Los prin­ci­pales bancos ape­lo­tonan sus pre­sen­ta­ciones en los úl­timos días de julio

Los resultados de la banca llegan en plena polémica sobre el papel de Guindos y del BdE

Santander, en su fo­lleto de am­plia­ción, ya ha avan­zado 3.600 mi­llones de be­ne­ficio

Los bancos tienen créditos impagados por 145.909 millones
Luis Linde, ¿en la picota?

Tras el ape­ri­tivo de los es­ta­dou­ni­den­ses, los bancos es­pañoles ya co­cinan los re­sul­tados co­rres­pon­dientes al primer se­mestre del ejer­ci­cio. Al margen de los que cada en­tidad muestre du­rante los pró­ximos días, las pre­sen­ta­ciones se verán más que mar­cadas por la re­so­lu­ción del Popular y lo dicho por el go­ber­nador del Banco de España, Luis Linde, sobre el res­cate de la banca. Casi en una melé a final de mes, el Santander ya ha ofre­cido al­gunas pistas sobre sus cuen­tas.

Varios expertos consideran que los resultados del primer semestre del ejercicio ofrecen una imagen muy nítida de la evolución de los bancos de cara al conjunto del ejercicio, dado que el tercer trimestre es casi baldío para su negocio. Pero como en otras ocasiones, algunas polémicas centrarán la atención de sus respectivas presentaciones de resultados.

En esta ocasión, más allá de las cláusulas suelo y otros litigios, la polémica resolución del Popular volverá a centrar la atención y las preguntas a los consejeros delegados que ofrezcan sus cuentas hasta junio. En buena medida, en los resultados del primer trimestre, cuando aún no se sabía el final dramático del banco que ya presidía Emilio Saracho, ya fue una constante en todas las presentaciones.

Desde luego, a los máximos responsables de los bancos españoles se les puede exigir otras virtudes más allá de la adivinatorias. Durante las presentaciones de los resultados del primer trimestre, un buen número de consejeros delegados de la banca española apostaron por la continuidad en solitario del Popular.

El abrupto final del casi centenario banco estará algo más que presente en las respectivas presentaciones de resultados y no sólo en el caso del Santander, el grupo que se quedó con la entidad al simbólico precio de un euro y con la pérdida para todos los accionistas y bonistas del Popular. Salvo para aquellos con deuda senior.

Los responsables de BBVA, CaixaBank o Sabadell deberán pronunciarse sobre cómo se quedaron al margen en la subasta rápida que se hizo con el Popular en la noche del 6 al 7 de junio. Los del Santander, como es lógico, tendrán una lluvia de interrogantes sobre los litigios legales que se plantean y sus planes de cómo integrar el banco que le ha sido adjudicado.

El grupo presidido por Francisco González (FG) mostró hace meses su interés por hacerse con el Popular. Los dos bancos con sede en Cataluña esgrimieron algunas excusas para no afrontar esa operación. CaixaBank está centrada en el portugués BPI y Sabadell se vuelca en la integración tecnológica del británico TSB.

Aglomeración

Pese a las numerosas quejas por parte de los periodistas especializados en bancos, la mayoría de las entidades concentran sus presentaciones en los tres últimos días del mes, con el añadido de que el viernes 28 de julio coinciden CaixaBank, BBVA, Sabadell y Santander, que ya ha ofrecido una estimación sobre sus beneficios (3.600 millones) hasta junio en su folleto sobre la ampliación de capital para integrar al Popular.

Pero más allá de los resultados conseguidos por cada banco, será significativa la evolución de los depósitos de cada uno de los bancos en los últimos meses. Tal vez, aunque no se llegue a reconocer de manera oficial, algunos de ellos se han podido ver más que beneficiados con la fuga de pasivo que se produjo en el Popular. Sobre todo, habrá que mirar con lupa los depósitos de las Administraciones Públicas.

Pero hay una segunda polémica ante los resultados semestrales de la banca española, después de los dicho por el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, sobre la casi pasividad que tuvo el supervisor en los años en los que se produjo el estallido de la crisis financiera y económica.

Linde se ha desmarcado de cualquier responsabilidad en el rescate de la banca y ha arrojado hacia sus antecesores cualquier fallo o equivocación sobre las medidas adoptadas. Desde luego, la crisis macroeconómica se habrá podido superar, pero aún persisten las sospechas de cómo se encaró la delicada situación del sector bancario.

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