa caída y apenas mantienen una revalorización en el año del orden del 10%. Su perfil técnico además no es muy halagüeño después de haber roto a la baja el canal alcista que venía desarrollando desde finales del año pasado. Ahora se abre un período de incertidumbre, pero los accionistas confían en que tanto el sector como la propia Bayer salgan pronto del período de letargo en el que se encuentran inmersas.

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