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La calidad de la oferta turística: el reto de mantener el liderazgo

Digitalización, es­ta­cio­na­lidad y com­pe­ten­cia, los retos para el li­de­razgo del tu­rismo es­pañol

Turismo de calidad
Turismo de playa.

La ca­lidad de la oferta tu­rís­tica: el reto de man­tener el li­de­razgo España ocupa el primer puesto en el ran­king mun­dial de com­pe­ti­ti­vidad tu­rís­tica. Al igual que los de­por­tistas que ganan la me­dalla de oro, esta po­si­ción solo se puede con­se­guir gra­cias a la con­jun­ción de múl­ti­ples fac­to­res. Claro está que la ge­né­tica juega un papel pri­mor­dial: la cli­ma­to­lo­gía, los re­cursos na­tu­rales y la cul­tura son as­pectos fun­da­men­tales para ex­plicar el éxito del sector tu­rís­tico es­pañol.

Pero la genética no lo es todo. Como bien saben los deportistas de élite, mantenerse en el top requiere entrenamiento constante, dotarse del mejor equipamiento y rodearse de los mejores entrenadores.

A continuación, se repasan brevemente los principales ingredientes que deben ayudar a seguir mejorando los niveles de calidad de la oferta turística, como son el tamaño empresarial y la inversión, tanto en capital físico como en capital humano.

El sector turístico español está compuesto por unas 400.000 empresas de distintos ámbitos como el alojamiento, la restauración, el transporte, el alquiler de vehículos o las agencias de viajes. Se trata de un sector altamente atomizado, con muchas empresas de pequeña dimensión y relativamente pocas de tamaño grande.

Según la Cuenta Satélite del Turismo elaborada por el INE de 2015, el 78,7% de las empresas turísticas tenían dos empleados o menos y solamente 1.108 empresas (el 0,3% del total) contaba con 100 empleados o más. Las pymes, por tanto, dominan el paisaje turístico. Un paisaje que, sin embargo, esconde realidades muy distintas.

Destaca en positivo el sector del alojamiento, con un porcentaje de empresas grandes (de más de 250 empleados) del 0,5%, superior al 0,1% del total de la economía (1).

Además, las empresas hoteleras grandes ocupan al 25,2% de los empleados del sector en España, comparado con un 18,7% en la UE. El sector de la restauración, en contraposición, se caracteriza por tener muy pocas empresas de tamaño grande y un sesgo hacia la pequeña dimensión todavía más acusado: solamente el 10,7% de los empleados en restauración trabaja en establecimientos grandes, comparado con un 16,8% en la UE.

El tamaño empresarial es importante porque está relacionado con aspectos que determinan la productividad empresarial como son la profesionalización, las economías de escala, el acceso a fuentes de financiación diversificadas o la posibilidad de ofrecer formación continuada a los trabajadores. En este sentido, los datos de productividad laboral (2) por tamaño empresarial son muy reveladores: las empresas turísticas grandes son casi un 30% más productivas que las pequeñas y tanto las empresas grandes como las pequeñas son más productivas que sus homólogas europeas. Dado que, además, España cuenta con una mayor proporción de empresas grandes, la diferencia de productividad para el conjunto del sector español respecto al europeo es considerable, de casi un 20% (3).

En los últimos años, el sector hotelero ha realizado un importante esfuerzo inversor en la renovación de instalaciones y en la modernización de la planta hotelera para reposicionar la oferta hacia los segmentos de demanda de mayor capacidad adquisitiva.

En concreto, se ha incrementado notablemente la oferta de plazas turísticas en las categorías superiores de 4 y 5 estrellas (4), que también gozan de un nivel de ocupación cada vez mayor, lo que ayuda a rentabilizar las inversiones.

En efecto, los ingresos por habitación disponible acumulan crecimientos positivos desde 2013 y, en el último año, han crecido un 10,8% interanual (dato de abril de 2017, acumulado de 12 meses). Además, el sector cuenta con unos balances más saneados y menores niveles de endeudamiento que en el pasado, lo que aumenta la capacidad del sector para llevar a cabo nuevos proyectos.

Asimismo, una gran variedad de inversores, tanto nacionales como internacionales, han encontrado un gran atractivo en el sector hotelero español: en 2016, el sector captó más de 2.000 millones de euros en inversión por segundo año consecutivo (5).

Los inversores internacionales aportaron el 64% del volumen total de inversión y mostraron una preferencia por hoteles urbanos en las grandes ciudades.

Los instrumentos que canalizan la inversión también son cada vez más diversos: los vehículos de inversión inmobiliarios (SOCIMI, REIT y fondos especializados) fueron los más activos con el 48% del total, aunque también ha aumentado el interés de los grupos hoteleros internacionales. La entrada de esta nueva tipología de inversores está impulsando una tendencia hacia la separación de la gestión hotelera y la propiedad de los inmuebles.

Por otro lado, los grandes grupos hoteleros españoles que cotizan en la bolsa española también tienen una gran presencia internacional: alrededor del 75% de sus ingresos proviene del resto del mundo. Sin embargo, las empresas turísticas solo representan el 1% de la capitalización bursátil total, una cifra muy pequeña si se compara con la importancia del sector en la economía (véase el artículo «El turismo, un nuevo El Dorado para la economía española» de este mismo Dossier).

A medio plazo, si se afianza la tendencia hacia la mayor consolidación en el sector, cabe esperar que el tamaño empresarial vaya en aumento, lo que facilitará el acceso a la inversión extranjera y los mercados de capitales.

Otro factor crucial para mejorar la oferta turística es incidir en la formación del capital humano: la calidad percibida por el cliente depende en gran medida del equipo humano que presta el servicio.6 De este modo, mantener el liderazgo en el ranking de la competitividad no solamente requiere tener el mejor equipamiento físico, sino que se debe contar con el mejor equipo humano.

Un ámbito en el que el recorrido de mejora es muy amplio: el perfil de trabajador medio del sector revela un menor nivel educativo y una menor experiencia de trabajo en el sector en comparación con los trabajadores del resto de sectores. Ello se debe a que el turismo, en muchos casos, ofrece oportunidades laborales a personas jóvenes sin experiencia laboral o de baja cualificación, con pocas opciones en otros sectores.

Además, la elevada estacionalidad del sector también implica un mayor uso de la contratación temporal y a tiempo parcial. A su vez, la elevada rotación en los puestos de trabajo dificulta la mejora del nivel de capacitación de los empleados y la participación en actividades de formación continuada.

Además, el sector se encuentra en una fase de profunda transformación digital, lo que tiene el potencial de cambiar la naturaleza de muchos de los servicios que se ofrecen y de las habilidades requeridas de los trabajadores (véase el artículo «Turismo 2.0: oportunidades y retos» de este Dossier).

Por tanto, existe un recorrido importante para mejorar la cualificación de los trabajadores del sector turístico ofreciendo una carrera profesional atractiva dentro del sector, mejorando la oferta formativa específica y tratando de conjugar unas mejores condiciones laborales con la flexibilidad que requiere adaptarse al nuevo paradigma tecnológico.

En definitiva, el sector turístico español ha hecho un importante esfuerzo para reorientar la oferta turística hacia los segmentos que generan más valor, lo que se refleja en su mayor tamaño y productividad, así como en la presencia internacional de importantes grupos españoles. Como los deportistas de élite, el éxito continuado no está garantizado: el sector debe seguir esforzándose cada día para mantener el primer puesto del podio.

Judit Montoriol Garriga

Departamento de Macroeconomía, Área de Planificación Estratégica y Estudios, CaixaBank

Notas:

  1. Datos de Eurostat (2014), «Structural business statistics».
  2. La productividad laboral aparente del trabajo se define como el valor añadido bruto entre el número de trabajadores.
  3. La productividad del sector hotelero en España y la UE es del 44,3 y del 39,9 para los establecimientos grandes, respectivamente, y del 34,7 y 29,9 para los establecimientos pequeños. En cambio, ocurre lo contrario con los establecimientos de restauración, menos productivos en el caso español para cualquier tamaño empresarial.
  4. En 2007, un 41,4% de las plazas hoteleras eran de 4 o 5 estrellas y en 2015, un 49,9%.
  5. Informe Deloitte, (2017), «Expectativas 2017: The Experience Revolution. Travel, Hospitality, Leisure & Transport».
  6. Véase OCDE (2015), «Supporting Quality Jobs in Tourism».
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