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Iniciativa hispana: ¿dónde van a comer los norteamericanos hoy, el 'Día Sin Inmigrantes'?

Convocatoria bi­lingüe in­glé­s-es­pañol: ‘Señor Presidente, sin no­so­tros y sin nuestro aporte este país se pa­ra­liza. Corre la voz’

La con­vo­ca­toria va di­ri­gida a ‘indocumentados, re­si­den­tes, ciu­da­da­nos, in­mi­grantes de todo el mun­do’. Y pro­pone nada más y nada menos que lo si­guiente: ‘No ir a tra­ba­jar, no abrir nues­tros ne­go­cios, no com­prar en tiendas o por in­ter­net, no comer en res­tau­ran­tes, no com­prar ga­so­lina, no ir a cla­ses, no mandar a nues­tros hijos a la es­cue­la’. A lo largo y ancho de EEUU, los mi­llones y mi­llones de in­mi­grantes le­gales o in­do­cu­men­tados llaman a un boi­cot.

Fecha: hoy, jueves, 16 de febrero. No es personalmente contra Trump. Más bien, contra la xenofobia que representa. La que exhibió durante toda la campaña electoral. La que ha puesto en marcha desde que ha llegado a la Casa Blanca con sus órdenes de prohibir la entrada de inmigrantes de determinados países y de hacer redada de sin papeles.

Para él será un problema menor con todo lo que le está cayendo encima: dimisión de su asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn; renuncia de Andrew Puzder ante la imposibilidad de aunar apoyos para ser secretario de Trabajo; nuevo escándalo por los vínculos de otros miembros de su equipo con el espionaje ruso; su torpe reacción contra sus propios servicios de inteligencia, a los que acusa por un lado de inventarse la colusión con Rusia y por otro de filtrar documentos reservados…

Este mismo jueves, un periódico amigo y otro al que considera abiertamente hostil le vuelven a poner en un brete. El hostil, The New York Times, informa en primera plana de los planes de Trump de nombrar una especie de ‘inspector general’ de las agencias de inteligencia. Está tan harto y desconfía tanto de los suyos que está pensando en pedirle que ocupe el puesto a otro multimillonario, Stephen Feinberg, fundador del fondo Cerberus.

Y el diario supuestamente amigo, The Wall Street Journal, le saluda también en primera plana con otra señal de desconfianza. Pero esta vez es al revés: las agencias de espionaje de EEUU no se fían de él y le están ocultando información por miedo a que se filtre y pase cualquier cosa.

En este ambiente de sospechas y crispación, el movimiento del Día Sin Inmigrantes cataliza la frustración de una población que aporta mucho más de lo que muchos creen a la economía de EEUU. Para empezar, millón y medio de inmigrantes, en gran medida ilegales, trabajan a diario en restaurantes, cafés y establecimientos de comida rápida. Si se cuentan los que trabajan en la cadena alimenticia, desde los campos agrícolas a los camiones de transporte y líneas de manipulación y envasado, el número de trabajadores supera los 12 millones.

A los inmigrantes sin papeles se les paga menos, y por eso es difícil encontrar en el país un restaurante donde no haya un camarero o un cocinero mexicano, o centroamericano, o más al sur. O asiático y de otras latitudes. De ahí que el Día Sin Inmigrantes haya calado en particular en el mundo de la restauración.

Así saluda esta jornada el famoso chef asturiano José Andrés, quien además tiene un par de demandas pendientes con Trump por asuntos de negocios: ‘En apoyo de nuestro pueblo y de Un Día Sin Inmigrantes, no abriremos el restaurante Jaleo’ y otros cuatro que tiene en Washington. También cierra, entre otros muchos, Cristina Martínez, dueña con su marido de El Compadre, en Filadelfia. Ella es ilegal pese a estar casada con un ciudadano norteamericano, Benjamin Miller. No puede conseguir la ansiada ‘carta verde’ para poder trabajar.

Otros establecimientos que echan el cierre para dar a entender la importancia de la in inmigración tienen nombres familiares: tiendas de Abarrotes, Carnicería y Frutas y Verduras; Panadería San Miguel; La Poblanita; Mi Boleto; Taquería La Hacienda; La Mexicana…

Irónicamente, o como señal anticipada del papel que juegan los inmigrantes, Puzder tuvo que renunciar al cargo que le ofreció Trump al ver que no iba a pasar el filtro del Senado. Es que como CEO de la cadena de restaurantes CKE fue acusado de negarse a proteger a los trabajadores, de favorecer la menor paga a los ilegales y por tanto de fomentar su contratación, de oponerse a la legislación sobre salario mínimo, de hacer todo lo posible para evitar que sus trabajadores se afiliaran a un sindicato…

Total, una joya de empresario. ¿En qué estaría pensando Trump cuando pensó en él precisamente para ser secretario de Trabajo?

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