GEOPOLÍTICA

Catar, el mundo preocupado…, pero el emirato en lo suyo

Trump alaba y ataca su­ce­si­va­mente a su pe­queño alia­do-ad­ver­sario

Urbanización en Qatar
Urbanización en Qatar

La eco­nomía ca­tarí em­pieza a re­cu­pe­rarse de las con­se­cuen­cias eco­nó­micas del boicot que le han im­puesto tres de sus ve­cinos del Consejo del Golfo Árabe (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein) más Egipto. La bolsa de Doha se re­cu­peró un 0,4% el miér­coles pa­sado, y Qatar Airways, que perdió 19 des­tinos de­bido al cierre de su es­pacio aéreo por de­ci­sión de aque­llos paí­ses, inau­gu­rará dos nuevos el pró­ximo mes y ase­gura que abrirá otros 24 entre 2017 y 2018. El Banco Nacional de Catar ase­guró igual­mente que no ha ha­bido sa­lida de ca­pi­tales sig­ni­fi­ca­tiva, ni se ha re­gis­trado dis­mi­nu­ción de la ac­ti­vidad ban­caria de en­ti­dades ca­ta­ríes en los países del boi­cot.

Más sensible es el efecto que el boicot causará sobre sus exportaciones de helio, que representa el 25 por ciento de la producción mundial. Catar exporta el helio de sus dos plantas a través del territorio de Arabia Saudí. La exportación de aluminio catarí (producción de más 500.000 toneladas) se ha desviado a puertos de Omán y Kuwait.

El ministro catarí de Exteriores, jeque Mohammed ben Abdulrahman Al Thani, declaró este miércoles ante un medio francés no saber a qué obedece el boicot declarado hace unos días por los cuatro países árabes. El secretario de Defensa de los Estados Unidos, James Mattis, no parecía mejor informado, y este miércoles se limitó a decir que “la situación creada es muy compleja”.

La complejidad se deriva del hecho de que desde una base militar norteamericana en el territorio catarí se lanzan los ataques aéreos que van minando la capacidad de resistencia del Estado Islámico tanto en Siria como en Iraq. Los cuatro países boicoteadores acusan a Catar de apoyar algunas de las mismas milicias que están siendo atacadas por la fuerza aérea de los Estados Unidos.

El presidente Donald Trump, que visitó Arabia Saudí en la cuarta semana de mayo, para reunirse con varios jefes de estado del Golfo y otros de confesión islámica, en una ofensiva diplomática para reforzar un frente antiterrorista (en total 50 jefes de estado o de gobierno), declaró que todos habían prometido luchar contra la financiación del terrorismo, y aseguró que “las referencias de todos ellos apuntaban a Catar”.

El gobierno y la sociedad cataríes mantienen una actitud ambigua en relación con las alineaciones religiosas de otros países musulmanes y sus sociedades. Se acusa a Catar de ayudar, a través de fundaciones y donativos, a organizaciones que en otras latitudes son consideradas directamente terroristas, o cómplices, entre las que se encuentran Hamas y los talibanes de Afganistán. Se han dado a conocer informaciones de que se ha pagado un rescate de $1.000 millones a yihadistas y a funcionarios de inteligencia iraníes por la liberación de unas docenas de personalidades cataríes secuestradas. No es ningún secreto que el gobierno de Kabul y los talibanes se comunican y negocian en Doha.

La comprensión del presidente de los Estados Unidos sobre los complicados problemas diplomáticos que su país tiene con los de esta región presenta algunas incongruencias. En Riad Trump se felicitó por que el emir de Qatar, a pesar de todo, hubiese comprado “un montón de hermoso equipamiento militar”, y días después, al conocer el acuerdo árabe de boicot al emirato, tuiteó que Catar poco menos que se lo merecia. El portavoz del departamento de Defensa no tardaría mucho en alabar la contribución de Catar a los esfuerzos de los Estados Unidos contra el terrorismo, y en encomiar los esfuerzos del emirato para controlar la financiación que los particulares y sociedades cataríes hacen de organizaciones extremistas como los hermanos musulmanes, o terroristas como el yihadismo del EI y los talibanes.

La inclinación de muchos cataríes ricos a favorecer a los hermanos musulmanes había de suscitar la complacencia del gobierno turco. El presidente Erdogan, jefe de un estado miembro de la OTAN que tiene en su territorio una base aérea norteamericana, deploró el pasado día 13 el boicot a Catar, que tanto menosprecio ha recibido del presidente Trump.

La maraña de intereses contradictorios entre amigos, adversarios y socios, en torno a las incidencias diplomáticas de un pequeño país como Catar (eso sí, rico hasta no poder más), da motivo a un tejer y destejer continuo de alianzas. La toma de posición de Erdogan es el resultado de encuentros entre Irán, Turquía e Iraq, celebrados a primeros de mes para tratar de desenredar una situación que pone en apuros a Catar por el boicot de los otros vecinos del Golfo. Una situación que aunque ofrece oportunidades diplomáticas para todos (de importancia relativa, por otra parte, y en todo caso muy perecederas) hasta que otro agente internacional como el presidente de los Estados Unidos se arme un lío con sus propios aliados; o como Rusia, cuyo presidente Putin ya ha empezado a interesarse por la suerte del pequeño pero aguerrido Catar, en razón de la posible proyección de la crisis sobre la surte de su aliado sirio, el presidente al-Assad.

Catar, en todo caso, sigue enriqueciéndose como si nada pasara.

Artículos relacionados