GEOPOLÍTICA

El Visegrad Group, el tercio territorial de la UE que a veces se olvida

En Varsovia no es fácil en­con­trar una guía tu­rís­tica, pero sí una re­vista in­tere­sante

Polonia
Polonia

Es bien sa­bido: viajar ilustra mu­cho. Pero no siempre en la forma que uno desea, o la que busca ex­pre­sa­mente. Si eres tu­rista en Varsovia, te puede ocu­rrir eso. En mis pocos días de es­tancia en esa ca­pital del se­gundo país más ex­tenso de la Unión Europea más allá del Rhin, y tam­bién el se­gundo más po­blado de esa re­gión eu­ro­pea, uno hu­biese es­pe­rado que el deseo de un ex­tran­jero por co­nocer el país se vería fa­ci­li­tado por una ayuda tan ele­mental como una guía tu­rís­tica en una lengua eu­ropea oc­ci­den­tal.

Bueno, pues no. Si ese producto cultural tan prosaico existe en Polonia, yo no lo encontré en las librerías que visité en las zonas de la ciudad más frecuentadas por forasteros. Y me contenté con una guía de Varsovia, pero solo por las fotos, porque estaba impresa en polaco. Si existe en otro idioma, también lo ignoro, pues los amables libreros no lo encontraron.

Felizmente encontré algo que para mí era una pequeña revelación: la existencia de una revista dedicada a un tema al que presto mucha atención profesional: las relaciones internacionales, y en este caso especializada en un área del mundo de cuyos intríngulis político-económicos no tenemos, al menos aquí en España, una información asidua y de primera mano. La publicación se llama “Visegrad Insight”, va por el número diez, y está dedicada a un grupo de cuatro de los países más recientemente integrados en la Unión Europea: República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia.

El Grupo Visegrad (GV) se formó en 1993, precisamente para preparar la integración en la Comunidad Económica Europea, precedente de la actual Unión. Entre sus ‘padres fundadores’ estaban nada menos que Vaclav Havel, de Checoslovaquia, y Lech Walesa, dos hombres que ayudaron a sacar a sus países de la esfera soviética. Tomaron el nombre de Visegrad por ser el lugar donde hace más de seiscientos años el rey Carlos Alberto de Hungría reunió a los soberanos de esos otros territorios para establecer alguna forma de unión entre ellos. Previsiblemente con la vista puesta en cómo precaverse contra las asechanzas de los señores rusos y alemanes.

El director del ‘Visegrad Insight’, Wojciech Przybylski sintetiza así la coyuntura política actual: “Las economías del V4 han logrado sobrevivir durante los últimos años de la crisis financiera, pero dan muestras de debilitación de la energía social necesaria para recuperar los anteriores niveles de crecimiento. Una pérdida de confianza en el estado de derecho, la corrupción, las medidas activas tomadas por Rusia, así como los descorazonadores niveles de participación pública y cívica, son dificultades que necesitan ser corregidas por las nuevas estrategias de crecimiento económico de Europa central”.

Iiveta Radicova, anterior primera ministra de Eslovaquia, cree que no se ha logrado la consolidación de la democracia debido a “a la baja adhesión a valores como la solidaridad, la confianza social y en las instituciones”. Eso da lugar a que “movimientos marginales y radicales se conviertan en centrales”.

El economista Tim Gosling es pesimista sobre las perspectivas del grupo: “Existe un evidente desencanto entre las poblaciones del GV sobre los beneficios de pertenecer a la UE”. Eso, añade, “es uno más de los signos de que unas estrategias de crecimiento anticuadas no rinden lo que se esperaba de ellas”.

Dalibor Rohac, del ‘think tank’ conservador American Enterprise Institute, no está de acuerdo: “Si uno cree que la transición económica que ha tenido lugar en esta parte del mundo debió transcurrir de otro modo – quizás más gradualmente -, uno no tiene más que mirar hacia el este (Ucrania, Moldavia o Bielorrusia), para encontrar la alternativa a la terapia de choque del Grupo Visegrad”.

De todos modos, señala, los países del Grupo “no están haciendo el esfuerzo de inversión en capital humano, necesario para que su fuerza de trabajo prospere en una economía global cada vez más automatizada”.

En cuanto a banca, Daniel Rzasa, periodista ante la City londinense, señala las posturas liberales de República Checa y Eslovaquia y las nacionalistas de Polonia y Hungría. Con 82% y 98% respectivamente de su capital bancario con origen exterior, las economías de las dos primeras se comportan mucho mejor que las de Polonia y Hungría.

La revista, naturalmente, lanza su mirada sobre la periferia geopolítica del GV. Ahí está la vecindad territorial de Alemania, a la vez estimulante e intimidante ( aunque beneficiosa sobre todo para la República Checa); y la de Rusia, que a pesar de compartir con el Grupo una contigüidad muy corta (y sólo entre Polonia y Rusia), es intimidante para todo el conjunto, sobre todo después de la anexión de Crimea y el secesionismo de la parte oriental de Ucrania, a lo que hay que añadir la actividad permanente del espionaje ruso, incluso en el interior de algún servicio de seguridad.

El efecto paradójico de esa presión rusa es, como señala Dániel Bartha, director del Centre for Euro-Atlantic Integration and Democracy, “que los estados miembros del GV participan en las misiones de la OTAN y sus procesos de desarrollo, mucho más allá de su peso específico”.

Visegrad Insight tiene mucho más contenido, que no puedo resumir en folio y medio. Lo iré haciendo cuando sea oportuno. Entretanto buscaré por aquí una guía turística de Polonia, para no perder tanto tiempo localizando lo que me podría interesar en un próximo viaje.

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