UN BANCO EN EL RETIRO

Ciudades: centro y periferia, cosmopolitas y contaminación

Con en EEUU, los ur­ba­nitas aban­donan los su­bur­bios y re­gresan al bu­llicio del centro

Modas y ca­pri­chos. Ciudades en lugar muy pre­fe­rente. En efecto, el cambio en los gustos de sus mo­ra­do­res. Años 60-70 el centro ur­bano de des­puebla sólo quedan los menos fa­vo­re­cidos mien­tras las afueras (suburbs, an­glo­sa­jo­nes) re­cogen a los ve­cinos de rentas más al­tas, in­cluidos pro­fe­sio­nales en épocas de gran ex­pan­sión eco­nó­mica. El centro se de­grada; su­ciedad y de­lin­cuen­cia. Faltan es­pa­cios pú­bli­cos. Los niños ya no juegan en unas ca­lles llenas de co­ches; humos y rui­dos. En Madrid es la época de la Florida, Mirasierra y luego el des­pliegue que llega hasta la Sierra de Guadarrama.

Siglo XXI: vuelta al centro. Megalópolis, como New York. Los “whites” regresan al centro. Es el HUB, el meollo codiciado donde se concentran restaurantes, teatros, ocio y, por supuesto los nuevos centros de trabajo. El terciario ha sustituido a la industria. Los niños de los suburbios han crecido ya no prefieren los parques si no “la marcha”. Las nuevas parejas no se reproducen, apenas hay niños blancos. El perro es el sustitutivo.

Los edificios degradados del centro de las ciudades que habían perdido valor empiezan a apreciarse. Aumenta la codicia por vivir en el centro y el valor de los inmuebles.

Rusos, asiáticos del extremo oriente, árabes y latinoamericanos buscan un refugio prometedor para sus ahorros. El petróleo, las materias primas, la crisis, les han enriquecido, y cómo, no son muchos pero sí bastantes mientras otros muchos se han empobrecido. Están disponibles para hacer de camareros o auxiliares domésticos. El inmobiliario urbano es el refugio de los nuevos ricos. Aquellos con más de 30 millones de ingresos anuales se han extendido a lo largo y ancho del planeta, son más de 212.000, pero el grupo de individuos con activos superiores a 1 millón de dólares en propiedades inmobiliarias superan los 15 millones frente a los 11 millones de 2008. Son cifras de Wealth-X.

Una inmobiliaria ligada al multimillonario ruso, emperador de las potasas compró en Central Park, numero 16 un apartamento por valor de 88 millones de dólares. El presidente del Chelsea, Roman Abramovich, adquiría una mansión en Kesington Palace por 90 millones de libras.

Hedge Funds y fondos familiares han sabido reconducir la fuga de capitales de chinos, taiwaneses y árabes a la compra de inmuebles en EEUU por un valor de 27.000 millones de dólares en 2016. El flujo ruso se ha aminorado recientemente después de las sanciones impuestas por la invasión de Crimea y la brusca depreciación del rublo.

¿Está llegando una burbuja? Una consultora neoyorkina, estima que en Manhattan hay más de 12.300 condominios con el cartel de “se vende”. En Londres las construcciones iniciadas en 2014 tienen un excedente de 13.500 unidades invendidas.

La vuelta al centro y el crecimiento de las ciudades ha traído riqueza y fortalecido la mentalidad del liberalismo global. Londres vota contra el Brexit, New York contra Trump y en Moscú Putin no consigue la mayoría, fue el único lugar en el que perdió las elecciones. Las ciudades tienen, por otro lado, un serio inconveniente. Según los estudios de la ONU son responsables del 70% de CO2 que llega a la atmósfera. Las ciudades son el gran adversario de la revolución verde. Un adversario poderoso pero no imbatible. En la Dinamarca de Copenhague, la producción de CO2 se mantiene estable en tanto que aumenta el valor de la producción física. Un desarrollo inteligente que haría compatible el incremento del PIB y la conservación de los recursos naturales.

La creciente urbanización del planeta exige de los consistorios municipales las medidas más inteligentes para, por un lado, reducir las emisiones de CO2 y por otro, evitar que el retorno de los ricos a los centros urbanos no incremente la discriminación con los colectivos más desfavorecidos.

En España no hay atisbo de burbuja, ni en Madrid ni en Barcelona ni en las costas pero los casos de Londres y New York, no dejan de ser una advertencia. De lo que no hay escapatoria es de la contaminación si las ciudades no aceptan severas medidas para evitar que edificios y medios de transportes extiendan el manto negro de la contaminación.

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