Monitor de Latinoamérica

Lanza un plan de con­ce­siones en in­fra­es­truc­tura de 14.500 mi­llones de dó­lares

Brasil: más inversión para dejar atrás la crisis

El gi­gante re­gional suma dos años de re­ce­sión, pero atisba luz al final del túnel

Billetes y monedas brasileñas
Brasil relanza la inversión.

Brasil re­curre a un plan de in­ver­sión para im­pulsar la ac­ti­vidad y tratar de dejar atrás la mayor crisis su­frida en 86 años, con la con­fir­ma­ción de que suma ya dos años en re­ce­sión. El pre­si­dente, Michel Temer ha puesto en marcha un plan de nueva in­ver­sión en ener­gía, trans­porte y sa­nidad con la meta ayudar a que el país re­cobre el atrac­tivo para el ca­pital ex­te­rior y ge­nerar 20.000 em­pleos en un mo­mento en el que el paro toca má­ximos his­tó­ri­cos.

Brasil lanzó la pasada semana un programa de concesiones de infraestructura con el que el Gobierno espera recaudar unos 14.430 millones de dólares en inversión para construcción de autopistas, terminales portuarias, transporte ferroviario y líneas eléctricas. “Se trata de un plan crucial para restaurar el atractivo de Brasil como un mercado apto para los negocios”, destacó el presidente Temer durante el lanzamiento de la entidad Programa de Alianzas e Inversiones (PPI), que supervisará la licitación de concesiones y que contempla 55 proyectos dentro del ámbito de las asociaciones público-privadas.

El Gobierno, que coordina el PPI, ha señalado que se propondrán 34 concesiones en transmisión de energía; se anticipará la renovación de cinco concesiones ferroviarias a cambio de compromisos en inversión y se acometerán concesiones para nuevas áreas en los puertos de Santana, Itaqui y Paranagua, además de extender contratos en Santos, Vila do Conde y Niteroi.

Brasil vive aún bajo los efectos de un doble choque, el económico (que le ha llevado a la peor recesión de su historia) y el político (vinculado a la destitución de la presidenta Rousseff), acompañado de graves escándalos de corrupción en los ámbitos estatal y privado que han mermado la confianza en el país. Los casos Petrobras y Oderbrecht siguen castigando la economía y han salpicado a países del área en los que operaba la constructora. El anuncio del plan se produce en un momento en el que Brasil confirma dos años de recesión al mismo tiempo que parece encaminarse a la salida de la misma, si bien con solo un tenue crecimiento. La Cepal pronostica que el país tendrá en 2017 un débil avance del 0,4% tras ver caer el PIB el 3,8% en 2015 y el 3,6% en 2016. La cifra está alineada con las previsiones de los analistas privados, que otean un crecimiento del 0,49% este año y del 2,39% para 2018.

Aunque Temer quiere ser optimista y ha señalado que el país “está dejando atrás una profunda recesión y entra en una fase de prosperidad donde la inversión privada será decisiva”, los últimos datos conocidos no acompañan, ya que se produjo un agravamiento de la situación a fines de 2016. E incluso el FMI, pese a anticipar el retorno a la senda del crecimiento, se mostraba en febrero cauto sobre la recuperación. “La economía encara aún una situación desafiante” y el alto paro y la elevada deuda del sector privado siguen siendo un freno, según el Fondo, que prevé un avance del PIB del 0,2 % en 2017.

La semana pasada el IBGE confirmó que el PIB cayó el 3,6% en 2016, con pérdidas en todos los sectores productivos, lo que marca la peor racha del gigante desde la década de 1930. Esta mala racha que ha llevado al país a sumar ocho trimestres consecutivos de caída del PIB viene acompañada de un alto nivel de inflación (cerró el año pasado en el 6,29%, dentro del límite máximo), de un elevado déficit fiscal y de un ritmo de destrucción de empleo nunca antes visto en el país, si bien ya se avanza que el IPC bajará al 4,36% en 2017. El paro, uno de los grandes problemas que gravita sobre la recuperación, alcanzó en el trimestre que concluyó en enero en el 12,6%, la tasa más alta desde que en 2012, se cambió la forma de medirlo. Actualmente hay censadas de 12,9 millones de personas buscando empleo, cifra récord.

Según el IBGE, el consumo familiar, uno de los motores económicos, cayó el 4,2% en 2016, año en el que hubo un nuevo debilitamiento de la demanda privada. El sector agropecuario cayó el 6,6%; el industrial el 3,8% y el de servicios el 2,7%. La construcción se desfondó el 5,2%; la industria extractiva mineral reculó el 2,9% y el comercio retrocedió el 6,3%. En el ámbito exterior, las importaciones bajaron el 10,3% y las exportaciones crecieron el 1,9%.

Temer, que asumió la Presidencia en 2016 tras la destitución de Rousseff, heredó una situación complicada, debida a los coletazos del final de boom de las materias primas, la recesión, la alta inflación y el déficit. El presidente, que aprobó una reforma que limita el alza del gasto a cero, y que está contando con el apoyo de un banco central que recuperó la meta de inflación (4,5% con margen al alza o a la baja de 1,5 puntos) y ha comenzado a bajar los intereses, afronta una caída en picado de la confianza de consumidores y empresarios.

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