La sa­lida del país árabe del mer­cado de pro­duc­ción ele­varía el precio del crudo

Repsol, beneficiado directo de una posible ruptura entre Irán y Estados Unidos

La pe­tro­lera roza los ni­veles de pro­duc­ción fi­jados en su plan quin­quenal 2015-2020

petroleras
Repsol.

Estados Unidos ha tar­dado muy poco en virar su rumbo con Donald Trump en la pre­si­den­cia. Y ha creado ten­siones en todos los fren­tes. Es el caso de Irán que, tras ha­berse apa­ci­guado las aguas en la era Obama, po­dría ter­minar con una rup­tura y un nin­guneo hacia el país árabe en los mer­cados in­ter­na­cio­na­les. Eso po­dría be­ne­fi­ciar a las pe­tro­le­ras, puesto que po­dría re­du­cirse el nivel de pro­duc­ción mun­dial, con lo que los pre­cios del pe­tróleo ten­drían re­co­rrido más allá de los 60 dó­lares el ba­rril.

Lo que parece claro es que el nuevo inquilino del despacho oval va en serio. Y es que el país norteamericano el pasado viernes impuso nuevas sanciones a Irán, como contestación a la última prueba con un misil balístico durante la pasada semana por parte del país asiático. Estas sanciones, que afectarían a 12 empresas y 13 personas, no tendrían repercusiones por lo pronto en el pacto firmado entre la administración estadounidense anterior y Teherán, pero sí echan más leña a la hoguera.

Tanto es así que el propio Trump a través de su cuenta Twitter, altavoz con el que enlaza con la ciudadanía de su país, avisó que Irán “está jugando con fuego”. Justo cuando hace pocos días ya anticipó que no descarta “ninguna opción en relación de Irán”, por lo que su salida de los mercados internacionales ganaría más papeletas. Más aun cuando el nuevo equipo de gobierno ya adelantó en campaña su interés de que Estados Unidos se autoabastecera a través energías convencionales, como el petróleo y el carbón.

Es aquí donde entra en juego el papel de las compañías petroleras, que podrían ser unas de las más beneficiadas ante este escenario de confusión geopolítica. Principalmente porque si las tensiones acaban con el abandono de Irán del suministro de petróleo en los mercados globales, se recortarían los niveles de producción.

Estos niveles, que ya de por sí son reducidos tras el acuerdo de los miembros de OPEP y no OPEP antes de que finalizara el 2016, se verían aún más menguados con el posible veto a Irán. Algo que, de ser así, empujaría los precios al alza, con lo que las empresas relacionadas con el crudo verían sus márgenes impulsados y, por ende, su rentabilidad.

James Williams, economista de energía en WTRG Economía, señalaba recientemente en Reuters que estos últimos movimientos diplomáticos son un “acontecimiento para el mercado del petróleo”, aunque por lo pronto “no tiene la suficiente consistencia como para afectar enormemente a los precios del oro negro”.

Sin embargo, lo que sí ya descuente Neil Atkinson, jefe de la industria petrolera y división de mercado de la AIE, indicaba que “es bastante factible que el petróleo se mueva entre los 63 y 65 dólares el barril principalmente porque los productores de la OPEP no quieren un crudo barato como ya se vio en el pasado”. La marcha de Irán lo que podría hacer sería incrementar este proceso."

Repsol vigila el proceso

Sin lugar a dudas una de las compañías que miran con especial atención lo que sucede en los entresijos del mercado del oro negro es Repsol. La firma que dirige Antonio Brufau fijó en su plan estratégico presentado en 2015 que si el Brent se situaba por encima de los 50 dólares el barril su negocio comenzaba a ser rentable. Por eso, esta circunstancia le afectaría desde el terreno positivo.

Dentro de la ruta programática de la petrolera española se encontraba la de rentabilizar un negocio durante el próximo lustro. Un negocio que, en 2015, reflejó pérdidas de 1.227 millones de euros por el impacto de la adquisición de la canadiense Talsiman.

Este año, se estima un beneficio anual por parte del consenso de mercado de 1.532 millones de euros. Aunque ya sería de cara a los números de este año a cuando sus ganancias podrían ascender hasta los 1.900 millones de euros, según estos mismos datos, debido precisamente a esa estabilidad del crudo. También, los ingresos podrían llegar a los 36.990 millones de euros el pasado año y a 43.109 este ejercicio. Un salto cuantitativo importante.

Lo que sí se ha constatado en los últimos doce meses es el ánimo que ha supuesto la compañía para los inversores. De hecho, sus títulos han conseguido repuntar más de un 73% desde el suelo que marcó en los 8 dólares. Así, esta tónica podría tener continuidad aún más alcista si los precios del petróleo aún acaparan más revalorizaciones.

La producción aún no despunta

Por el contrario, Repsol, según los últimos datos remitidos a la CNMV aún no produce la cantidad de barriles estipulados dentro de su plan estratégico. Durante el cuarto trimestre del año pasado produjo un 1,2% más que en el tercero, aunque un 2,6% menos que en el mismo periodo el ejercicio anterior.

El grupo español logró una producción de 679.000 barriles equivalentes de petróleo en el último trimestre de 2016. Cifras que suponen hasta 21.000 barriles menos diarios que los fijados en su plan quinquenal de hasta 700.000 barriles, tal y como indican las estimaciones comunicadas al regulador. Con todo, un cambio de esquema siempre podría aupar a sus aspiraciones.

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