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Reclaman a Madrid que acelere para ocupar la silla de Londres tras el Brexit

España está entre los más es­trictos en no llegar a un acuerdo con el Reino Unido a costa de los prin­ci­pios de la UE

Brexit
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Nada de con­tem­pla­cio­nes. Dos de cada tres ciu­da­danos eu­ro­peos creen que la UE de­bería po­nerse firme ante el Brexit y que si el Reino unido quiere un Brexit duro, que así sea. Frente a ese 65% de par­ti­da­rios de no ceder ante Londres en los prin­ci­pios que ci­mentan la UE, otro 18% con­si­dera que Bruselas debe tender la mano y hacer todo lo po­sible para es­ta­blecer una re­la­ción lo más cer­cana po­sible des­pués de la sa­lida. Entre los bri­tá­ni­cos, ese por­cen­taje se eleva al 45%. No son ton­tos.

Pero los europeos tampoco lo son. Estos y otros datos de una encuesta en diez países publicada este jueves son constantes en la misma dirección: la UE es una institución que merece la pena y que es beneficiosa para todos. Con una distinción: las llamadas élites de políticos, empresarios e intelectuales tienen mucho más interiorizado el europeísmo que el ciudadano en general: 81% los primeros, 58% los segundos. Es decir, están ‘orgullosos de la identidad europea y de la identidad nacional’ de cada país.

Por países, las respuestas a la encuesta del think tank Chatham House varían bastante. España está entre los más estrictos en no llegar a un acuerdo con el Reino Unido a costa de los principios de la UE, como las cuatro libertades básicas de movimientos: mercancías, servicios, empresas y personas. Otros en la misma línea incluyen a Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Austria y Polonia. Más blandos: Hungría y Grecia.

Otro dato muy revelador: frente a lo que normalmente se considera, tanto las élites como los ciudadanos, más los primeros, están de acuerdo en que la fortaleza de la UE debe asentarse también en el apoyo financiero de los países más pobres por parte de los más ricos. Casi el 80% de los dirigentes y el 50% de la gente están a favor. Sólo el 11% de las élites y el 18% de la población en general muestran su desacuerdo con el gran caballo de batalla de la transferencia de riqueza.

La divulgación de la encuesta coincide con el comienzo de las negociaciones del Brexit en las que parece avalarse la opinión del público: los británicos se van y se salen de la unión aduanera y del mercado único, por la razón fundamental de que eso les obligaría a aceptar la libertad de movimiento de personas. Y el freno a la inmigración es uno de los ejes de la idea que tiene in mente la primera ministra Theresa May.

¿Se llegará a la ‘relación especial’ que pretende Londres, en expresión copiada de la definición del vínculo histórico con EEUU? Puede, pero la alternativa del Brexit blando se aleja, y a este efecto Financial Times ha estudiado la llamada ‘factura’ de salida con los compromisos ya adquiridos. De los 100.000 millones de euros en números redondos que aireó Bruselas, FT hace sus sumas y sus restas y llega a la siguiente revelación, que también procede de la Comisión y que incluiría todas las rebajas posibles. En total la factura quedaría en 64.000 millones brutos, unos 40.000 netos.

La alineación de España entre los más reacios a devaluar la UE a cambio de un mejor acuerdo coincide también con un significativo artículo del ex primer ministro sueco Carl Bildt, de otro think-tank, el European Council on Foreign Relations. Para resumir la idea central de su análisis también en FT: Gran Bretaña se va, pero Europa debe estar a la altura, porque por ahí fuera hay muchos peligros y amenazas que pueden saltar en cualquier instante: ‘Una nueva crisis financiera, otra agresión rusa, un repentino colapso en Oriente Medio’.

En esas circunstancias, hay que rellenar el hueco, sentarse en la silla británica sin dejar que se enfríe. Y hay debe estar España, según Bildt. Para empezar, de la mano del eje Berlín-París, una relación en la que, sin escandalizarse, ‘París puede proponer, pero al final es Berlín la que decide’.

Con el nuevo presidente francés Emmanuel Macron, las cosas pueden y deben ir más deprisa. Comenta el ex primer ministro sueco: ‘El aura de Macron bien podría, al menos inicialmente, hacer que Madrid y Roma sean más receptivos a los intentos acelerados’ de protagonismo de los países del sur.

Más todavía: ‘Con el tiempo, habría que esperar el apetito de Madrid por aumentar su papel por su propia cuenta, en función de su transformación económica con éxito’.

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