Monitor de Coyuntura

El turismo, un nuevo El Dorado para la economía española

El tu­rista que dis­fruta de una paella frente al mar no solo be­ne­ficia al res­tau­rante

Turismo de calidad
España es un auténtico parque del turismo

El tu­rismo, un nuevo El Dorado para la eco­nomía es­pañola España ha hecho del tu­rismo uno de los sec­tores clave de su eco­no­mía. Más de 75 mi­llones de tu­ristas lle­garon al país en 2016, vi­si­taron ciu­da­des, playas y mon­tañas, asis­tieron a eventos de­por­tivos o con­gresos pro­fe­sio­na­les, co­mie­ron, be­bieron y hasta dis­fru­taron de todo tipo de ex­pe­rien­cias. Pero no solo se ha fa­vo­re­cido de su lle­gada el sector tu­rís­tico, el resto de sec­tores de la eco­nomía es­pañola tam­bién se están be­ne­fi­ciando del em­puje tu­rís­tico. Para que esta con­tri­bu­ción con­tinúe au­men­tando en los pró­ximos años, es im­por­tante pro­mover una de­manda tu­rís­tica de ca­lidad a medio plazo. Analicémoslo en de­ta­lle.

El sector turístico (alojamiento, restauración, transporte, agencias de viajes, servicios culturales, etc.), tanto extranjero como doméstico, está teniendo una creciente aportación directa al PIB: fue del 5,9% en 2010 y del 6,4% en 2015. No obstante, la contribución del turismo a la economía no se limita exclusivamente a los subsectores más directamente relacionados con el turismo, sino que, adicionalmente, uno puede tener en cuenta los efectos indirectos o arrastre sobre otros sectores de la economía. Estos se originan mediante la actividad económica inducida por las compras del sector turístico a sus proveedores. Con la finalidad de satisfacer esta demanda, los proveedores, a su vez, incrementan las compras a sus propios proveedores, los cuales también contribuyen al PIB. Para computar este efecto arrastre se usan las denominadas tablas input-output de la economía española del INE del año 2010. De este modo, se obtiene que por cada 100 euros de valor añadido originados de forma directa por el sector turístico, el conjunto de la economía genera indirectamente 73 euros adicionales. Este efecto indirecto ha ido en aumento: cinco años atrás era de 68 euros. El turista que disfruta de una paella frente al mar no solo beneficia al restaurante donde está comiendo, sino también a todos los proveedores del restaurante, al decorador del local, al contable, etc. Lógicamente, los servicios directamente ligados a la demanda turística son los más beneficiados, pero también lo acaban siendo otros sectores aparentemente menos ligados al sector turístico, como la industria y el sector primario (véase la tabla adjunta).

De esta manera, la contribución directa e indirecta del turismo al PIB alcanzó en 2015 los 119.000 millones de euros según la Cuenta Satélite del Turismo del INE, lo que equivale al 11,1% del mismo. Alrededor de la mitad de esta aportación se debió al turismo extranjero, que ha venido aumentando su peso en los últimos años.

Asimismo, aquellos implicados directa o indirectamente en el turismo realizan un gasto en el resto de la economía que genera un efecto económico inducido adicional (el consumo privado de los camareros del restaurante, o del decorador, o del contable). Si añadimos esta contribución, aún más repartida entre todos los sectores de la economía, el impacto global del turismo alcanzaría el 16% del PIB en 2015, en aumento progresivo desde 2010 y muy superior a la media europea (9,6%).2

Así pues, el impacto del sector turístico es muy elevado, sobre todo cuando, además del efecto directo, se tiene en cuenta el indirecto y el inducido. Además, estas cifras podrían estar subestimando el impacto total del turismo en el PIB, puesto que existe un creciente problema de contabilización dado el aumento de servicios turísticos no provistos por el sector turístico tradicional, como el alquiler de vivienda de particulares y los bienes y servicios necesarios para proveerlo que, aunque deberían estar incluidos, escapan en parte de las estadísticas oficiales y acaban subrepresentados. Por ejemplo, según Exceltur, las plazas anunciadas en las plataformas P2P en las 22 principales ciudades españolas alcanzó el número de 362.000 en 2016, superando el número de plazas en alojamiento reglado.

Asimismo, la contribución del turismo a la creación de empleo es muy significativa. El turismo empleó directa e indirectamente en 2015 a 2,5 millones de personas, representando el 13,0% del empleo total (1,4 p. p. más que en 2010). Si, además, añadimos el empleo creado por el efecto inducido, su contribución se situó en el 16,2% del empleo total, un peso muy superior a la media europea (9,1%).3 Asimismo, todo indica que la contribución del sector a la creación de empleo se mantiene firme. La afiliación en los sectores mayoritariamente turísticos progresa a un ritmo muy superior al del resto de la economía: en abril aumentó un 4,7% interanual (acumulado de 12 meses), mientras que el resto de sectores crecieron un 3,0%.

También merece la pena destacar que el turismo ha contribuido a corregir algunos de los desequilibrios de la economía española en los últimos años. En concreto, el aumento en la exportación de servicios turísticos ha permitido que la balanza de servicios turísticos pasara de registrar un superávit del 2,6% del PIB en 2010 al 3,3% en 2016. Así pues, un 11% de la corrección del saldo por cuenta corriente fue debido al aumento del superávit de la balanza de servicios turísticos. 4

Como hemos visto, el sector turístico es clave para la economía española. Pasemos ahora a analizar la demanda turística extranjera con una perspectiva a medio plazo, necesaria para asegurar la resiliencia futura del sector en un contexto de rápidos cambios sociales y tecnológicos. A pesar de una creciente diversificación, las entradas de turistas extranjeros en España (75,6 millones en 2016) están todavía altamente concentradas, por su procedencia, por su tipología y por su estacionalidad. La demanda turística extranjera es en su mayoría europea (80% en 2016) debido a la proximidad geográfica y, en particular, del Reino Unido, Francia y Alemania. Asimismo, la mayoría de turistas vinieron por razones de ocio (85,3%) y se concentraron en los meses de junio a septiembre (50%). Sin embargo, la evolución de las entradas apunta hacia una mayor diversificación. Las entradas de turistas del resto del mundo están aumentando a un ritmo superior a la media (+15,3% anual), lo cual es una buena dinámica, puesto que los aumentos de la demanda futura estarán en estos mercados, en particular asiáticos (véase el artículo «El turismo: un sector de peso en la cresta de la ola» de este mismo Dossier, donde se exponen las tendencias globales del turismo). Las entradas de turismo por motivos distintos al ocio y a los negocios, como por ejemplo el turismo de salud o los peregrinajes, aumentaron un 22,6%, llegando a totalizar los 6,5 millones de entradas.5 Finalmente, los meses de menos calor (de octubre a mayo) registran mayores aumentos anuales de entradas de turistas extranjeros (+11,5%), que los meses de junio a septiembre (+9,5%), lo que poco a poco va disminuyendo la alta estacionalidad del turismo.

El récord de entradas de turistas extranjeros en 2016 se tradujo en un récord de ingresos (77.625 millones de euros), aunque el gasto medio por turista disminuyó ligeramente y se encuentra por debajo de países vecinos como Francia o Italia. Parece pues que existe cierto recorrido en aumentar el gasto por turista. Para lograrlo de una manera exitosa, es necesario aumentar la calidad y diversificar la oferta turística (como se explica en detalle en el artículo «La calidad de la oferta turística: el reto de mantener el liderazgo» de este mismo Dossier), y es importante hacerlo considerando la evolución futura de la demanda turística.

La demanda turística está cambiando de perfil y está cada vez más segmentada, incluso al considerar el sector vacacional. El turista demanda experiencias más temáticas e individualizadas, y está dispuesto a pagar más por ellas. El importante envejecimiento poblacional, en particular en Europa, nuestro principal cliente, también va a aumentar la demanda turística de este grupo. Además del turismo vacacional, es posible aumentar el turismo de salud, un sector con enorme potencial, una menor estacionalidad y una importante contribución económica en diversidad de sectores económicos.6

Finalmente, para asegurar la demanda futura, es importante cuidar su sostenibilidad, tanto en el paisaje urbano como en el natural. En este sentido, las instituciones públicas tienen un importante papel para regular de manera equilibrada al sector, puesto que el turismo no solo genera externalidades positivas (como su importante contribución económica) sino que también puede generar externalidades negativas. A corto plazo, el rápido aumento del sharing, en particular en algunas ciudades, supone un reto importante (véase el artículo «Turismo 2.0: oportunidades y retos» de este mismo Dossier). A largo plazo, un aumento descontrolado del turismo puede poner en riesgo la preservación del entorno natural. En este sentido, existe un creciente debate sobre la posibilidad de tratar de amortiguar parte de las externalidades negativas que a veces puede generar el turismo con impuestos específicos, como una tasa turística que sirva para financiar programas específicos de inversión en infraestructuras asociadas y que también puedan utilizarse para compensar a las personas o espacios afectados por el turismo. En algunos casos también se plantea como un instrumento que puede ayudar a gestionar el turismo, con tasas diferentes en función del destino o de la época del año. Pues si bien parece que encontramos nuestro El Dorado con el turismo, debemos vigilarlo y cuidarlo para que su potencial se pueda desarrollar de forma sostenible económica, social y medioambientalmente.

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