Nombrado por pre­siones de Aznar, siempre fue visto como un in­truso en el sector ban­cario

Cauto y absoluto silencio de la banca ante la muerte de Blesa

Se lleva a la tumba los se­cretos más tur­bios de su época en Caja Madrid

Rodrigo Rato y Blesa
Miguel Blesa y Rodrigo Rato.

Ni la más mí­nima reac­ción o con­do­lencia for­mal, a di­fe­rencia de lo que ha ocu­rrido por parte de al­gunos po­lí­ticos o sin­di­ca­lis­tas. Pese a haber es­tado du­rante casi 14 años al frente de la con­si­de­rada cuarta en­tidad ban­caria es­pañola. La banca guarda algo más que un res­pe­tuoso si­lencio ante la dra­má­tica muerte de Miguel Blesa. Bien es cierto que el ex pre­si­dente de Caja Madrid ya había caído más que en des­gracia por las dis­tintas causas ju­di­cia­les, pero siempre fue un ex­traño im­puesto entre los ban­que­ros.

El revuelo mediático, incluso la reacción política, por la muerte de Miguel Blesa contrasta de manera notoria con el silencio que se ha guardado por parte de todo el sector financiero ante la desaparición del que fuera presidente de Caja Madrid desde 1996 hasta 2009.

Tras casi tres lustros al frente de una de las principales entidades del país, Blesa no dejaba de ser en el sector bancario un advenedizo que se hizo con las riendas de Caja Madrid por su estrecha amistad con José María Aznar, entonces presidente del Gobierno y el que le elevó hasta lo más alto de la banca española.

Junto a la cacería, una pasión que le ha acompañado hasta sus últimos momentos de vida, Miguel Blesa tenía una obsesión: estar en el punto más alto de la capital madrileña. Desde la Torre Kío que ocupaba la caja , y ahora Bankia, este jienense de nacimiento ya miraba a los nuevos rascacielos que se erigían algo más al Norte. Y Caja Madrid se hizo con la torre más alta, aunque el aterrizaje forzoso estaba por llegar.

Los últimos años como presidente de Caja Madrid fueron muy convulsos y Blesa estuvo en medio de la lucha política entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón para controlar, de una u otra manera, la entidad madrileña. Al final, la elección de Rodrigo Rato le apartó del cargo pero con un millonario retiro de un sector en el que no estuvo considerado como banquero.

Los problemas judiciales arrastrados en los últimos cinco años tampoco han permitido que su retirada fuera cómoda. Los continuos insultos, incluso intentos de agresión de algunos de los clientes afectados bajo su mandato con la venta de preferentes, han tenido que hacer más que mella en un Blesa al que ni determinados turismos de lujo le parecían lo suficientemente cómodos. Su coche oficial era un tremendo Mercedes.

Cuentas pendientes

La muerte de Miguel Blesa se ha producido en unas condiciones que añaden más incertidumbres sobre todo el caso Caja Madrid y el posterior de Bankia, ya bajo la presidencia de Rodrigo Rato. Ambos, junto a otros consejeros y directivos, ya fueron condenados el pasado mes de febrero por el caso de las tarjetas black.

Ninguno de ellos ha ingresado todavía en prisión por ese asunto, gracias al recurso interpuesto ante el Tribunal Supremo. Sobre Blesa, pesaba una condena de seis años de cárcel pero ahora sus más allegados, según diversos medios de comunicación, afirman que el expresidente de Caja Madrid no se sentía más abrumado de lo normal.

Miguel Blesa aún tenía algunos asuntos pendientes con la justicia, como el caso de los sobresueldos aprobados bajo su presidencia para la cúpula de la entidad y por el que la Fiscalía pedía cuatro años de prisión. Ahora, cualquier secreto se va a la tumba con él, aunque aún queda el director general financiero, Ildefonso Sánchez Barcoj.

Este último era el encargado de presentar los resultados trimestrales de la antigua caja y el posterior banco creado, tanto bajo la presidencia de Blesa como de su sucesor, Rodrigo Rato. La muerte del expresidente de Caja Madrid con un disparo en el pecho acumula un grado más de incertidumbre sobre las causas judiciales pendientes.

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