Se trata del juicio más me­diá­tico pero el menos le­sivo para la si­tua­ción de la en­tidad

A Miguel Blesa le salen baratos sus desmanes en Caja Madrid

La pena de cárcel al ex pre­si­dente amigo de Aznar y a Rato por las 'black' re­afirma la sos­pecha sobre las cajas

Rodrigo Rato y Blesa
Rodrigo Rato y Miguel Blesa

La con­dena a cárcel por las tar­jetas 'black" para el que fuera pre­si­dente de Caja Madrid, Miguel Blesa, y para su su­cesor y luego pre­si­dente de Bankia, Rodrigo Rato (de 6 y 4,5 años), se podrá con­si­derar ejem­pla­ri­zante, aunque tal vez no tanto si se mira a los Tribunales de Palma de Mallorca y la li­bertad sin fianza para Iñaki Urdangarin. Eso sí, no se trata del caso más grave para am­bos, aunque sí el más me­diá­tico por la im­pli­ca­ción de todos los par­ti­dos, sin­di­catos y em­pre­sa­rios. Blesa, de mo­mento, se ha li­brado de un aná­lisis ex­haus­tivo de su sos­pe­chosa ges­tión al frente de la en­tidad en la que le co­locó José María Aznar.

Pena de prisión para todos los que se favorecieron de las polémicas tarjetas 'black' tanto de la época de Caja Madrid, con Miguel Blesa, como ya en la de Bankia, con Rodrigo Rato, una vez que había tomado el testigo de la entidad madrileña y embarcarse en la enorme fusión de cajas de ahorros en pleno proceso de reestructuración del sector.

Más allá de que los condenados pisen o no la cárcel (Blesa ya lo hizo, pero por casos distintos al ahora juzgado por la Audiencia Nacional), con el correspondiente recurso al Tribunal Supremo que ya se baraja por parte de algunos de ellos, pone más de manifiesto las dudas sobre cómo se gestionaron las antiguas cajas de ahorros en los últimos tiempos.

Tanto el Banco de España como el propio Congreso de los Diputados, mediante una comisión de investigación, pretenden ahora poner algo de luz en unos años aciagos para unas entidades que se habían creado con una vocación de fin social y que se vieron contaminadas, aunque no en todos los casos, por una politización excesiva, incluso con la presencia de algunos altos cargos o arrimados a los mandamases de turno en sus máximos órganos de gobierno.

El caso de las tarjetas 'black' puede ser el más mediático de los juzgados hasta el momento, aunque no el más lesivo para el patrimonio y estabilidad de una entidad (Caja Madrid o luego Bankia) que pasó por unas dificultades aún mayores. Tanto Miguel Blesa como Rodrigo Rato aún tienen varias causas pendientes (entre ellas, la colocación en bolsa de la creada Bankia) mucho más espinosas que el caso ahora juzgado.

Eso sí, el uso de las tarjetas 'black' por los entonces beneficiados y ahora condenados pone en evidencia cómo los intereses de cada uno primaban por encima de las diferencias políticas y aún mucho más lejos de los intereses verdaderos de uno de los grandes grupos financieros, ya por aquel entonces, del sector financiero español.

Ahora, investigar

Tanto el Banco de España, al que muchos no restan algún grado de responsabilidad en todo lo ocurrido con la situación de las cajas de ahorros, o el Congreso de los Diputados, que salvo en el caso de las formaciones nuevas que han emergido no estuvieron en su momento en el reparto del pastel, parecen ahora dispuestos a poner algo de luz sobre cómo se gestionó toda la crisis financiera y, sobre todo, la de las cajas de ahorros.

Algunos recuerdan ahora el viejo dicho de "a buenas horas, mangas verdes", después de que muchos mirasen hacia otro lado en los tiempos de vino y rosas, o incluso con la ocultación de lo que se cocía en más de alguna entidad en esos momentos. Y esa responsabilidad no recae tan sólo en los políticos, sino que alcanza a los sindicalistas y empresarios que se beneficiaron de las ahora polémicas tarjetas.

Cualquiera puede comprobar la familia a la que pertenecían cada uno de los condenados, en mayor o menor grado, por el uso considerado ahora fraudulento de las dichosas tarjetas de representación o "de complemento retributivo", si se consulta la sentencia de la Audiencia Nacional.

Blesa y Rato llevan el punto de mira de la Justicia desde hace ya tiempo y no sólo por el caso del que ahora se ha conocido la sentencia por el uso de las tarjetas opacas. Sobre algunos otros responsables de las antiguas cajas de ahorros (CCM, cajas gallegas o CAM) también ha habido ya algunas sentencias.

Eso sí en el circo romano que se ha generado en torno al sector financiero, o al menos el más ligado a las cajas de ahorros reconvertidas por imperativo legal en bancos, varios son los que aún reclaman sangre o, al menos, justicia. Y ahí no escapan los bancos de toda la vida, con las cláusulas suelo, los gastos de formalización de hipotecas, las multidivisas y un largo etcétera. La pesadilla continúa.

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