POLÍTICA NACIONAL

La sentencia del TC contra Mas desbarata los cálculos de Convergència

Junqueras exige que sea el’­go­vern’ en pleno quien con­voque el re­fe­réndum de in­de­pen­dencia

Manifestaciones en  Cataluña
Manifestaciones en Cataluña

La re­ciente sen­tencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que in­ha­bi­lita a Artur Mas y a dos de sus con­se­lle­ras, ha pro­du­cido dos efec­tos: uno in­me­diato, de nu­me­rosas lla­madas a la mo­vi­li­za­ción para ace­lerar el lla­mado ‘procés’ de in­de­pen­den­cia, y otro más de­mo­rado para que los li­de­razgos de los par­tidos pon­deren las con­se­cuen­cias po­lí­ticas de la in­ha­bi­li­ta­ción de Mas, ya que frustra sus ex­pec­ta­tivas de que pueda ser el pró­ximo can­di­dato a la pre­si­dencia de la Generalidad.

Muestra del primer efecto son los preparativos para formar una Assemblea d’Electes de Catalunya, que funcionaría como una junta de gobierno en el caso de que se produzcan más inhabilitaciones de cargos del ‘govern’ o del ‘parlament’, o si el gobierno invoca el art. 155 de la Constitución, para obligar a las autoridades catalanas a cumplir las leyes del estado.

Esta moción fue lanzada formalmente, el pasado 11 de marzo, por la principal organización de masas del independentismo, la Assemblea Nacional Catalana (ANC), una de las bases de apoyo más importantes de Mas. El plan diseña una campaña en pro de la declaración unilateral de independencia (DUI), en los supuestos arriba mencionados. La moción cuenta con el apoyo de la Associaciò de Municipis de Catalunya (AMI) y sus numerosos apoyos sociales. El fin es instar al ‘parlament’ a que proclame la independencia como respuesta al gobierno central. En el caso de imposibilidad de la vía parlamentaria, el poder soberano pasaría a una Assemblea d’Electes de Catalunya, algo que, desde opiniones neutrales ante el ‘procés’, no es visto sino como una Junta Insurreccional.

Esa sería, hoy por hoy, la dinámica en que Artur Mas podría intentar recuperar el liderazgo indudable que ejerció hasta finales del 2015 sobre el movimiento independentista, y que perdió al exigir la fuerza antisistema CUP que no fuese candidato a la presidencia de la Generalidad a raíz de las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de ese año. Actualmente, Mas se ve limitado a luchar por mantenerse en el primer plano de la actividad política mediante una ardiente militancia en las campañas por la independencia, ejerciendo sobre sus seguidores solo una autoridad moral, sin peso ni influencia efectiva. Y ello porque el equipo de colaboradores de Mas que hoy ocupan altos cargos dentro del ‘govern’ temen por su futuro político personal.

En efecto, si se unen al proyecto de DUI, dan por seguro que la respuesta del gobierno sería inhabilitarlos por vía judicial para ejercer cargo público. Si en lugar de convocar el referéndum aprobasen la llamada ley de Transitoriedad Jurídica, el efecto previsiblemente sería el mismo.

El líder de Esquerra Republicana y vicepresidente de la Generalidad, Oriol Junqueras, sería beneficiario de la inhabilitación de Mas, en el caso de que no pudiese convocarse o celebrarse el prometido referéndum.

Mas, que ya lo ha perdido todo, tiene todo por ganar si se une a la ola de desobediencia que recorre amplios sectores de la sociedad catalana. Su PDECat se encuentra en una coyuntura muy difícil. El partido corre el riesgo de ser sobrepasado por Esquerra, consagrando una nueva hegemonía social en Cataluña, más ligada a las clases medias y media-bajas, en detrimento de los sectores burgueses y de negocios ligados al poder, cuya figura dominante fue durante muchos años Jordi Pujol, con un Mas como heredero de su legado político y social.

Pero Esquerra no dejará que los consejeros procedentes del PDECat se zafen del desafío independentista. Oriol Junqueras exigió la pasada semana que todos los miembros del ‘govern’ se comprometan a firmar la DUI. Es un desafío a que sus socios de gobierno apuesten por el todo o nada, anulando la ambigüedad que la antigua Convergència mantiene desde hace años, que le permitía gozar del poder al tiempo que trataba (y trata) de cabalgar la ola del independentismo, desatada hace cinco años por Mas.

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