En sus casi cinco meses al frente del Popular no se in­vo­lucró en el ca­pital de la en­tidad

Saracho dice 'comprender' a los accionistas pero no compra títulos allá por donde pasa

Con un mar­cado es­tilo per­sonal tam­poco lo ha hecho ni en IAG ni en Inditex

Emilio Saracho
Emilio Saracho

Si entre el cielo y el suelo hay algo, como can­taban los Mecano, en el casi de ser al­guien es­taría Emilio Saracho, que cum­pliría a estas al­turas de junio cinco meses al frente del Popular de no ha­berse pro­du­cido la in­ter­ven­ción eu­ropea de la en­tidad y su ad­ju­di­ca­ción al Santander por un euro. Esa de­ci­sión con­lleva la pér­dida total para los ac­cio­nistas y bo­nis­tas, pero a Saracho no le afecto: no tenía ac­ción al­guna del Popular. Tampoco se ha im­pli­cado como con­se­jero en Inditex o de IAG, donde acaba de ser re­ele­gido.

Desde la gran vicepresidencia mundial en JP Morgan, la firma elegida para la venta del Popular, hasta la presidencia del Popular, Emilio Saracho ha pasado en menos de cinco meses de un gran profesional de la banca de inversión a convertirse en el presidente que ha acabado con la casi centenaria historia del Popular, entidad modélica hasta no hace tantos años.

La acelerada y nocturna intervención del Popular ha dejado sin valor alguno a más de 300.000 accionistas del banco. Muchos de ellos, minoritarios, eran clientes y empleados del banco que hasta dicho desenlace presidía Saracho el sustituto forzoso, supuestamente, por algunos grandes accionistas, de Ángel Ron.

Según diversas informaciones, como las adelantadas por El Mundo, Saracho renuncia ahora a una indemnización de más de cuatro millones de euros por su retirada de la presidencia del Popular. Eso sí, a su llegada al tradicional Banco Popular Español ya obtuvo una cantidad similar a modo de 'aperitivo'.

Emilio Saracho no invirtió ni un solo euro de los recibidos en acciones del Popular desde su desembarco el 20 de febrero pasado. Un ejemplo que sirvió para los distintos consejeros que fueron nombrados, desde el primer ejecutivo Ignacio Sánchez Asiaín, uno de los últimos en incorporarse en el mes de abril, hasta Carlos González Fernández o Antonio González Adalid. Tan sólo Vitalino Nafría, ex BBVA, reconoció de manera oficial tener 50.000 acciones del Popular al ser nombrado consejero.

Duras acusaciones

Después de la intervención del Popular bajo el nuevo mecanismo de la Unión Bancaria Europea, el expresidente del banco, Ángel Ron, ha desplegado todo un show mediático con diversas entrevistas en las que ha arremetido contra su sucesor con graves reproches. "Decía que la acción estaba cara, que había que hacerla caer", sostenía Ron en una entrevista a El Independiente en referencia a Saracho.

Estas manifestaciones se han acogido con algo más que estupor en el sector financiero, ya que las acusaciones rozan "una serie de delitos penales" que deberían sustanciarse ante los Tribunales de Justicia, según sostienen fuentes consultadas. Desde luego, la preocupación del ex JP Morgan por la cotización de las acciones del Popular podía ser casi nula, al no haber adquirido ni tan solo un título de manera simbólica como implicación en el capital del banco. Pero su compromiso con las empresas en las que está como consejero es igual de mínimo.

Hace tan sólo unos días, Emilio Saracho era reelegido consejero de International Airlines Group (IAG), la compañía en la que se incluye Iberia. Por el momento, el gran banquero de banca de inversión ni se ha aproximado a la pista de adquisición de acciones de la compañía.

Lo mismo ocurre en el caso de Inditex, en cuyo consejo de administración tiene poltrona como consejero desde 2010. Saracho comparte puesto en el máximo órgano de gobierno de la empresa que preside Amancio Ortega con Rodrigo Echenique, a la sazón presidente de Santander España y consejero delegado del grupo que preside Ana Botín. Eso sí, tampoco tiene participación del gigante con sede en Arteixo (A Coruña).

Saracho y Echenique tendrán que verse las caras el próximo 18 de julio en la junta de accionistas de Inditex. La fecha, que coincide con la del alzamiento que desembocó en la trágica guerra civil en 1936, puede presagiar una nueva confrontación nacional, en este caso en el terreno empresarial y financiero. Ortega, en su tradicional línea, ya pondrá freno ante cualquier disputa.

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