Tipos más altos suben el mar­gen, pero tam­bién la deuda para el col­chón an­ti­crisis

La banca sigue de fiesta (en la Bolsa) pensando ya en la resaca

Cien puntos bá­sicos de eu­ribor su­ponen entre 4.000 y 10.000 mi­llones de in­gresos extra

Bancos en la Bolsa
Bancos en Bolsa.

La co­ti­za­ción de los bancos se ha dis­pa­rado en Bolsa. A la re­cu­pe­ra­ción del ex­ce­sivo cas­tigo que han su­frido al­gunos en los úl­timos años, se ha su­mado ahora la even­tua­lidad de que el Banco Central Europeo (BCE) co­mience a subir tipos a me­diados de 2018. Esto su­pon­dría más margen de in­tere­ses, lo que le­vanta el ánimo de los ana­lis­tas, pero que tam­bién su­biría el coste de la deuda justo cuando los bancos re­llenan sus col­chones an­ti­cri­sis. Por ello se dan prisa en se­guir con sus emi­siones una vez su­pe­rado el susto del Popular.

Al terminar la primera semana de julio, y sin tener que encomendarse a San Fermín, la banca española vive uno de sus momentos más dulces en Bolsa. En los últimos doce meses, CaixaBank ha subido un 117%, Bankia ha hecho lo propio con un incremento de su valor bursátil del 90% y les siguen Liberbank (82%), Sabadell (69%), BBVA (55%) y Bankinter (48%). Unicaja, que es la última en llegar al mercado, ha subido un 15% en su primera semana de vida en Bolsa.

Los analistas creen que una parte importante de esta subida hay que achacarla al excesivo castigo que habían sufrido las entidades financieras durante la crisis, lo que llevó prácticamente a todas (sólo se libraba Bankinter) a sumar una capitalización bursátil muy por debajo de su valor en libros, cuando cotizaban a precios que suponían descuentos a veces superiores al 40% sobre el patrimonio neto fijado en sus balances. La tibia recuperación económica en Europa y la ausencia de problemas importantes en el sector (exceptuando a la banca italiana y al Popular en España), han hecho el resto.

A esto se une, según los expertos, el denominado “efecto Draghi”, que no es otra cosa que la expectativa de que los tipos oficiales comiencen a subir, eso tire hacia arriba del euribor y el efecto final se traduzca en un aumento del margen de intereses de la banca. Según cálculos que circulan por el sector, cada cien puntos básicos de subida del euribor supondría entre 4.000 y 5.000 millones de ingresos anuales extra para los bancos por el efecto sobre las hipotecas y la cantidad podría alcanzar los 8.000 a 10.000 millones cuando la subida se traslade a los créditos a empresas y para el consumo de particulares.

Colchón anticrisis

Hasta ahí, las buenas noticias y los motivos para estar de fiesta. Pero este aumento de tipos, cuando llegue, también afectará a la deuda que los bancos van adquiriendo para cubrir las necesidades de capital regulatorio y el colchón anticrisis al que les obligan la nueva normativa de solvencia y el Banco Central Europeo. No es extraño, por tanto, que los bancos hayan presionado, y mucho, para que el Gobierno regulara de una vez por todas las emisiones de deuda, porque las entidades quieren aprovechar el buen momento y asegurarse costes financieros razonables para el plazo mayor posible.

De este modo, la banca española tiene en estos momentos una ampliación de capital concluida (la que realizó Unicaja para salir a Bolsa), otra en curso (la del Santander para absorber al Popular) y una tercera anunciada (la que hará Bankia para comerse a BMN) y ya acumula a estas alturas del año más de 13.000 millones de euros en deuda para fortalecer la estructura de capital y para crear colchón anticrisis.

De esa cifra, 3.750 millones son bonos contingentes convertibles (los denominados CoCos), otros 5.600 millones corresponden a deuda subordinada y los casi 4.000 millones restantes son bonos de deuda sénior no preferente, un nuevo concepto de deuda, regulado por fin por el Gobierno español el pasado 26 de junio, que se sitúan en cuarto lugar en el orden de prelación para absorber posibles pérdidas en caso de disolución de la entidad. En caso de disolución de un banco, las pérdidas serían asumidas en primer lugar por el capital social, con lo que los accionistas lo perderían todo.

A continuación, los CoCos se convertirían en capital y si las pérdidas fueran mayores aún, también pasarían a valer cero. Luego se haría lo mismo con la deuda subordinada y si aún no hubiera bastante, se tiraría de la deuda sénior no preferente. En el caso del Popular, por ejemplo, la deuda sénior quedó a salvo de la quiebra. Si hubiera tenido emisiones de sénior no preferente, sus dueños también tendrían que haber asumido pérdidas.

Hasta ahora, el único banco español que ha hecho emisiones de deuda sénior no preferente ha sido el Santander, que tiene en circulación hasta veinte emisiones parciales de otras más grandes, con vencimientos entre 2022 y 2032, con tipos de interés oscilan entre el euribor a tres meses más un punto y un 4,2% fijo para una emisión de 1.000 millones en dólares con vencimiento a diez años.

Capital o deuda

Las ampliaciones realizadas este año, según fuentes financieras consultadas por Capitalmadrid, llegan al mercado prácticamente porque no hay otro remedio. En el caso de Unicaja, la necesidad de cancelar los CoCos suscritos por el FROB hacía precisa la entrada de capital para contrarrestar la salida del balance de este tipo de deuda que cuenta como activos AT1, es decir, los de mayor nivel de solvencia, y también los de mayor riesgo en caso de disolución.

En el caso del Santander, la recalificación de activos tóxicos del Popular necesita capital suficiente para no disminuir los ratios de solvencia con la fusión. Y en la absorción de BMN por Bankia, esta última tiene que hacer una ampliación para realizar el canje de acciones con los dueños actuales de BMN.

Pero además, Bankia se ha estrenado también en este tipo de operaciones y ha hecho su primera emisión de CoCos por valor de 750 millones de euros, al 6% de interés, que servirán para mantener los ratios de capital y solvencia en los niveles actuales tras la absorción de BMN, que si se hiciera sin esta emisión podría reducirlos. Esta operación, realizada en la primera semana de julio, es la primera de estas características tras la caída del Popular.

El mercado ya había reaccionado bien cuando CaixaBank también se animó un día antes y colocó 1.000 millones de deuda subordinada al 2,75% y un plazo de amortización de 11 meses. Pocos días antes, el propio CaixaBank había colocado 150 millones de euros a un solo inversor, a 25 años, en deuda subordinada con un tipo de interés anual del 4%.

Los títulos de esta emisión no podrán ser amortizados antes de 20 años, lo cual asegura un tipo razonable para dos décadas en esta parte del colchón anticrisis. En febrero, el banco heredero de La Caixa había colocado 1.000 millones entre inversores, a un tipo del 3,5% y un plazo de diez años.

Para dar una idea del furor por lograr rellenar el colchón aprovechando el ciclo bajpo de tipos de interés, baste recordar que el Santander anunciaba en enero pasado que durante 2017 trataría de colocar, junto con sus filiales, emisiones de deuda de hasta 32.000 millones de euros en los mercados, de los que 20.000 millones corresponderán a deuda sénior no preferente (entre 12.000 y 14.000 millones serán para Banco Santander y el resto para sus filiales británica y estadounidense), que es más barata y sirve para cumplir con la reglamentación, que exige una cobertura del 1,5% de los activos medidos por riesgo con CoCos, otro 2% con deuda subordinada y el resto con otros instrumentos de deuda.

Hasta ahora, aproximadamente el 20% de los 60.000 millones de deuda emitida por la banca europea corresponde a los bancos españoles y una subida de tipos supondría más de 1.000 millones anuales en coste financiero, solo para las emisiones realizadas en 2017, si cuando se renegocien el euribor ha subido cien puntos básicos. De ahí las prisas por emitir cuanto antes y a los plazos más largos posibles.

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