Cerrar las siete cen­trales en ex­plo­ta­ción obli­garía a más in­ver­siones en re­no­va­bles y dis­pa­raría las ta­rifas

Los impuestos a las nucleares cuestionan la viabilidad de esta energía en España

Iberdrola y Endesa re­claman un nuevo marco re­gu­la­torio al Gobierno para ase­gurar su fu­turo

almaraz
Central nuclear de Almaraz.

El de­bate de la energía nu­clear en España está abierto. La pe­ti­ción del pre­si­dente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, a Endesa que se una a su pe­ti­ción de ce­rrar Garoña, ha pro­vo­cado que se re­abra el de­bate sobre el fu­turo de las nu­cleares es­paño­las. Las dos ma­yores eléc­tricas de­fienden pos­turas un tanto di­ver­gentes aunque coin­ciden en lo esen­cial: las cen­trales ató­micas so­portan una ex­ce­siva fis­ca­lidad por lo que se re­quiere una nueva re­gu­la­ción.

Los excesivos impuestos que pagan las nucleares, determinadas presiones políticas para el abandono de la energía atómica y el caso de Alemania de cerrar sus instalaciones son elementos de cultivo para que el fantasma sobre el futuro de los siete grupos que funcionan en el país -Garoña está pendiente si se abre o no- haya vuelto a reaparecer. La presión al Gobierno y al ministro de Energía, Álvaro Nadal, no llega esta vez desde las fuerzas sociales y la opinión pública sino de las propias compañías eléctricas.

El sector eléctrico quiere que se estudie a fondo el actual marco regulatorio y se revisen todas las cargas fiscales que soporta la generación nuclear. De cada euro que las eléctricas ingresan por las nucleares la mitad revierte al Estado, a las autonomías que albergan centrales nucleares y a los ayuntamientos. El otro 50% se lo llevan las compañías eléctricas -Endesa, Iberdrola, Gas Natural Fenosa y EDP-, propietarias de las centrales españolas.

En este punto, de que se revise la carga impositiva de dichas instalaciones son coincidentes tanto Iberdrola y Endesa, pero no lo son tanto sobre su viabilidad futura y alargamiento de la vida útil de las mismas. Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, sostiene que, con estas cargas, la nuclear no es en absoluto rentable, por lo que se cuestiona si pedir, cuando llegue el momento, ampliar los plazos para seguir explotando las centrales en las que participa accionarialmente -Almaraz I, Almaraz II, Ascó II, Garoña, Trillo y Vandellós II-, o solicitar su paralización.

Endesa, a favor de ampliar la vida útil

El posicionamiento, en cambio, de Endesa no es tan radical. La postura de su presidente, Borja Prado, y de su equipo directivo es que se amplíen los plazos de explotación de las nucleares españolas y, por tanto, defienden una apuesta clara por ampliar la vida útil de dichas instalaciones.

La opinión de Endesa es que, primero, debe posicionarse el Gobierno sobre lo que quiere hacer con la central de Garoña y, después, ver lo que opina sobre el futuro del resto de las centrales. Fuentes de Endesa sostienen que, todas las inversiones que haya que realizar para alargar la vida útil de una central son amortizables siempre que el Gobierno cambie las reglas de juego.

Por otro lado, tras el accidente de Fukushima todos los grupos nucleares tuvieron que introducir una serie de modificaciones en cuestiones de seguridad de la explotación. Por tanto, muchas de las inversiones están ya realizadas.

Alemania, un mal precedente para las empresas

El planteamiento de la eléctrica es que, siempre es mejor dejar de perder que cerrar. Su visión en este aspecto, es que es preferible ver el vaso medio lleno a verlo totalmente vacío, y que lo que hay que buscar es una solución al problema. La impresión que se tiene en Endesa es que la solución que adoptó el Gobierno alemán de Angela Merkel de cerrar el parque nuclear no fue del todo correcta, ya que ha conducido a que algunas compañías como E.ON estén con graves problemas económicos y fuertes pérdidas.

Precisamente, la eléctrica alemana ha tenido que hacer una ampliación de capital de casi 1.400 millones de euros para fortalecer su balance por las pérdidas netas atribuidas -unos 8.450 millones de euros- que registró el ejercicio pasado, lo que supone un incremento del 20,7% respecto a 2015. “La separación de los activos de generación reagrupados en una nueva compañía (Uniper) y la financiación del almacén de residuos nucleares, han dejado profundas marcas en nuestro balance”, ha declarado el presidente de la compañía, Johannes Teyssen.

Según Teyssen, la práctica totalidad de las pérdidas de E.ON se atribuyen al cambio que ha sufrido la empresa al tener que reagrupar los activos segregados y tener que financiar un almacén de residuos nucleares tras la decisión del Ejecutivo alemán de suprimir paulatinamente la energía nuclear.

Un 40% nuclear y carbón

Es decir, el posible cierre de las nucleares españolas no sería tarea fácil y sí muy complicada de articular. Para empezar, la estructura de la generación eléctrica en España en 2015 fue la siguiente: un 34,8% renovables; nuclear un 20,6%; carbón un 19,6%; gas natural 18,4%; productos petrolíferos un 5,5%; generación de bombeo un 1,2% y otros un 0,5 %.

Por tanto, actualmente es poco menos que imposible pensar en no contar con las centrales nucleares. Si a ello se une el hecho que está previsto que también se cierren las centrales de carbón, es prácticamente inimaginable cómo puede sostenerse el sistema eléctrico con sólo generación renovable y gas natural. Actualmente, la generación nuclear y el carbón suponen el 40%.

Ahora bien, será necesario cambiar la regulación y que eléctricas y Ministerio de Energía pacten una nueva fiscalidad para las nucleares. Un nuevo parón nuclear dispararía las tarifas eléctricas en España porque se necesitarían realizar unas inversiones muy fuertes en renovables para lo que el país no está preparado. En ese caso, los consumidores saldrían gravemente perjudicados.

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