GEOPOLÍTICA

La presidencia libia, optimista sobre la pacificación del país

La pro­duc­ción de pe­tróleo y el apoyo in­ter­na­cio­nal, claves para un cambio de rumbo

Son mu­chos los go­biernos y los grupos de in­terés que creen lle­gado el mo­mento de cam­biar las cosas en Libia. Eso sig­ni­fica que esos go­biernos e in­tereses creen que las con­di­ciones po­lí­ti­co-­so­ciales y de se­gu­ridad em­piezan a ser pro­pi­cias a los acuerdos de es­ta­bi­li­za­ción po­lí­tica, tras cuatro años de caos y gue­rra.

Aunque el país sigue siendo escenario de choques armados entre facciones tribales y políticas (pero a una intensidad mucho menor que en 2015-16), casi se ha conseguido la total expulsión del Estado Islámico (EI), así como el fortalecimiento de la posición del hombre fuerte de Libia oriental, general Haftar como polo de poder visto con interés por potencias árabes y europeas, así como por Rusia y los Estados Unidos. Los observadores internacionales y libios perciben que las piezas del rompecabezas empiezan a encajar.

El pasado sábado, el presidente del Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), Fayez Sarraj, anunció el propósito de su ejecutivo, formado a finales de 2015 bajo los auspicios de las Naciones Unidas, de convocar a elecciones generales nacionales en marzo de 2018. Serraj se mostró confiado en que “el espíritu nacional superará los estrechos intereses personales”, e invitó a todos “a ofrecer su compromiso, incluso si les resulta doloroso hacerlo”. El principal obstáculo político a esta pretensión es la resistencia que hasta ahora ha ofrecido el gobierno disidente asentado en Bengazi, conocido como “de la Cámara de Representantes” (GCR).

Entre las potencias deseosas de apoyar la estabilización de Libia se encuentran las siguientes: La Unión Europea. La comisión anunció el pasado día 11 medidas adicionales para dotar a Libia de un servicio de guardacostas, con un presupuesto de €46 millones. El gobierno holandés auspicia un acercamiento entre el GAN y el GCR, sobre la base de una enmienda al llamado Acuerdo Político Libio, auspiciado por las Naciones Unidas. Este esfuerzo está respaldado por Sarraj, quien con su ministro de Exteriores, Taher Siala, visitó La Haya a finales de junio. La UE también hizo un llamamiento a que los países miembros de la Unión incrementen sus contribuciones al fondo EU-África, que ha provisto €200 millones para África del Norte y €2.600 millones para el desarrollo del conjunto del continente.

Estados Unidos. Hace una semana la CNN informó de la próxima formulación de una nueva política de Washington para Libia, con vistas a la reconciliación política interna, la creación de un centro de coordinación entre las fuerzas especiales de Estados Unidos y efectivos militares libios para la lucha contra el terrorismo, y la reapertura del consulado en Bengazi, que fue asaltado y destruido por elementos yihadistas en 2014, con el resultado de la muerte del cónsul y tres agentes de seguridad. El pasado día 5 Haftar anunció que sus fuerzas acababan de liberar Bengazi, aunque aún se producían combates localizados contra unas fuerzas puestas en fuga.

Rusia, que hace unas semanas puso alfombra roja al general Haftar durante su visita a Moscú y al portaviones Almirante Kuznetsov, en singladura por el Mediterráneo.

Emiratos Árabes Unidos (EAU). El príncipe heredero Mohamed bin Zayed al-Nahyan, renovó el apoyo de su país al general Haftar durante una visita que éste realizó a Abu Dhabi. Su victoria, dijo, contó con el apoyo de “otros actores regionales e internacionales”, en posible referencia a Egipto, Arabia Saudí, los Estados Unidos y quizás Francia, que ha colaborado con los EAU en la lucha contra el EI. Esta actuación diplomática de los EAU obedece, además, al propósito de contrarrestar cualquier influencia de Catar, que ha apoyado milicias yihadistas libias.

Italia. Sin duda el país europeo con mayor preocupación por lo que ocurre en Libia. Sus costas de Sicilia y Calabria ofrecen los puntos de arribada inevitables de la masa de migrantes por razones económicas y refugiados procedentes de Oriente Medio, África y Asia (aunque los primeros en rápido aumento y los segundos en número decreciente). Italia tiene dificultad en lograr que sus socios de la UE asienten, como está acordado, a parte de esos refugiados mientras el caso de cada uno de ellos es procesado.

Mención particular merece la necesidad que tiene Italia de que Libia vuelva a ser un foco de actividad económica y energética. Por un lado está las deudas contraídas por el país norteafricano con el gobierno y empresas de Italia. De otro la necesidad de reactivar un mercado natural para los productos italianos y europeos. Con el objeto de estudiar estos problemas se celebró a primeros de mes, en Agrigento (Sicilia), el Foro Italo-Libio, impulsado por el ministro de Exteriores Angelino Alfano. El gobierno, dijo, “está dispuesto a contribuir a la estabilización del país y restaurar las condiciones de su seguridad, para relanzar las relaciones bilaterales en lo económico, las infraestructuras y la cooperación en materia de energía”.

La energía es la clave. Si la producción de petróleo no hubiese alcanzado este año el nivel de un millón de barriles/día, sería imposible contemplar la reconstrucción del país y la pacificación de las facciones en lucha, todas ellas ansiosas por recoger sus mieles.

Artículos relacionados