Situación in­sos­te­nible en Brasil, su­mido en una crisis cons­ti­tu­cional y po­lí­tica sin pre­ce­dentes

El caos brasileño corta en seco la buena racha de media docena de cotizadas españolas

Santander, Mapfre, Telefónica, DIA, Prosegur o Indra, las más afec­tadas por el primer cisne negro del año

Hotel Meliá en Brasil
Hotel Meliá en Brasil

El primer cisne negro del año bur­sátil ha lle­gado de la mano de Brasil, un mer­cado cuyos pro­blemas en­cienden las alarmas en España por la can­tidad y la ca­lidad de los in­tereses de las em­presas es­pañolas en la eco­nomía ca­rioca. Lo que no han con­se­guido los tan te­midos pro­cesos elec­to­rales de Holanda y Francia ha lle­gado de la mano de las sos­pe­chas de co­rrup­ción que se ex­tienden sobre el pre­si­dente bra­si­leño, Michel Temer, cuyo puesto tiembla antes las de­nun­cias por obs­ta­cu­lizar la ac­ción de la jus­ti­cia.

El impacto de las noticias alrededor del presidente tuvo un impacto extraordinario en la Bolsa de Sao Paulo. El mercado brasileño registró una sacudida sin precedentes desde la quiebra de Lehman Brothers en 2008 y en pleno ataque de terror la operativa fue paralizada cuando durante media hora cuando la caída superó el límite del 10%. El terremoto ya se había trasladado desde la apertura hasta las empresas españolas, que vivieron un día muy duro.

“Se acabó el año perfecto de la bolsa española y por extensión de todas las europeas. En la mima semana ha coincidido la primera gran crisis de Donald Trump en Estados Unidos y la del presidente de Brasil. Son dos artefactos de gran potencia los que han estallado en las bolsas. Brasil va a ser un elemento desestabilizador durante muchas semanas y el Dow Jones se queda ya muy lejos de los 21.000 puntos. Creo que tardará mucho en volver, aseguran en un gran bróker nacional.

El parte de damnificados en España es muy amplio. Los valores más castigados han sido los dos financieros con más intereses en el país. Santander sufrió este jueves una caída del 3,69% (aunque las pérdidas llegaron a superar el 5% en los momentos en los que más papel salió al mercado) que es la más importante en el cómputo de 2017. Y Mapfre cayó aún más (un 4,84%) en una demostración del respeto que infunde la situación en Brasil. Pero hay otros elementos de mercado que explican esta caída.

“Los problemas en Brasil y en Estados Unidos llegan con las cotizaciones de muchas empresas del Ibex en máximos del año o históricos. Quien necesitaba una buena excusa para realizar beneficios la tiene, y es bien voluminosa. Para muchos inversores profesionales ha llegado el momento de recoger plusvalías y, si es posible, recomprar a precios más bajos si la corrección continúa”, señala un gestor de una entidad internacional.

Los expertos coinciden en que tanto los problemas en Brasil como en Estados Unidos son difíciles de acotar, porque es muy difícil prever qué consecuencias reales pueden tener los episodios de debilidad de sus dos presidentes. Lo cierto es que los mercados se han topado de bruces con la corrección que muchos analistas vaticinaban después de un primer tercio de año casi perfecto en las bolsas europeas, con algunas de ellas como la británica en máximos históricos.

En menor medida que Telefónica y Mapfre, otras empresas del Ibex como Telefónica, Indra, DIA e Iberdrola han acusado el golpe brasileño. Un impacto mitigado en el caso de la operadora por un informe positivo de Goldman Sachs, que recomienda comprar sus acciones. Y fuera del Ibex, Prosegur y su filial Prosegur Cash también han recibido el golpe con importantes caídas, que en el continente europeo se han extendido a otras compañías de primer nivel como Telecom Italia o Carrefour.

La inesperada explosión de la crisis brasileña está llenando de ganancias a los inversores bajistas que en los últimos días habían cargado contra empresas como DIA o, especialmente contra el sector financiero, al que consideran sobrevalorado tras el gran rally de los cuatro primeros meses del año. En pleno transcurso de un mes tradicionalmente bajista como mayo, el Ibex ya tiene su gran cisne negro. Su duración, imprevisible, es la gran incógnita ahora.

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